Archive for the '*CRÓNICAS DEL VIENTO' Category

06
Feb
11

CARCASSONNE: EL VIAJE CIRCULAR

CARCASSONNE: EL VIAJE CIRCULAR
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

En el verano del 97 me fui de aventuras por Francia, era un hecho al azar volver por segunda vez al Castillo de Carcassonne. —regresé por tercera vez el año 2001— .Aunque tuviera los puntos en el mapa a donde debíamos llegar, Carcassonne estaba fuera de las probabilidades. Mi compañero de viajes F* y yo nos turnábamos al volante, de modo que así nos aliviábamos del cansancio de un viaje siempre fascinante y motivador.

Inadvertidamente y oyendo en el mp3 “Las Mejores 40 Canciones de Aznavour”, llegamos de día al precioso Castillo de Carcassonne, amurallado según se dice por los romanos por el año 100 a de C. y quienes lo fortificaron en la cima de una colina muy alta, más tarde los visigodos construyeron más fortificaciones. Está apenas a unas 3 horas de la ciudad condal, Barcelona y a unos 276 kilómetros de casa. Me fascinó ver el gris azulino de las cúpulas imponentes y bellamente conservadas de sus torres, igual que la primera vez y desde ese momento amé el misterio oculto y espectacular del mundo medieval, mi mente era un torbellino de emociones, tenía ansiedad por perderme en su mítico encanto seductor. Si tras los viajes yo llevaba el instinto de perderme a mi misma, esta vez lo conseguí.

Desde el puente del río Aude contiguo a la ciudad moderna de Carcasonne, recuerdo le hice la primera foto que aún conservo más en la memoria que en el papel de entonces, mientras mi compañero de viaje se sentó en el muro empedrado del puente, aguardando disparara con la cámara desde el ángulo más correcto. Esta vez no hicimos fotos,  aparcamos delante y buscamos el portón.

A la entrada del gran Château, había una multitud de personas y me fijé en aquel saltimbanqui con aspecto de faquir, que lanzaba unas bolas hacia arriba haciendo malabarismos pretenciosos y exactos sin que cayera ninguna, era el efecto de la vida moderna y una manera actual de mendicidad, porque la gente le ponía monedas por el divertimento cada vez más arriesgado, al pasar por esa gran entrada. Pero mi emoción por descubrir el Carcassonne era singular y pasamos olvidándolo casi todo.

El Gran fortín de la cité, antiguo, de doble amurallamiento contiene en su interior la magia y la vida de otra ciudadela vibrante de actualidad, con sus tiendas de souvenirs, sus restaurantes, sus hoteles y toda clase de comercios imaginables en cualquier ciudad francesa de hoy, mercados de flores y frutos al paso, tanto que por ratos llegábamos a olvidar que estábamos recorriendo las calles interiores del Carcassonne. A veces deseando recuperar el antiguo encanto medieval, salíamos y nos retirábamos hacia extramuros de la ciudadela moderna, en busca de aquellas almenas y perseguíamos en largos paseos lo añejo, lo imaginado; y tocando esa concéntrica estructura pétrea, intenté tener por unos instantes el poder de la dermóptica en las manos, y cerrando los ojos apenas fui capaz de imaginar la aparición de algún caballero medieval con armadura o alguna damisela con su traje de época, la ceñuda testuz de algún guerrero, reflejada en sus gritos de guerra: ¡¡Voilà, tirez sur les ennemis!!,  o los amores y los celos que despertaba alguna cortesana ligerita de cascos entre las murallas del Castillo. En su densidad granítica y muda se esconderían historias singulares y pasadas que llenarían algunos libros y mentes caballerescas de febriles e intrincados laberintos…De pronto cuando creía haberme aislado lo suficiente como para ejercitar la reflexión en estas cuestiones, apareció F* muy risueño por allí, que andaba ex profeso perdido como yo, acariciando seguramente sus particulares historietas del medio evo, anticipándose a la guerra o avistando a enemigos desde las almenas.

Era verano y apretaba un gran calor de los de antes del gran cambio climático, aún soportables, aunque realizar ese recorrido es arduo y excitante, por la cantidad de personas que siempre visitan el gran castillo de Carcassonne, es como una gran marea humana, turistas de todas partes de Europa y el mundo, subiendo o bajando calles, tiendas atestadas y un fluir constante de viandantes, las terrazas llenas de comensales deleitándose con la música de algún organillero advenedizo, en espera de unos francos saltarines, mientras suena, el clásico e inconfundible: “Sous le ciel de París” llenando el ambiente de un francófono subido. Por suerte, al medio día, antes de tomar los hábitos y la rigidez de los veganos vegetarianos, pude disfrutar de La Cassoulet, plato típico de la región de Langedoc y media Pirineos…De la mano de un sommelier degustamos los vinos más nobles de la región, que se elaboran en Cobardes, Fitou, Corbières, Minervois y Limoux. Y desde  la chapel , ennegrecida por el tiempo, dos gárgolas colgadas en la cima, parecían entonar las letanías del tiempo y de la vida ida.

Antes de ingresar a la Basílica de Saint Nazaire Celso, nombre por demás tan familiar por pertenecer a mi abuelo materno, fuimos a hacer unas cuantas compras para llevarnos recuerdos de Carcassonne. Fue recorrer tiendas e ir escogiendo el adorno más chulo y simbólico para el salón de casa, adorno que aún subsiste pese a las mascotas que se pasean por cualquier rincón de la casa, jugando, persiguiéndose o haciendo gamberradas.

Fue un gran frescor ingresar a la Basílica de Saint Nazaire Celso, porque sus gruesos muros de piedra daban una sensación de alivio que contrastaba con el tórrido e inclemente calor estival que se sentía afuera, de paso nos sirvió de excusa para asistir a la misa que se celebraba en ese momento.

Más tarde relacioné cosas de ese viaje. Ya estando en la bella ciudad mediterránea de Marsella, fue el calor veraniego el que nos llevó a cobijarnos nuevamente en la Iglesia Catedral, cerca al barrio de la Joliette, Boulevard de Dunkerque, que mira hacia ese mar marsellés tan azul y tan bello, donde se rescataron indicios de los restos del avión y autor de “El Principito”, Antoine de Saint Exupery. Fue allí donde urgidos por el fuerte calor estival oímos misa también. Un sacerdote rubicundo lleno de un fervor enardecido predicaba en su francés más castizo y provenzal una y otra vez, La Charité, que parecía ser la palabra básica y central de su discurso, aguantamos el tirón pacientemente casi a las afueras porque estaba atestada de gente, al concluir esa misa, vimos con cierta sorpresa al mismo sacerdote rubicundo y sin quitarse la estola, salir hacia afuera a darse un baño de multitudes, donde la concurrencia estaba de pie, entonces inesperadamente salio una mujer de entre el gentío y alargándole una mano le pidió unas monedas para paliar su hambre y su sed, —en momentos previos todos contagiados por el pregón enardecido del sacerdote, habíamos dado unas monedas al pasar las monjas taciturnas e inocentes, alargando los sacos de la recolecta—, y oímos replicar al buen hijo de Dios, dueño de la palabra “charité”, decir con un gran cinismo increible: “D’Argent?. Je n’ais pas d’argent”. Entonces pensé que había tenido mucha suerte de oír el discurso del “buen samaritano” y que todas las religiones están tan podridas de hipocresía que daba vergüenza suponer que se pertenece a alguna porque nos bautizaron de pequeños en alguna. Como hilo conductor, un automatismo de mi memoria relacionó al clochard, malabarista y saltimbanqui de Carcassonne, intentando ganarse dignamente el pan, a fuerza de intrincados juegos, al organillero ingenioso y con oído musical, quien se jugaba el tipo por unos francos saltarines, porque el mundo de Dios había perdido la ilusión de soñar y de vivir entre los hombres.

Barcelona, 04 de febrero de 2011.
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23
Ene
11

LOS TRENES DEL DESEO

 

LOS TRENES DEL DESEO
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

No evocaré el libro de Tennessee Williams, las paranoias de Blanche Dubois y sus delirios de grandeza ni sus belles Rêves, por denotar a esos trenes que van pasando por nuestra vida mientras nos debatimos en los andenes de esas frías y concurridas estaciones, si abordarlos o dejarlos pasar. Iluminando con una repentina fugacidad casi cruel, nuestra conciencia y saber que existen momentos puntuales para deliberar con cierta presteza, que así llegan y se marchan raudamente las navidades, el último sabor del Dresndner Stollen, la memoria salpicada de luces multicolor de aquellos días de fiesta y comparsa, para después volver a transitar en el espacio tiempo, cargado de sombras y extensa gama de grises para ser invisibles otra ves, y quizás vivir en la realidad del blanco y negro.

Por todo eso, he descubierto algo de fascinación detrás de las “desapariciones”. Admiro al entrañable Doctor Pasavento, su libérrima determinación, sus abandonos deliberados y cuasi matizados de arte y truculencias evanescentes. Adoptaría gustosa la afición Voyeurista y revestida de sadismo del imperturbable Wakefield, auto-expulsado del universo, o del veterano en la vagancia: Molloy, personaje de Beckett; seres solitarios, felices transgresores de normas y espectadores de sí mismos o me alentaría el deseo de vivir en la figura inexistente y apasionante de Benno Von Archimboldi, del genial Bolaño.

Quizás todos sin saberlo o no, nos demos una importancia mínima al emular a un Dios, que nos enseñó mejor que nadie la ironía de los Dioses del Olimpo, el destino de lo perecedero y a curtirnos a menudo con los recuerdos y las cenizas de lo que fue. Rodrigo Fresán decía en un artículo lo siguiente: “UNO En el principio era el Verbo y el Verbo era desaparecer. Porque desaparecer ha sido el acto supremo y paradojal de un Dios en particular (que después nos mandó a su hijo para que aprendiera el oficio)”. En fin, que para eso al parecer nos nutrimos de bellezas y colores, que sin el conocimiento de los agujeros negros y los túneles del tiempo, nos sería imposible magnificar la luz y creer conocer los opuestos, los atisbos de aquella ilusión manida y la tal vez mal llamada: felicidad inconstante, que no es otra cosa que la antítesis de una misma realidad, el sucedáneo que pervive y vendrá a significar el todo.

Me despierto y mientras mis sueños aguardan otras primaveras,  me reconozco igualmente inconstante, a veces gris y otras poseedora de les belles rêves, me reconozco multicolor y florida y otras vulnerable y oscuramente hermética, signo incuestionable de que vivo y mi oxitócica requiere del amor para vivir, de las ilusiones y también de los sueños rotos y los fracasos, para saber que sufro y luego existo,  al modo de René Descartes, o para reconocer que tras las bellas ilusiones se esconde el trajinar de los trenes del deseo y debo abordar alguno con determinada precisión o fracasar en el intento.

Barcelona, 23 de enero del 2011

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20
Sep
10

MIS MOMENTOS BARTLEBY Y LA NADA

 

MIS MOMENTOS BARTLEBY Y LA NADA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

¿Qué es lo que no se ha dicho todavía?, era la pregunta que rondaba mi mente. Yo tenía al parecer una prisa implícita por terminar de contarlo, de reseñar los sucesos imprevistos y de alguna forma pertinaces, que asaltaban mi cabeza. Por otro lado, yo misma deseaba terminar para siempre el blog, desaparecerlo inadvertidamente, desligarme de lo que algún día fue, en cada post veía yo el final, trasladando quizás otros advenimientos de finales aún desconocidos, que rondaban mi vida…Era muy fácil dejarlo morir por falta de atención, por abandono, mirarlo de lejos y desde la perspectiva inanimada, insensible, aprender a prescindir de la manía de ir alimentándolo, poder despedirme de él sin tener que voltear siquiera a mirar lo que dejaba perderse en el ciberespacio, ni sentir un resquicio de nostalgia. Por otro lado, me preguntaba también para quienes ejercía yo este ejercicio inútil, para mi, para los otros o para los que sí sabía ansiaban saber de mi sólo por el blog, y mi existencia les era totalmente indiferente, pues los comprendo, se está mejor en el innegable anonimato y el silencio, como un Wakefield, espiando los sucesos de la vida de algún ser querido…Ahora, bien podía yo seguir bromeando hasta el infinito con el juego de las letras, podía yo mofarme eternamente, con las reminiscencias o los descubrimientos más cercanos al common sense…Por otro lado, allí estaba la eterna vorágine de las palabras, la perpetuidad constante del placer creador, también el inconcluso y casi enfermizo aborto de las ideas, en pos de la nada cotidiana, la suma de todos los arquetipos del No que parecían acompañar mi intemperancia, mi excesiva certeza en las desapariciones que se disgregan en el tiempo y nos dan cuenta de la fugacidad de las cosas, y hasta de lo poco originales que podemos ser.

Al tomarme el último gazpacho del verano, me asaltaron todavía más interrogantes sobre el tiempo y la vida, sobre mi necesidad de ponerme hacia el lado de la vida, mi intento de salvaguardar algunas vidas de inocentes animales, a quienes ocasionamos el lastre de la infelicidad y por quienes ni siquiera nos mueve un resquicio de compasión, vista así la existencia, me pareció inútil seguir alimentando un blog sin sentido, un blog para los hombres y el egoísmo de algunos intelectos poco humanos, entonces supe que mi pulsión heterodoxa iba encaminada hacía el imperativo del No. Estaba más cerca del Bartleby de Melville, cuya negación constante lo convierte en alguien desmotivado y capaz de revelarse contra todo lo establecido y admiré con más sentido que nunca lo que dijera Oscar Wilde: “Cuando no conocía la vida, escribía; ahora que conozco su significado, no tengo nada que escribir”… Sabiduría de la madurez y de los años. Por el contrario algunos persisten hasta su último aliento. Ya en la dedicatoria del Persiles, el mismo Cervantes de las letras castellanas nos escribe el 19 de abril de 1616: “Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo esto. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir”. Moría el 22 de abril de 1616.

Dentro de la alquimia existencial, habría preferido salvar más vidas, dar más felicidad, ser más útil a mis congéneres y a los animales, a quienes creo víctimas inocentes de nuestra gula primitiva, un desinterés irresponsable y una gran indiferencia por acercarlos hacía una existencia mejor y más digna, en fin, si escribir me estuviera vedado habría usado más energías en actos de amor y compasión, que en digresiones inútiles y humanas, sin humanidad alguna.

No son menos razonables las reflexiones y respuestas que dio el poeta catalán Jaime Gil de Biedma, sobre el no escribir: “Quizá hubiera que decir algo más sobre eso, sobre el no escribir. Mucha gente me lo pregunta, yo me lo pregunto. Y preguntarme por qué no escribo, inevitablemente desemboca en otra inquisición mucho más azorante: ¿Por qué escribí?. Al fin y al cabo lo normal es leer. Mis respuestas favoritas son dos. Una, que mi poesía consistió —sin yo saberlo— en una tentativa de inventarme una identidad; inventada ya, y asumida, no me ocurre más aquello que apostarme entero en cada poema. Y en parte, en mala parte, lo he conseguido; como cualquier poema medianamente bien hecho, ahora carezco de libertad interior, soy todo necesidad y sumisión a ese atormentado tirano, a ese Big Brother insomne, omnisciente y ubicuo: Yo. Mitad Calibán, mitad Narciso, temo sobre todo cuando le escucho interrogante junto a un balcón abierto: “¿Qué hace un muchacho de 1950 como tú en un año indiferente como éste? All rest is silence”.

Es obvio, no tenemos todas las respuestas, Juan Rulfo, escritor del NO, respondía a quienes le solían preguntar tan a menudo sobre su gran silencio literario, que muerto su tío Celerino, quien le contaba historias que le inspiraban, falto de inspiración había quedado. Como quien dice “muerto el perro, muerta la rabia”. Buena excusa para poder permanecer impasible con el síndrome Bartleby. Así mismo Jules Renard, prefirió darse el mismo las respuestas en su diario: “No serás nada. Por más que hagas, no serás nada. Comprendes a los mejores poetas, a los prosistas más profundos, pero aunque digan que comprender es igualar, serás tan comparable a ellos como un ínfimo enano puede compararse con gigantes (…) No serás nada. Llora, grita, agárrate la cabeza con las dos manos, espera, desespera, reanuda la tarea, empuja la roca. No serás nada.”

Contaba Borges sobre la extraña desaparición literaria del escritor y poeta argentino Enrique Banchs, : “En la ciudad de Buenos Aires, el año 1911, Enrique Banchs publica Urna, el mejor de sus libros, y uno de los mejores de la literatura argentina: luego misteriosamente enmudece.. Hace veinticinco años que ha enmudecido”. Intentando darse una respuesta dice a su vez: “Tal vez, como a Georges Maurice de Guérin, la carrera literaria le parezca irreal, esencialmente y en los halagos que uno pide. Tal vez no quiere fatigar el tiempo con su nombre y su fama…o Tal vez— dice en otro apartado—, su propia destreza le hace desdeñar la literatura como un juego demasiado fácil” concluye Borges.

Comenzaron ya las lluvias y me remito a mi vez a unos recuerdos plasmados en el diario de Kafka, invadido por una parálisis en la escritura: “Así me va el domingo apacible —escribe Kafka— , así me va el domingo lluvioso. Estoy sentado en le dormitorio y dispongo de silencio, pero en lugar de decidirme a escribir, actividad en la que anteayer, por ejemplo, hubiese querido volcarme con todo lo que soy, me he quedado ahora largo rato mirando fijamente mis dedos. Creo que esta semana he estado influido totalmente por Goethe, creo que acabo de agotar el vigor de dicho influjo y que por ello me he vuelto inútil. (…) Y que me impide totalmente escribir.”

Así voy atesorando mis pocas obligaciones y el tiempo que me queda para perderme un poco más en el vagabundeo de la nada…Observando el paisaje, el techo de mi habitación y esas constelaciones que se agitan sin cesar, siguiendo su elíptica cansina y aburrida, como tan misteriosa, mientras yo me complazco en los otros mundos, con su dolor y esa densa letanía que parece perseguirme y ofrecerme otras tareas y misiones humanas por cumplir aún.

Barcelona, 20 de septiembre de 2010.

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07
Ago
10

QUIZÁS ALGÚN DÍA

                                          
QUIZÁS ALGÚN DÍA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Parece ser que si no hubiera ocurrido la teoría de la evolución estelar del big bang no sabríamos aspectos del universo plano circundate que nos contiene. Yo, si no hiciera las siestas de la tarde y no estuviera tan extremadamente relajada,  no podría saber lo interesante que es la vida. Yo, que nunca moriré del temible  Karoshi  japonés y me alejo cada vez más de arredrar mi arte del to be y de intentar permanecer con una recia personalidad de hierro, donde se destaca mi modo tranquilo y sereno de ser, que tanto desespera a los artistas exaltados y nerviosos del planeta y han empezado a verme casi como un bicho raro, digamos mejor, una joya opalina y quizás una extraña muestra de diamante escaso o en proceso de extinción,  en un mundo de veloz y rauda ebullición en nuestros días…

Quizás sólo comiéndome una cena sienta el gran vértigo y la velocidad del mundo, sin embargo, después necesito saber cosas sobre mi misma y vuelvo a la necesidad pasota del personaje de “The quiet Man”, de Graham Greene, para poder seguir saboreando en profundidad lo que es la vida, guardándome las emociones que desespera tanto a los artistas del big bang, tan explosivo y temperamental. Achaco el cambio a mi favor,  a mi espíritu buscador de senderos muy distintos a mi, a algunos Shangri-lás improvisados  y que gracias a las meditaciones  aquietaron la primigenia mental madness, que progresivamente fuera  frenando un antiguo impulso primario y cavernícola de mis primeros años de adolescencencia, algunos que otros excesos imperdonables y con post arrepentimiento,  que me robaron la paz y la quietud tan anhelada y opuesta al mundanal ruido, donde la utopía de los paraísos perdidos podría llegar a ser una realidad,  incluso con la convicción y la conciencia  de  vernos a nosotros mismos como una divinidad interna,  capaz de desarrollarse en un cuerpo material…Y ser más extraña todavía.

En fin, No hay nada malo en intentar conquistar los senderos desconocidos que quizás por  esa ley que nos suele resarcir,  nos atrae tanto, y es  tan distinta en todo a nosotros. Obrando quizás como una sed desafiante y enigmática, para nuestro espíritu aventurero y fisgón, sin duda. 

Mientras puedo y los calores lo permiten, leo a Yogananda, los “Cuentos de Nueva York” de O’Henry, y tengo deuda con “Los “Buddenbrook” de Thomas Man, que mantengo aparcado hasta nuevo aviso y pendiente de renovar en la biblioteca, difícil empresa intentar el milkshake espiritual, la decadencia de una familia, y la aventura citadina y multicolor del cuento corto de O’Henry.

Ahora que me he cobrado una revancha,  se me ha quedado más tranquila la conciencia, un espíritu de justicia y algo de malicia tengo al constatar que puede que la justicia tarde pero llega. No es mi estilo ir por la vida cobrándome revanchas, pero vaya, que cierto alivio y airecillo fresco me devuelve a mi tranquila y serena vida. De paso he aprendido una lección: la gente que te adula dura poco, a la primera de cambio te lo quitan todo, por suerte no se puede vivir de vanidad y adulación, menos si viene de gente que iba disfrazada de lisonjas porque perseguía algo muy distinto. De momento yo Vine, vi y vencí, a aceptar que todo mal que se hace se paga, aún sin premeditación y alevosía. Ha de ser una ley de la naturaleza y que repara con creces lo sufrido.

Un veranito más para el relax. Quizás algún día encuentres tu fórmula perfecta para vivir igual que yo…Y mientras sirvo un cava de profunda y añeja historia y te digo: ¡¡Salud!!, damos paso a la esperanza de que quizás algún día tú también llegues a tu nirvana particular

Barcelona, 07 de agosto, 2010.

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01
Jun
10

EL SONIDO DE LA VIDA

EL SONIDO DE LA VIDA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Siempre tuve una suerte de extraño anticuerpo de recurrir a hospitales y médicos, pero a veces cuando ya tienes una cita anticipada, te vas haciendo a la idea, más cuando de esa prueba se esclarecerá el problema inicial de salud, que fue motivo del tedioso trasiego de idas y venidas a un hospital y visitas médicas.

El pasado día 13 me tocó pasar por la prueba del ecodopler y aunque rápida y específica, fue a determinar que la irrigación sanguínea que me llegaba al cerebro era la adecuada, entonces te ponen un gel en el cuello y con el llamado transductor lo van detectando en una pantalla y en 2 colores rojo y azul. El Doppler a color vizualiza el desplazamiento de los glóbulos rojos por las venas en color azul y en color rojo el de las arterias, además de fijar si existe estrechamiento de venas o arterias, según la turbulencia de la sangre y la dirección que toman en su desplazamiento o detectar alguna otra anomalía.

Esa asepsia de los hospitales y los aeropuertos en sus espacios, transmite a su vez una gran frialdad, sólo la idea de que algún mal nos acerca, se puede preveer; una gran monotonía parece vagar por todos los rincones, un espíritu de trabajo, de archivos, historiales y material quirúrgico, bastante especializado, que parece se incrementa según el día, la hora, la estación y hasta la dolencia… En fin.

Por suerte todo ocurrió bastante rápido, mi cita de las cinco de la tarde, muy tranquila y solitaria, me atrevería a decir, pues al parecer era la única paciente esperando en esa sección del ecodopler, y una ves pasado a la consulta y tendida en la camilla, bajo las indicaciones de una enfermera, tras el cruce de saludos de rigor, se presentó la médico encargada del examen y apagó la luz, una razón más para estar relajada en una penumbra bastante agradable. Enseguida procedió a su estudio ayudada de esa gran maquinaria de alta tecnología médica, de pronto oír esos ecos del torrente sanguíneo de mi propia sangre a lo largo del cuello, me dejó una gran curiosidad y asombro a un mismo tiempo, era un sonido maravilloso, lleno de vida y bastante peculiar, lo podría describir cercano al ruido que hace una sirena de ambulancia, pero más tranquilo, igual de impactante, entonces fue cuando pensé que estaba escuchando por primera vez “el sonido de mi propia vida”, y el del torrente de mi propia sangre, esa era la diferencia entre existir y no existir, entre estar en este mundo y no estar en él, y haciendo una relación inevitable, era muy cierto suponer que si nos pudiesen oír a todos los seres que pululan el planeta, todos emitiríamos sonidos espectaculares y de gran magnitud, por tanto éramos y somos unos seres que emitíamos grandes radiaciones eléctricas especiales, con música interior.

Así como hubieron e.mails que pudieron cambiar aspectos de mi vida y nunca llegaron, encuentros inesperados y sin embargo significativos, no sabía que podía haber estado esta prueba, como algo de vital importancia, para llevarme a pensar lo que en teoría sabemos sin haber experimentado, certezas como estas, llamémosles “acústicas”, de lo que somos o formar parte de todo lo que podemos ser en este gravitante y perfecto universo de mundos y astros de elípticas infinitas bastante lejanas, que también conocen y contemplan nuestros ojos en noches estrelladas. Un macro-cósmos imponente. Ello me llevó a la reflexión de que somos réplicas únicas y en pequeño de aquellas constelaciones enigmáticas, coloridas y musicales del gran universo viviente, una gran marea inmersa en sonido donde danzaremos, una suerte de valses vieneses, participando de una gran fiesta de constelaciones micro y macro universales sin par.

En medio de esa gran miríada de sinfonías yo me detuve a contemplar danzar la vida, las partículas del polvo, las ilusiones, los seres, los fantasmas, las nubes, aquel gran conglomerado fabuloso inmerso en esa melopea. Desprovista de apegos, como resistiéndome a aquella gran corriente e intentando detenerme, como un ser dilettante, a observar a través de un ventanal la profundidad infinita del existir…En el silencio cómplice, aún sin desear oír nada de aquellas resonancias y ecos, una sensación de vértigo y marasmo se apoderó de mi, sin lograr evitar en mis entrañas un incesante fluir de sensaciones: era la vida. A menudo me embargaba ante ella, una pesarosa sensación de lo irremediable y que mi ser entendía como el principio de la iniquidad.

Posteriormente al comentárselo a una amiga, que cree conocerme, me dijo: “Ojala recuerdes eso, cuando te hundas en tu lado más oscuro y cuestiones, tus por qués y tus razones de estar aquí, ahora”…Donde estaría enlazada al parecer alguna antítesis de la casualidad, algún milagro que yo nunca había tenido voluntad de comprender, ni haber deseado saber, sobre todo en mis peores momentos. Eran al parecer miles de astros con música y bellas sinfonías—pensé, en una permanente quietud — y un solo agujero negro que me quitaba en ocasiones el aliento y las ganas de vivir, algunas veces era una sensación de ironía socrática y derrota, y otras quizás deseos de jamás haber sido…

Barcelona, 20 mayo, 2010

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01
May
10

LA FACTORÍA DE FICCIÓN


LA FACTORÍA DE FICCIÓN
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mi amiga, la Cascada y yo, salimos comentando la fantástica película de Woody Allen: “La Rosa Púrpura del Cairo”, cuando descubrimos una puerta del Exit, ¿entramos?, me sugirió ella, yo moví negativamente la cabeza, mientras masticaba mis palomitas de maíz tranquilamente…Miré que la gente abandonaba la sala en una semipenumbra tras el final de la película, luego ella, interrogó en un tono de reproche: “¿por qué no podemos hacer algo distinto, alguna vez?, la miré confusa haciendo un gesto de “no sé” y como me domina un aire gamberril de picardía y gran curiosidad, le dije: “No es que estemos en un gran incendio, ni nos urge pasar por la salida de emergencia, peeero mira tú…—repuse alzándome de hombros —Me da igual salir por donde fuera…”. Ella me miró estupefacta y se le iluminó la cara con una gran sonrisa, como si  transgredir normas y seguir  juegos peligrosos fuera más excitante o como si detrás de la puerta del Exit, nos esperara un OVNI, maravilloso y multicolor, muy digno de ser visto por las dos…

Tras empujar aquella puerta de metal, nos escurrimos tras unos feos laberintos, la cara de mi amiga parecía reflejar el desencanto de una aventura fallida, pero de pronto la voz de un hombre negro, vestido de frac y pajarita, nos sorprendió: “¿A dónde bueno Señoras?, les recuerdo que este es un camino vedado al público asistente”—concluyó, mirándonos de hito en hito, con cierta intimidación, Taty y yo observamos el gran cortinaje color burdeos que tenía detrás, orlado de finos bordes o simulados hilos de oro, divagamos con los dientes albos y deslumbrantes del buen hombre, más bien correcto y amable en su misión…

—Espere, señor, —espeté yo—haciendo buen uso de mi educación. Según mi madre,  nunca fallaba tratar con gran respeto y cortesía a un portero.
—Mi amiga y yo venimos del Daily Mirror, fuimos invitadas para estar presentes, —inventé enseguida,  y así continué hilvanando una historia imaginaria, muy segura de mi misma,  dando cierto aplomo a mi respuesta.
—¿Y usted es…?—le preguntó a Taty—Ella me miró brevemente instándome a que yo siguiera con mi cuento chino…
—La fotógrafa Taty Waterfall—repuse, traduciendo su apellido. Y yo la reportera del evento Gina MC Pik ’Art.
—Oh, señoras mías, mesdames—dijo el hombre de color de la puerta, con un gesto de arrepentimiento. Sin duda ha sido un error, podréis pasar enseguida…

Taty, me miró interrogante e insegura y yo di muestras de haber sido ofendida y dando unas grandes zancadas, como alma que se lleva el diablo,  traspasé esos gruesos cortinajes, que el portero me ayudó a franquear, levantándolos con un brazo, mientras yo arrastré de  una mano a Taty e ingresamos con la presteza de una ilusión desconocida.

Cuando estuvimos distantes al hombre de la portería, le pregunté a Taty casi en un susurro:
—¿Trajiste tu cámara de fotos verdad?.
Ella, abrió su bolso y me la mostró, entonces yo di un hondo respiro.
—¡Vaya, menos mal!. Todo iba saliendo bien.

Habían amplios salones iluminados y la recepción parecía de película, súbitamente habíamos hallado una gran fiesta tras la puerta del Exit. Había una gran cantidad de rostros conocidos, gente a quienes yo creía haber visto unas tantas veces, que ya parecían familiares…De pronto Taty, exclamó: ¡Mira es Hemigway!…

—Sí, es verdad.—dije constatando el aspecto de ese hombre que parecía dar muestras de aburrirse entre esa multitud, e iba cogiendo copas de champaña servidas de una bandeja.

Taty, muy astuta ya había detectado que sus libros estaban por allí, sobre una mesa y cogiendo uno se le acercó a Hemigway, diciéndole:

—¿Señor Hemigway, me haría el favor de firmarme esta gran novela?.
Ernest Hemigway pareció salir de su abstracción y volviéndose a mi amiga y reconociendo su libro sonrío y dijo:

—Claro, por supuesto. —mientras rebuscaba en el revés de su chaqueta un bolígrafo.
—Para Taty, Waterfall —dijo ella, a la vez que Hemigway pareció garabatear el libro. Cuando se irguió el escritor nos miró a las dos y nos dijo:
—Esta es una noche esplendorosa, aquí no sólo podréis divertiros sino que disfrutaréis del talante y el humor de estas viejas glorias y haciéndonos un agur con la mano se despidió de nosotras, dedicándose a recorrer las mesas, como un condenado con una copa de champaña en la mano, y tras encontrarse con Scott Fitzgerald,  quien hacía lo mismo, nos olvidó por completo.

A lo lejos vimos al  calvo, seductor y talentoso pintor Pablo Picasso, parecía más enano al lado de la deslumbrante y altísima Rita Hayworth, pero él no se arredraba, por el contrario parecía retarse a sí mismo, tirándole los tejos y haciendo un alarde de su gran personalidad con las mujeres, haciéndola reír mejor que un bufón  al rey Arturo.

Ray Charles le arrancaba notas de jazz al piano y mi amiga, la Waterfall, emotiva y siempre al borde de las lágrimas, lloró de emoción al descubrir a su pintor,  Picasso. Más de una vez la tuve que calmar y evitar echara por tierra el trapicheo y las argucias del pintor malagueño con la Hayworth, deseaba tocarlo como si de una escultura se tratara, es tan sensorial que el efecto Picasso le resultaba tremendamente magnético.

Luego Taty, miró la gran mesa de pull y exclamó:

—Mira, ¿no es allí donde podremos jugar?…¡Oh, Marilyn, James Dean, Elvis Presley!..y este…¿cómo es que se llama?…
—Humphrey Bogart—concluí yo. —Sí, es fantástico ¿y todos apostados en esta fiesta?.
—Venir, venir —Nos llamó de pronto Elvis Presley. Nos acercamos y nos saludó muy amablemente y nos dijo en un tono confidencial:
—Esto a mi me huele a chamusquina, ya veréis los celos que se empiezan a sentir por este gran recinto…¿reporteras?.
—Así es, Gina MC Pik ‘Art y Taty Waterfall, reporteras del Daily Mirror, señor Presley, le dimos la mano y nos dijo haciendo un embudo con la mano:
—Si tenéis paciencia, aquí se desatará la de Dios…—profirió riéndose, mientras se golpeaba con el taco del billar una mano, pero antes de que se fuera del todo hacía la mesa de pull, Taty le hizo una seña y le dijo:

—Ssss….¿Puedes convencer a tus amistades para que posen y yo les haga una foto en esa mesa de pull?…Mientras tanto sacó del bolso la Nikon D90 digital y la preparó rápidamente para una foto. Elvis asintió muy simpático con nosotras mientras dirigiéndose a Marilyn, Jamés Dean y Humphrey Bogart, les dijo:
—¡Hey, unas amigas mías del Daily Mirror desean haceros unas fotos, posar para ellas…Marilyn dubitó y se llevó con cierto automatismo una mano hacía su rubia cabellera y sonrió, tenía un gran glamour, pero enseguida decidió sentarse sobre la mesa del pull, Humphrey Bogart más bien poco simpático y soso se quedó sentado en la misma silla, como pensativo, James Dean posó como quien va a disparar un tiro,  Elvis cogió el taco de billar y se lo puso al hombro, fue cuando nuestra fotógrafa buscó su mejor ángulo y sonó el opturador…Enseguida, Marilyn  río estruendosamente y nos saludó con la mano amistosamente desde la distancia.
Taty, me preguntó bajando la voz:

—¿Y eso fue para nosotras?.
—Sí, eso creo, —dije intentando responder con más sonrisas a las sonrisas a Marilyn.
—¡Hey, Norma Jean!— reclamó James Dean a su vez—has jugado muy poco en esta mesa, todavía  me debes ganar…
Pero Marilyn dejó esa mesa de pull y le pidió a Elvis que le tocara esa vieja canción que le gustaba, entonces nuestra Taty Waterfall, volvió a fotografiarlos, pero descubrió que su cámara los tomó en blanco y negro…
—Estas atinada hoy, no te pierdes una…—le dije yo.
—Mira esta pequeña —dijo Taty, señalándome a la risitos de oro que iba comiéndose los pastelillos de la mesa.
—¡Ah, yo sé quien es!. ¡Si es Shirley Temple!, amiga de mi madre…baila de maravilla, un zapateo que pa qué… y actúa como una gran estrella…
—¿Qué dices, cómo va a ser amiga de …?
—Vivieron en la misma época y hasta le respondió alguna carta, era su fan…
—¡Ah, comprendo!…—dijo Taty, distraida… Gina, fíjate con disimulo—me dijo—es imaginación mía o Bette Davis, aquella del sofá,  me ha guiñado un ojo, la he mirado dos veces y en las dos veces  ha intentado captarme la atención así…
—Es como dice Elvis—repliqué—aquí todos están un poco majaretas y no tardarán en armarla…

Ni bien terminé de decirlo y Picasso arreció una sonora bofetada a su novia Dora Maar, que paralizó la fiesta, todos los ojos se volvieron hacia ellos, parecían petrificados e incrédulos con el espectáculo, la pobre Dora, cubierta de llanto y con el rostro enrojecido, corrió despavorida hacia los lavabos, que a punto estuvo de quedársele un zapato, como avergonzada por tan bochornosa exhibición de celos, furias, perversidad de parte del pintor y un estilo deplorable de bravucón, camorrista. Encima, mirando a todos hizo ademán de limpiarse las manos…Enseguida se aproximó oportunamente Scott Fitzgerald quién intentando quitar hierro al asunto  dijo muy fuertemente: ¡¡Vidas Privadas Señores!!…Entonces la concurrencia intentó desentrañar el complicado entramado de la pareja por su cuenta y riesgo, entre cuchicheos y murmullos, girándose e intentando disimular el mal momento sufrido por Dora Maar, quien acompañada de un séquito de señoras cotillas y chismosas, lloraba amargamente sus celos por intentar poner en su sitio a Picasso, sin conseguirlo, pero tampoco él se hizo un gran favor, desde aquel día Rita Hayworth lo detestó como a la peste, porque el suceso en cuestión le hizo muy mala prensa internacional. Por allí se rumoreaba que la relación Dora y Picasso era del mas puro estilo sado-masoquista, una bomba explosiva y temperamental, por eso él era especialmente cruel con Dora Maar a quien siempre la retrataba llorando.

—¿Ese es tu Picasso?—interrogué  a mi amiga—Lo que es yo, no lo quiero ver ni en pintura…
—Lo sé. —dijo ella afligida— él será un gran pintor, pero Dora tampoco se merecía eso…Son temperamentos explosivos de artistas—apuntó.

En medio de todo el rumor de las conversaciones por suerte y de pronto Taty empezó a reirse y alzando una mano  saludó, cuando me volví saludaba al Rey del Pop, Michael Jackson, que hablaba con la bella Liz Taylor, quien intentaba ayudarle a limpiar su guante blanco manchado de mermelada. Un  Jackson al descubierto por la aguda mirada de Taty,  logró sonrojarse como un niño pillado infraganti y apenas saludarla inundado de una gran vergüenza.

—¡Hey, chicas del Daily! —nos llamó James Dean, súbitamente y se nos acercó. Las invito a pasear en mi nuevo coche, mi pequeño bastardo, es un gran Porsche Spyder 550, fantástico y único…Dicho esto me entregó su tarjeta.
—Enhorabuena por esa adquisición James, quizás nos apuntemos para salir contigo, mi amiga y yo terminaremos nuestro reportaje para el periódico y quizás quedemos uno de estos días, esta es mi tarjeta…
—¡Fantástico!,—cogió la tarjeta la miró por ambos lados y repuso antes de guardársela en el bolsillo.—Gracias, sí, las llamaré una de estas tardes…
—¿Por qué nos mira tan extrañamente ese Humphrey Bogart?—le pregunté a Taty…
—Muy fácil, hace 2 semanas se querelló con el Daily, ¿ya no lo recuerdas?. Difamaciones publicadas, aludió…
—Es verdad, claro ya lo recuerdo, este vino de Burdeos esta buenísimo…Espera, esa es Rita Hayworth, me encanta en su película “Gilda”, y es tan asombrosa como en el cine. —apunté…Le hice un ademán de brindis con mi copa y me respondió con el mismo gesto, desde la distancia  y muchos se quedaron mirándonos…Para ellos éramos grandes amigas y me hizo muy feliz…
—¿Te comportarás verdad o es efecto de ese vino francés?—repuso mi amiga,  la Waterfall.
—¿Pero tu la has visto cantando “Put To Blame On Mame”?, es única e irrepetible…

Aquella noche, salimos del Exit, como en una nebulosa, los caminos parecían cortados y en perspectiva cubista, sólo recuerdo que mi amiga Taty me llevaba hacia casa, diciéndome sin parar: “Ay, la MC Pik ‘Art, qué embriagada ha estado esta noche,… sólo te restará dormir y mañana será otro día”…

Yo no lo hubiera creído si Taty no acreditara con sus fotos lo vivido, es más, al lavar mis vaqueros desteñidos rebusqué los bolsillos y encontré la tarjeta de James Dean intacta,…Él ya no está en este mundo y todavía yo espero su llamada y el paseo en el gran Porsche Spyder 550, fantástico y único, como la gran factoría de ficción que triunfa cada anochecer en alguna puerta del Exit…

Barcelona, 01  de mayo, 2010.

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12
Abr
10

REGRESANDO AL SLOW LIFE

                     

LA VIDA EN GRIS
(REGRESANDO AL SLOW LIFE)
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Ahora sé que se terminaron mis prisas, mis carreras inútiles por llegar a esos laberintos, mis impaciencias por lo imposible, me bajo de aquel carrousel de sueños rotos, de aventuras a golpe de caballo, abandono la mágnum 44, con la sumisión y la certeza de que se acabó la guerra, me inunda un cansancio como el peso de los años, los amores y la vida, de los que ahora no deseo saber nada. Quizás todavía circunda un leve olor a pólvora en el aire y los vestigios de la guerra que me torturó y cansó, asoman tras el polvo y la refriega. Quizás he muerto, no lo sé. ¿Quién ha regresado de allí para contarnos lo que es morir?  ¿Quién sabe en qué nos convertimos después de una gran contienda dolorosa? ¿Pasaremos a ser fantasmas difusos, divagantes y solitarios?. Como fuere, yo abandono mi instinto de peligrosidad para quedarme en la molicie, para empezar a perder el imperativo del tiempo, el sentido social del deber, la persecución inútil de las ilusiones de insomnes y en exceso concientes, para intentar recobrar mi luz, mi paz, mis condiciones imperecederas y constantes, que por suerte me acompañan aún tras las aparentes derrotas y me mantienen erguida y consecuente con mi propia verdad.

Es una primavera extraña y con lluvia, y yo vivo la vida en gris, porque me alivia, porque quizás así me olvido un poco también de las ilusiones fulgurantes que me producen fotofobias al asomarme al ventanal, porque me dan idea de las tardes de octubre: plúmbeas, cansinas, adormecidas y tan poco excitantes y también silenciosas porque las golondrinas abandonaron ya para entonces sus nidos  y se fueron con la música a otra parte, para dejarnos un gran silencio melancólico. Pareciera me equivoqué de estación, pues estamos en abril, y tal vez desentono con aquella efervescencia inequívoca de la primavera, donde la gente gusta  vestir con más colores, hablar y reír más, salir y comprar más, quizás para compensar otras infelicidades, para suponer que así resuelve sus problemas y pasan del cartón piedra al papel, donde se puede escribir un poco de todo, como dijera John Locke,  en una tabula rasa, lo que sea, si luego se agita le désir de vivre, como el jolgorio de las aves al reverdecer los campos.

Sí, yo me quedo en la antigua caricatura de lo que fuimos, como en la película Pleasantville, en la inocencia y el desconocimiento de las cosas, en el blanco y negro, después de emular a los locos, de intentar vivir a salto de mata, trasgrediendo unas leyes que no se inventaron para mi, después de ir como los kamikases  temeraria y peligrosamente, riéndome del mundo, de los correctos y los sabios, e intentar fórmulas bien pensadas de suicidio, para perfeccionar la técnica de desaparecer sin dolor y huir del sin sentido…Me detengo a mirar el día detrás de las cortinas y recuerdo que pedí un día más de prórroga, el día aquel que me sentí morir, con mi sonrisa patibularia, yo misma no lo podía creer, después de tantos coqueteos con la muerte, de ir fraguando y maquinando la fórmula final, deseando caer en la misma tentación de Elías Canetti: “desparecer y no ser encontrado, gran tentación” decía él Nóbel de Literatura,  habría sido la gloria…Pero allí estaba yo, acobardada en una hora final, deliberando con mi hacedor alguna posibilidad de permanecer en el lado conocido de las cosas, ¿pero quien sabe cuándo cruzamos el imperceptible velo de los mundos paralelos?…Si te veo y no me ves, si me hablas y no te oigo, si en verdad nos acogieron ya los fantasmas  con su estilo de gran envergadura, amable y siempre gris, con bastón y con saludos de bombín, menuda entrada a la vida gris y sin color.

Pero, ya que no debo apresurarme  y me acojo al puro estilo del Slow Life me quedaré mirando tranquilamente crecer la hierba, como James Dean en Gigante con la lentitud del tiempo a mi favor, intentando hallar pequeñas grandes  bellezas del mundo y de la vida,  hasta  llegar a encontrar el mundo y su amalgama de color, poder sentir esta nueva primavera y quizas hasta volver a soñar otra vez con irremediables e imposibles,  que debería evitar.

 
Barcelona, 12 de abril, 2010.

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