Archive for the '*CRÓNICAS DEL VIENTO' Category

06
Feb
11

CARCASSONNE: EL VIAJE CIRCULAR

CARCASSONNE: EL VIAJE CIRCULAR
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

En el verano del 97 me fui de aventuras por Francia, era un hecho al azar volver por segunda vez al Castillo de Carcassonne. —regresé por tercera vez el año 2001— .Aunque tuviera los puntos en el mapa a donde debíamos llegar, Carcassonne estaba fuera de las probabilidades. Mi compañero de viajes F* y yo nos turnábamos al volante, de modo que así nos aliviábamos del cansancio de un viaje siempre fascinante y motivador.

Inadvertidamente y oyendo en el mp3 “Las Mejores 40 Canciones de Aznavour”, llegamos de día al precioso Castillo de Carcassonne, amurallado según se dice por los romanos por el año 100 a de C. y quienes lo fortificaron en la cima de una colina muy alta, más tarde los visigodos construyeron más fortificaciones. Está apenas a unas 3 horas de la ciudad condal, Barcelona y a unos 276 kilómetros de casa. Me fascinó ver el gris azulino de las cúpulas imponentes y bellamente conservadas de sus torres, igual que la primera vez y desde ese momento amé el misterio oculto y espectacular del mundo medieval, mi mente era un torbellino de emociones, tenía ansiedad por perderme en su mítico encanto seductor. Si tras los viajes yo llevaba el instinto de perderme a mi misma, esta vez lo conseguí.

Desde el puente del río Aude contiguo a la ciudad moderna de Carcasonne, recuerdo le hice la primera foto que aún conservo más en la memoria que en el papel de entonces, mientras mi compañero de viaje se sentó en el muro empedrado del puente, aguardando disparara con la cámara desde el ángulo más correcto. Esta vez no hicimos fotos,  aparcamos delante y buscamos el portón.

A la entrada del gran Château, había una multitud de personas y me fijé en aquel saltimbanqui con aspecto de faquir, que lanzaba unas bolas hacia arriba haciendo malabarismos pretenciosos y exactos sin que cayera ninguna, era el efecto de la vida moderna y una manera actual de mendicidad, porque la gente le ponía monedas por el divertimento cada vez más arriesgado, al pasar por esa gran entrada. Pero mi emoción por descubrir el Carcassonne era singular y pasamos olvidándolo casi todo.

El Gran fortín de la cité, antiguo, de doble amurallamiento contiene en su interior la magia y la vida de otra ciudadela vibrante de actualidad, con sus tiendas de souvenirs, sus restaurantes, sus hoteles y toda clase de comercios imaginables en cualquier ciudad francesa de hoy, mercados de flores y frutos al paso, tanto que por ratos llegábamos a olvidar que estábamos recorriendo las calles interiores del Carcassonne. A veces deseando recuperar el antiguo encanto medieval, salíamos y nos retirábamos hacia extramuros de la ciudadela moderna, en busca de aquellas almenas y perseguíamos en largos paseos lo añejo, lo imaginado; y tocando esa concéntrica estructura pétrea, intenté tener por unos instantes el poder de la dermóptica en las manos, y cerrando los ojos apenas fui capaz de imaginar la aparición de algún caballero medieval con armadura o alguna damisela con su traje de época, la ceñuda testuz de algún guerrero, reflejada en sus gritos de guerra: ¡¡Voilà, tirez sur les ennemis!!,  o los amores y los celos que despertaba alguna cortesana ligerita de cascos entre las murallas del Castillo. En su densidad granítica y muda se esconderían historias singulares y pasadas que llenarían algunos libros y mentes caballerescas de febriles e intrincados laberintos…De pronto cuando creía haberme aislado lo suficiente como para ejercitar la reflexión en estas cuestiones, apareció F* muy risueño por allí, que andaba ex profeso perdido como yo, acariciando seguramente sus particulares historietas del medio evo, anticipándose a la guerra o avistando a enemigos desde las almenas.

Era verano y apretaba un gran calor de los de antes del gran cambio climático, aún soportables, aunque realizar ese recorrido es arduo y excitante, por la cantidad de personas que siempre visitan el gran castillo de Carcassonne, es como una gran marea humana, turistas de todas partes de Europa y el mundo, subiendo o bajando calles, tiendas atestadas y un fluir constante de viandantes, las terrazas llenas de comensales deleitándose con la música de algún organillero advenedizo, en espera de unos francos saltarines, mientras suena, el clásico e inconfundible: “Sous le ciel de París” llenando el ambiente de un francófono subido. Por suerte, al medio día, antes de tomar los hábitos y la rigidez de los veganos vegetarianos, pude disfrutar de La Cassoulet, plato típico de la región de Langedoc y media Pirineos…De la mano de un sommelier degustamos los vinos más nobles de la región, que se elaboran en Cobardes, Fitou, Corbières, Minervois y Limoux. Y desde  la chapel , ennegrecida por el tiempo, dos gárgolas colgadas en la cima, parecían entonar las letanías del tiempo y de la vida ida.

Antes de ingresar a la Basílica de Saint Nazaire Celso, nombre por demás tan familiar por pertenecer a mi abuelo materno, fuimos a hacer unas cuantas compras para llevarnos recuerdos de Carcassonne. Fue recorrer tiendas e ir escogiendo el adorno más chulo y simbólico para el salón de casa, adorno que aún subsiste pese a las mascotas que se pasean por cualquier rincón de la casa, jugando, persiguiéndose o haciendo gamberradas.

Fue un gran frescor ingresar a la Basílica de Saint Nazaire Celso, porque sus gruesos muros de piedra daban una sensación de alivio que contrastaba con el tórrido e inclemente calor estival que se sentía afuera, de paso nos sirvió de excusa para asistir a la misa que se celebraba en ese momento.

Más tarde relacioné cosas de ese viaje. Ya estando en la bella ciudad mediterránea de Marsella, fue el calor veraniego el que nos llevó a cobijarnos nuevamente en la Iglesia Catedral, cerca al barrio de la Joliette, Boulevard de Dunkerque, que mira hacia ese mar marsellés tan azul y tan bello, donde se rescataron indicios de los restos del avión y autor de “El Principito”, Antoine de Saint Exupery. Fue allí donde urgidos por el fuerte calor estival oímos misa también. Un sacerdote rubicundo lleno de un fervor enardecido predicaba en su francés más castizo y provenzal una y otra vez, La Charité, que parecía ser la palabra básica y central de su discurso, aguantamos el tirón pacientemente casi a las afueras porque estaba atestada de gente, al concluir esa misa, vimos con cierta sorpresa al mismo sacerdote rubicundo y sin quitarse la estola, salir hacia afuera a darse un baño de multitudes, donde la concurrencia estaba de pie, entonces inesperadamente salio una mujer de entre el gentío y alargándole una mano le pidió unas monedas para paliar su hambre y su sed, —en momentos previos todos contagiados por el pregón enardecido del sacerdote, habíamos dado unas monedas al pasar las monjas taciturnas e inocentes, alargando los sacos de la recolecta—, y oímos replicar al buen hijo de Dios, dueño de la palabra “charité”, decir con un gran cinismo increible: “D’Argent?. Je n’ais pas d’argent”. Entonces pensé que había tenido mucha suerte de oír el discurso del “buen samaritano” y que todas las religiones están tan podridas de hipocresía que daba vergüenza suponer que se pertenece a alguna porque nos bautizaron de pequeños en alguna. Como hilo conductor, un automatismo de mi memoria relacionó al clochard, malabarista y saltimbanqui de Carcassonne, intentando ganarse dignamente el pan, a fuerza de intrincados juegos, al organillero ingenioso y con oído musical, quien se jugaba el tipo por unos francos saltarines, porque el mundo de Dios había perdido la ilusión de soñar y de vivir entre los hombres.

Barcelona, 04 de febrero de 2011.
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23
Ene
11

LOS TRENES DEL DESEO

 

LOS TRENES DEL DESEO
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

No evocaré el libro de Tennessee Williams, las paranoias de Blanche Dubois y sus delirios de grandeza ni sus belles Rêves, por denotar a esos trenes que van pasando por nuestra vida mientras nos debatimos en los andenes de esas frías y concurridas estaciones, si abordarlos o dejarlos pasar. Iluminando con una repentina fugacidad casi cruel, nuestra conciencia y saber que existen momentos puntuales para deliberar con cierta presteza, que así llegan y se marchan raudamente las navidades, el último sabor del Dresndner Stollen, la memoria salpicada de luces multicolor de aquellos días de fiesta y comparsa, para después volver a transitar en el espacio tiempo, cargado de sombras y extensa gama de grises para ser invisibles otra ves, y quizás vivir en la realidad del blanco y negro.

Por todo eso, he descubierto algo de fascinación detrás de las “desapariciones”. Admiro al entrañable Doctor Pasavento, su libérrima determinación, sus abandonos deliberados y cuasi matizados de arte y truculencias evanescentes. Adoptaría gustosa la afición Voyeurista y revestida de sadismo del imperturbable Wakefield, auto-expulsado del universo, o del veterano en la vagancia: Molloy, personaje de Beckett; seres solitarios, felices transgresores de normas y espectadores de sí mismos o me alentaría el deseo de vivir en la figura inexistente y apasionante de Benno Von Archimboldi, del genial Bolaño.

Quizás todos sin saberlo o no, nos demos una importancia mínima al emular a un Dios, que nos enseñó mejor que nadie la ironía de los Dioses del Olimpo, el destino de lo perecedero y a curtirnos a menudo con los recuerdos y las cenizas de lo que fue. Rodrigo Fresán decía en un artículo lo siguiente: “UNO En el principio era el Verbo y el Verbo era desaparecer. Porque desaparecer ha sido el acto supremo y paradojal de un Dios en particular (que después nos mandó a su hijo para que aprendiera el oficio)”. En fin, que para eso al parecer nos nutrimos de bellezas y colores, que sin el conocimiento de los agujeros negros y los túneles del tiempo, nos sería imposible magnificar la luz y creer conocer los opuestos, los atisbos de aquella ilusión manida y la tal vez mal llamada: felicidad inconstante, que no es otra cosa que la antítesis de una misma realidad, el sucedáneo que pervive y vendrá a significar el todo.

Me despierto y mientras mis sueños aguardan otras primaveras,  me reconozco igualmente inconstante, a veces gris y otras poseedora de les belles rêves, me reconozco multicolor y florida y otras vulnerable y oscuramente hermética, signo incuestionable de que vivo y mi oxitócica requiere del amor para vivir, de las ilusiones y también de los sueños rotos y los fracasos, para saber que sufro y luego existo,  al modo de René Descartes, o para reconocer que tras las bellas ilusiones se esconde el trajinar de los trenes del deseo y debo abordar alguno con determinada precisión o fracasar en el intento.

Barcelona, 23 de enero del 2011

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20
Sep
10

MIS MOMENTOS BARTLEBY Y LA NADA

 

MIS MOMENTOS BARTLEBY Y LA NADA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

¿Qué es lo que no se ha dicho todavía?, era la pregunta que rondaba mi mente. Yo tenía al parecer una prisa implícita por terminar de contarlo, de reseñar los sucesos imprevistos y de alguna forma pertinaces, que asaltaban mi cabeza. Por otro lado, yo misma deseaba terminar para siempre el blog, desaparecerlo inadvertidamente, desligarme de lo que algún día fue, en cada post veía yo el final, trasladando quizás otros advenimientos de finales aún desconocidos, que rondaban mi vida…Era muy fácil dejarlo morir por falta de atención, por abandono, mirarlo de lejos y desde la perspectiva inanimada, insensible, aprender a prescindir de la manía de ir alimentándolo, poder despedirme de él sin tener que voltear siquiera a mirar lo que dejaba perderse en el ciberespacio, ni sentir un resquicio de nostalgia. Por otro lado, me preguntaba también para quienes ejercía yo este ejercicio inútil, para mi, para los otros o para los que sí sabía ansiaban saber de mi sólo por el blog, y mi existencia les era totalmente indiferente, pues los comprendo, se está mejor en el innegable anonimato y el silencio, como un Wakefield, espiando los sucesos de la vida de algún ser querido…Ahora, bien podía yo seguir bromeando hasta el infinito con el juego de las letras, podía yo mofarme eternamente, con las reminiscencias o los descubrimientos más cercanos al common sense…Por otro lado, allí estaba la eterna vorágine de las palabras, la perpetuidad constante del placer creador, también el inconcluso y casi enfermizo aborto de las ideas, en pos de la nada cotidiana, la suma de todos los arquetipos del No que parecían acompañar mi intemperancia, mi excesiva certeza en las desapariciones que se disgregan en el tiempo y nos dan cuenta de la fugacidad de las cosas, y hasta de lo poco originales que podemos ser.

Al tomarme el último gazpacho del verano, me asaltaron todavía más interrogantes sobre el tiempo y la vida, sobre mi necesidad de ponerme hacia el lado de la vida, mi intento de salvaguardar algunas vidas de inocentes animales, a quienes ocasionamos el lastre de la infelicidad y por quienes ni siquiera nos mueve un resquicio de compasión, vista así la existencia, me pareció inútil seguir alimentando un blog sin sentido, un blog para los hombres y el egoísmo de algunos intelectos poco humanos, entonces supe que mi pulsión heterodoxa iba encaminada hacía el imperativo del No. Estaba más cerca del Bartleby de Melville, cuya negación constante lo convierte en alguien desmotivado y capaz de revelarse contra todo lo establecido y admiré con más sentido que nunca lo que dijera Oscar Wilde: “Cuando no conocía la vida, escribía; ahora que conozco su significado, no tengo nada que escribir”… Sabiduría de la madurez y de los años. Por el contrario algunos persisten hasta su último aliento. Ya en la dedicatoria del Persiles, el mismo Cervantes de las letras castellanas nos escribe el 19 de abril de 1616: “Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo esto. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir”. Moría el 22 de abril de 1616.

Dentro de la alquimia existencial, habría preferido salvar más vidas, dar más felicidad, ser más útil a mis congéneres y a los animales, a quienes creo víctimas inocentes de nuestra gula primitiva, un desinterés irresponsable y una gran indiferencia por acercarlos hacía una existencia mejor y más digna, en fin, si escribir me estuviera vedado habría usado más energías en actos de amor y compasión, que en digresiones inútiles y humanas, sin humanidad alguna.

No son menos razonables las reflexiones y respuestas que dio el poeta catalán Jaime Gil de Biedma, sobre el no escribir: “Quizá hubiera que decir algo más sobre eso, sobre el no escribir. Mucha gente me lo pregunta, yo me lo pregunto. Y preguntarme por qué no escribo, inevitablemente desemboca en otra inquisición mucho más azorante: ¿Por qué escribí?. Al fin y al cabo lo normal es leer. Mis respuestas favoritas son dos. Una, que mi poesía consistió —sin yo saberlo— en una tentativa de inventarme una identidad; inventada ya, y asumida, no me ocurre más aquello que apostarme entero en cada poema. Y en parte, en mala parte, lo he conseguido; como cualquier poema medianamente bien hecho, ahora carezco de libertad interior, soy todo necesidad y sumisión a ese atormentado tirano, a ese Big Brother insomne, omnisciente y ubicuo: Yo. Mitad Calibán, mitad Narciso, temo sobre todo cuando le escucho interrogante junto a un balcón abierto: “¿Qué hace un muchacho de 1950 como tú en un año indiferente como éste? All rest is silence”.

Es obvio, no tenemos todas las respuestas, Juan Rulfo, escritor del NO, respondía a quienes le solían preguntar tan a menudo sobre su gran silencio literario, que muerto su tío Celerino, quien le contaba historias que le inspiraban, falto de inspiración había quedado. Como quien dice “muerto el perro, muerta la rabia”. Buena excusa para poder permanecer impasible con el síndrome Bartleby. Así mismo Jules Renard, prefirió darse el mismo las respuestas en su diario: “No serás nada. Por más que hagas, no serás nada. Comprendes a los mejores poetas, a los prosistas más profundos, pero aunque digan que comprender es igualar, serás tan comparable a ellos como un ínfimo enano puede compararse con gigantes (…) No serás nada. Llora, grita, agárrate la cabeza con las dos manos, espera, desespera, reanuda la tarea, empuja la roca. No serás nada.”

Contaba Borges sobre la extraña desaparición literaria del escritor y poeta argentino Enrique Banchs, : “En la ciudad de Buenos Aires, el año 1911, Enrique Banchs publica Urna, el mejor de sus libros, y uno de los mejores de la literatura argentina: luego misteriosamente enmudece.. Hace veinticinco años que ha enmudecido”. Intentando darse una respuesta dice a su vez: “Tal vez, como a Georges Maurice de Guérin, la carrera literaria le parezca irreal, esencialmente y en los halagos que uno pide. Tal vez no quiere fatigar el tiempo con su nombre y su fama…o Tal vez— dice en otro apartado—, su propia destreza le hace desdeñar la literatura como un juego demasiado fácil” concluye Borges.

Comenzaron ya las lluvias y me remito a mi vez a unos recuerdos plasmados en el diario de Kafka, invadido por una parálisis en la escritura: “Así me va el domingo apacible —escribe Kafka— , así me va el domingo lluvioso. Estoy sentado en le dormitorio y dispongo de silencio, pero en lugar de decidirme a escribir, actividad en la que anteayer, por ejemplo, hubiese querido volcarme con todo lo que soy, me he quedado ahora largo rato mirando fijamente mis dedos. Creo que esta semana he estado influido totalmente por Goethe, creo que acabo de agotar el vigor de dicho influjo y que por ello me he vuelto inútil. (…) Y que me impide totalmente escribir.”

Así voy atesorando mis pocas obligaciones y el tiempo que me queda para perderme un poco más en el vagabundeo de la nada…Observando el paisaje, el techo de mi habitación y esas constelaciones que se agitan sin cesar, siguiendo su elíptica cansina y aburrida, como tan misteriosa, mientras yo me complazco en los otros mundos, con su dolor y esa densa letanía que parece perseguirme y ofrecerme otras tareas y misiones humanas por cumplir aún.

Barcelona, 20 de septiembre de 2010.

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07
Ago
10

QUIZÁS ALGÚN DÍA

                                          
QUIZÁS ALGÚN DÍA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Parece ser que si no hubiera ocurrido la teoría de la evolución estelar del big bang no sabríamos aspectos del universo plano circundate que nos contiene. Yo, si no hiciera las siestas de la tarde y no estuviera tan extremadamente relajada,  no podría saber lo interesante que es la vida. Yo, que nunca moriré del temible  Karoshi  japonés y me alejo cada vez más de arredrar mi arte del to be y de intentar permanecer con una recia personalidad de hierro, donde se destaca mi modo tranquilo y sereno de ser, que tanto desespera a los artistas exaltados y nerviosos del planeta y han empezado a verme casi como un bicho raro, digamos mejor, una joya opalina y quizás una extraña muestra de diamante escaso o en proceso de extinción,  en un mundo de veloz y rauda ebullición en nuestros días…

Quizás sólo comiéndome una cena sienta el gran vértigo y la velocidad del mundo, sin embargo, después necesito saber cosas sobre mi misma y vuelvo a la necesidad pasota del personaje de “The quiet Man”, de Graham Greene, para poder seguir saboreando en profundidad lo que es la vida, guardándome las emociones que desespera tanto a los artistas del big bang, tan explosivo y temperamental. Achaco el cambio a mi favor,  a mi espíritu buscador de senderos muy distintos a mi, a algunos Shangri-lás improvisados  y que gracias a las meditaciones  aquietaron la primigenia mental madness, que progresivamente fuera  frenando un antiguo impulso primario y cavernícola de mis primeros años de adolescencencia, algunos que otros excesos imperdonables y con post arrepentimiento,  que me robaron la paz y la quietud tan anhelada y opuesta al mundanal ruido, donde la utopía de los paraísos perdidos podría llegar a ser una realidad,  incluso con la convicción y la conciencia  de  vernos a nosotros mismos como una divinidad interna,  capaz de desarrollarse en un cuerpo material…Y ser más extraña todavía.

En fin, No hay nada malo en intentar conquistar los senderos desconocidos que quizás por  esa ley que nos suele resarcir,  nos atrae tanto, y es  tan distinta en todo a nosotros. Obrando quizás como una sed desafiante y enigmática, para nuestro espíritu aventurero y fisgón, sin duda. 

Mientras puedo y los calores lo permiten, leo a Yogananda, los “Cuentos de Nueva York” de O’Henry, y tengo deuda con “Los “Buddenbrook” de Thomas Man, que mantengo aparcado hasta nuevo aviso y pendiente de renovar en la biblioteca, difícil empresa intentar el milkshake espiritual, la decadencia de una familia, y la aventura citadina y multicolor del cuento corto de O’Henry.

Ahora que me he cobrado una revancha,  se me ha quedado más tranquila la conciencia, un espíritu de justicia y algo de malicia tengo al constatar que puede que la justicia tarde pero llega. No es mi estilo ir por la vida cobrándome revanchas, pero vaya, que cierto alivio y airecillo fresco me devuelve a mi tranquila y serena vida. De paso he aprendido una lección: la gente que te adula dura poco, a la primera de cambio te lo quitan todo, por suerte no se puede vivir de vanidad y adulación, menos si viene de gente que iba disfrazada de lisonjas porque perseguía algo muy distinto. De momento yo Vine, vi y vencí, a aceptar que todo mal que se hace se paga, aún sin premeditación y alevosía. Ha de ser una ley de la naturaleza y que repara con creces lo sufrido.

Un veranito más para el relax. Quizás algún día encuentres tu fórmula perfecta para vivir igual que yo…Y mientras sirvo un cava de profunda y añeja historia y te digo: ¡¡Salud!!, damos paso a la esperanza de que quizás algún día tú también llegues a tu nirvana particular

Barcelona, 07 de agosto, 2010.

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01
Jun
10

EL SONIDO DE LA VIDA

EL SONIDO DE LA VIDA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Siempre tuve una suerte de extraño anticuerpo de recurrir a hospitales y médicos, pero a veces cuando ya tienes una cita anticipada, te vas haciendo a la idea, más cuando de esa prueba se esclarecerá el problema inicial de salud, que fue motivo del tedioso trasiego de idas y venidas a un hospital y visitas médicas.

El pasado día 13 me tocó pasar por la prueba del ecodopler y aunque rápida y específica, fue a determinar que la irrigación sanguínea que me llegaba al cerebro era la adecuada, entonces te ponen un gel en el cuello y con el llamado transductor lo van detectando en una pantalla y en 2 colores rojo y azul. El Doppler a color vizualiza el desplazamiento de los glóbulos rojos por las venas en color azul y en color rojo el de las arterias, además de fijar si existe estrechamiento de venas o arterias, según la turbulencia de la sangre y la dirección que toman en su desplazamiento o detectar alguna otra anomalía.

Esa asepsia de los hospitales y los aeropuertos en sus espacios, transmite a su vez una gran frialdad, sólo la idea de que algún mal nos acerca, se puede preveer; una gran monotonía parece vagar por todos los rincones, un espíritu de trabajo, de archivos, historiales y material quirúrgico, bastante especializado, que parece se incrementa según el día, la hora, la estación y hasta la dolencia… En fin.

Por suerte todo ocurrió bastante rápido, mi cita de las cinco de la tarde, muy tranquila y solitaria, me atrevería a decir, pues al parecer era la única paciente esperando en esa sección del ecodopler, y una ves pasado a la consulta y tendida en la camilla, bajo las indicaciones de una enfermera, tras el cruce de saludos de rigor, se presentó la médico encargada del examen y apagó la luz, una razón más para estar relajada en una penumbra bastante agradable. Enseguida procedió a su estudio ayudada de esa gran maquinaria de alta tecnología médica, de pronto oír esos ecos del torrente sanguíneo de mi propia sangre a lo largo del cuello, me dejó una gran curiosidad y asombro a un mismo tiempo, era un sonido maravilloso, lleno de vida y bastante peculiar, lo podría describir cercano al ruido que hace una sirena de ambulancia, pero más tranquilo, igual de impactante, entonces fue cuando pensé que estaba escuchando por primera vez “el sonido de mi propia vida”, y el del torrente de mi propia sangre, esa era la diferencia entre existir y no existir, entre estar en este mundo y no estar en él, y haciendo una relación inevitable, era muy cierto suponer que si nos pudiesen oír a todos los seres que pululan el planeta, todos emitiríamos sonidos espectaculares y de gran magnitud, por tanto éramos y somos unos seres que emitíamos grandes radiaciones eléctricas especiales, con música interior.

Así como hubieron e.mails que pudieron cambiar aspectos de mi vida y nunca llegaron, encuentros inesperados y sin embargo significativos, no sabía que podía haber estado esta prueba, como algo de vital importancia, para llevarme a pensar lo que en teoría sabemos sin haber experimentado, certezas como estas, llamémosles “acústicas”, de lo que somos o formar parte de todo lo que podemos ser en este gravitante y perfecto universo de mundos y astros de elípticas infinitas bastante lejanas, que también conocen y contemplan nuestros ojos en noches estrelladas. Un macro-cósmos imponente. Ello me llevó a la reflexión de que somos réplicas únicas y en pequeño de aquellas constelaciones enigmáticas, coloridas y musicales del gran universo viviente, una gran marea inmersa en sonido donde danzaremos, una suerte de valses vieneses, participando de una gran fiesta de constelaciones micro y macro universales sin par.

En medio de esa gran miríada de sinfonías yo me detuve a contemplar danzar la vida, las partículas del polvo, las ilusiones, los seres, los fantasmas, las nubes, aquel gran conglomerado fabuloso inmerso en esa melopea. Desprovista de apegos, como resistiéndome a aquella gran corriente e intentando detenerme, como un ser dilettante, a observar a través de un ventanal la profundidad infinita del existir…En el silencio cómplice, aún sin desear oír nada de aquellas resonancias y ecos, una sensación de vértigo y marasmo se apoderó de mi, sin lograr evitar en mis entrañas un incesante fluir de sensaciones: era la vida. A menudo me embargaba ante ella, una pesarosa sensación de lo irremediable y que mi ser entendía como el principio de la iniquidad.

Posteriormente al comentárselo a una amiga, que cree conocerme, me dijo: “Ojala recuerdes eso, cuando te hundas en tu lado más oscuro y cuestiones, tus por qués y tus razones de estar aquí, ahora”…Donde estaría enlazada al parecer alguna antítesis de la casualidad, algún milagro que yo nunca había tenido voluntad de comprender, ni haber deseado saber, sobre todo en mis peores momentos. Eran al parecer miles de astros con música y bellas sinfonías—pensé, en una permanente quietud — y un solo agujero negro que me quitaba en ocasiones el aliento y las ganas de vivir, algunas veces era una sensación de ironía socrática y derrota, y otras quizás deseos de jamás haber sido…

Barcelona, 20 mayo, 2010

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01
May
10

LA FACTORÍA DE FICCIÓN


LA FACTORÍA DE FICCIÓN
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mi amiga, la Cascada y yo, salimos comentando la fantástica película de Woody Allen: “La Rosa Púrpura del Cairo”, cuando descubrimos una puerta del Exit, ¿entramos?, me sugirió ella, yo moví negativamente la cabeza, mientras masticaba mis palomitas de maíz tranquilamente…Miré que la gente abandonaba la sala en una semipenumbra tras el final de la película, luego ella, interrogó en un tono de reproche: “¿por qué no podemos hacer algo distinto, alguna vez?, la miré confusa haciendo un gesto de “no sé” y como me domina un aire gamberril de picardía y gran curiosidad, le dije: “No es que estemos en un gran incendio, ni nos urge pasar por la salida de emergencia, peeero mira tú…—repuse alzándome de hombros —Me da igual salir por donde fuera…”. Ella me miró estupefacta y se le iluminó la cara con una gran sonrisa, como si  transgredir normas y seguir  juegos peligrosos fuera más excitante o como si detrás de la puerta del Exit, nos esperara un OVNI, maravilloso y multicolor, muy digno de ser visto por las dos…

Tras empujar aquella puerta de metal, nos escurrimos tras unos feos laberintos, la cara de mi amiga parecía reflejar el desencanto de una aventura fallida, pero de pronto la voz de un hombre negro, vestido de frac y pajarita, nos sorprendió: “¿A dónde bueno Señoras?, les recuerdo que este es un camino vedado al público asistente”—concluyó, mirándonos de hito en hito, con cierta intimidación, Taty y yo observamos el gran cortinaje color burdeos que tenía detrás, orlado de finos bordes o simulados hilos de oro, divagamos con los dientes albos y deslumbrantes del buen hombre, más bien correcto y amable en su misión…

—Espere, señor, —espeté yo—haciendo buen uso de mi educación. Según mi madre,  nunca fallaba tratar con gran respeto y cortesía a un portero.
—Mi amiga y yo venimos del Daily Mirror, fuimos invitadas para estar presentes, —inventé enseguida,  y así continué hilvanando una historia imaginaria, muy segura de mi misma,  dando cierto aplomo a mi respuesta.
—¿Y usted es…?—le preguntó a Taty—Ella me miró brevemente instándome a que yo siguiera con mi cuento chino…
—La fotógrafa Taty Waterfall—repuse, traduciendo su apellido. Y yo la reportera del evento Gina MC Pik ’Art.
—Oh, señoras mías, mesdames—dijo el hombre de color de la puerta, con un gesto de arrepentimiento. Sin duda ha sido un error, podréis pasar enseguida…

Taty, me miró interrogante e insegura y yo di muestras de haber sido ofendida y dando unas grandes zancadas, como alma que se lleva el diablo,  traspasé esos gruesos cortinajes, que el portero me ayudó a franquear, levantándolos con un brazo, mientras yo arrastré de  una mano a Taty e ingresamos con la presteza de una ilusión desconocida.

Cuando estuvimos distantes al hombre de la portería, le pregunté a Taty casi en un susurro:
—¿Trajiste tu cámara de fotos verdad?.
Ella, abrió su bolso y me la mostró, entonces yo di un hondo respiro.
—¡Vaya, menos mal!. Todo iba saliendo bien.

Habían amplios salones iluminados y la recepción parecía de película, súbitamente habíamos hallado una gran fiesta tras la puerta del Exit. Había una gran cantidad de rostros conocidos, gente a quienes yo creía haber visto unas tantas veces, que ya parecían familiares…De pronto Taty, exclamó: ¡Mira es Hemigway!…

—Sí, es verdad.—dije constatando el aspecto de ese hombre que parecía dar muestras de aburrirse entre esa multitud, e iba cogiendo copas de champaña servidas de una bandeja.

Taty, muy astuta ya había detectado que sus libros estaban por allí, sobre una mesa y cogiendo uno se le acercó a Hemigway, diciéndole:

—¿Señor Hemigway, me haría el favor de firmarme esta gran novela?.
Ernest Hemigway pareció salir de su abstracción y volviéndose a mi amiga y reconociendo su libro sonrío y dijo:

—Claro, por supuesto. —mientras rebuscaba en el revés de su chaqueta un bolígrafo.
—Para Taty, Waterfall —dijo ella, a la vez que Hemigway pareció garabatear el libro. Cuando se irguió el escritor nos miró a las dos y nos dijo:
—Esta es una noche esplendorosa, aquí no sólo podréis divertiros sino que disfrutaréis del talante y el humor de estas viejas glorias y haciéndonos un agur con la mano se despidió de nosotras, dedicándose a recorrer las mesas, como un condenado con una copa de champaña en la mano, y tras encontrarse con Scott Fitzgerald,  quien hacía lo mismo, nos olvidó por completo.

A lo lejos vimos al  calvo, seductor y talentoso pintor Pablo Picasso, parecía más enano al lado de la deslumbrante y altísima Rita Hayworth, pero él no se arredraba, por el contrario parecía retarse a sí mismo, tirándole los tejos y haciendo un alarde de su gran personalidad con las mujeres, haciéndola reír mejor que un bufón  al rey Arturo.

Ray Charles le arrancaba notas de jazz al piano y mi amiga, la Waterfall, emotiva y siempre al borde de las lágrimas, lloró de emoción al descubrir a su pintor,  Picasso. Más de una vez la tuve que calmar y evitar echara por tierra el trapicheo y las argucias del pintor malagueño con la Hayworth, deseaba tocarlo como si de una escultura se tratara, es tan sensorial que el efecto Picasso le resultaba tremendamente magnético.

Luego Taty, miró la gran mesa de pull y exclamó:

—Mira, ¿no es allí donde podremos jugar?…¡Oh, Marilyn, James Dean, Elvis Presley!..y este…¿cómo es que se llama?…
—Humphrey Bogart—concluí yo. —Sí, es fantástico ¿y todos apostados en esta fiesta?.
—Venir, venir —Nos llamó de pronto Elvis Presley. Nos acercamos y nos saludó muy amablemente y nos dijo en un tono confidencial:
—Esto a mi me huele a chamusquina, ya veréis los celos que se empiezan a sentir por este gran recinto…¿reporteras?.
—Así es, Gina MC Pik ‘Art y Taty Waterfall, reporteras del Daily Mirror, señor Presley, le dimos la mano y nos dijo haciendo un embudo con la mano:
—Si tenéis paciencia, aquí se desatará la de Dios…—profirió riéndose, mientras se golpeaba con el taco del billar una mano, pero antes de que se fuera del todo hacía la mesa de pull, Taty le hizo una seña y le dijo:

—Ssss….¿Puedes convencer a tus amistades para que posen y yo les haga una foto en esa mesa de pull?…Mientras tanto sacó del bolso la Nikon D90 digital y la preparó rápidamente para una foto. Elvis asintió muy simpático con nosotras mientras dirigiéndose a Marilyn, Jamés Dean y Humphrey Bogart, les dijo:
—¡Hey, unas amigas mías del Daily Mirror desean haceros unas fotos, posar para ellas…Marilyn dubitó y se llevó con cierto automatismo una mano hacía su rubia cabellera y sonrió, tenía un gran glamour, pero enseguida decidió sentarse sobre la mesa del pull, Humphrey Bogart más bien poco simpático y soso se quedó sentado en la misma silla, como pensativo, James Dean posó como quien va a disparar un tiro,  Elvis cogió el taco de billar y se lo puso al hombro, fue cuando nuestra fotógrafa buscó su mejor ángulo y sonó el opturador…Enseguida, Marilyn  río estruendosamente y nos saludó con la mano amistosamente desde la distancia.
Taty, me preguntó bajando la voz:

—¿Y eso fue para nosotras?.
—Sí, eso creo, —dije intentando responder con más sonrisas a las sonrisas a Marilyn.
—¡Hey, Norma Jean!— reclamó James Dean a su vez—has jugado muy poco en esta mesa, todavía  me debes ganar…
Pero Marilyn dejó esa mesa de pull y le pidió a Elvis que le tocara esa vieja canción que le gustaba, entonces nuestra Taty Waterfall, volvió a fotografiarlos, pero descubrió que su cámara los tomó en blanco y negro…
—Estas atinada hoy, no te pierdes una…—le dije yo.
—Mira esta pequeña —dijo Taty, señalándome a la risitos de oro que iba comiéndose los pastelillos de la mesa.
—¡Ah, yo sé quien es!. ¡Si es Shirley Temple!, amiga de mi madre…baila de maravilla, un zapateo que pa qué… y actúa como una gran estrella…
—¿Qué dices, cómo va a ser amiga de …?
—Vivieron en la misma época y hasta le respondió alguna carta, era su fan…
—¡Ah, comprendo!…—dijo Taty, distraida… Gina, fíjate con disimulo—me dijo—es imaginación mía o Bette Davis, aquella del sofá,  me ha guiñado un ojo, la he mirado dos veces y en las dos veces  ha intentado captarme la atención así…
—Es como dice Elvis—repliqué—aquí todos están un poco majaretas y no tardarán en armarla…

Ni bien terminé de decirlo y Picasso arreció una sonora bofetada a su novia Dora Maar, que paralizó la fiesta, todos los ojos se volvieron hacia ellos, parecían petrificados e incrédulos con el espectáculo, la pobre Dora, cubierta de llanto y con el rostro enrojecido, corrió despavorida hacia los lavabos, que a punto estuvo de quedársele un zapato, como avergonzada por tan bochornosa exhibición de celos, furias, perversidad de parte del pintor y un estilo deplorable de bravucón, camorrista. Encima, mirando a todos hizo ademán de limpiarse las manos…Enseguida se aproximó oportunamente Scott Fitzgerald quién intentando quitar hierro al asunto  dijo muy fuertemente: ¡¡Vidas Privadas Señores!!…Entonces la concurrencia intentó desentrañar el complicado entramado de la pareja por su cuenta y riesgo, entre cuchicheos y murmullos, girándose e intentando disimular el mal momento sufrido por Dora Maar, quien acompañada de un séquito de señoras cotillas y chismosas, lloraba amargamente sus celos por intentar poner en su sitio a Picasso, sin conseguirlo, pero tampoco él se hizo un gran favor, desde aquel día Rita Hayworth lo detestó como a la peste, porque el suceso en cuestión le hizo muy mala prensa internacional. Por allí se rumoreaba que la relación Dora y Picasso era del mas puro estilo sado-masoquista, una bomba explosiva y temperamental, por eso él era especialmente cruel con Dora Maar a quien siempre la retrataba llorando.

—¿Ese es tu Picasso?—interrogué  a mi amiga—Lo que es yo, no lo quiero ver ni en pintura…
—Lo sé. —dijo ella afligida— él será un gran pintor, pero Dora tampoco se merecía eso…Son temperamentos explosivos de artistas—apuntó.

En medio de todo el rumor de las conversaciones por suerte y de pronto Taty empezó a reirse y alzando una mano  saludó, cuando me volví saludaba al Rey del Pop, Michael Jackson, que hablaba con la bella Liz Taylor, quien intentaba ayudarle a limpiar su guante blanco manchado de mermelada. Un  Jackson al descubierto por la aguda mirada de Taty,  logró sonrojarse como un niño pillado infraganti y apenas saludarla inundado de una gran vergüenza.

—¡Hey, chicas del Daily! —nos llamó James Dean, súbitamente y se nos acercó. Las invito a pasear en mi nuevo coche, mi pequeño bastardo, es un gran Porsche Spyder 550, fantástico y único…Dicho esto me entregó su tarjeta.
—Enhorabuena por esa adquisición James, quizás nos apuntemos para salir contigo, mi amiga y yo terminaremos nuestro reportaje para el periódico y quizás quedemos uno de estos días, esta es mi tarjeta…
—¡Fantástico!,—cogió la tarjeta la miró por ambos lados y repuso antes de guardársela en el bolsillo.—Gracias, sí, las llamaré una de estas tardes…
—¿Por qué nos mira tan extrañamente ese Humphrey Bogart?—le pregunté a Taty…
—Muy fácil, hace 2 semanas se querelló con el Daily, ¿ya no lo recuerdas?. Difamaciones publicadas, aludió…
—Es verdad, claro ya lo recuerdo, este vino de Burdeos esta buenísimo…Espera, esa es Rita Hayworth, me encanta en su película “Gilda”, y es tan asombrosa como en el cine. —apunté…Le hice un ademán de brindis con mi copa y me respondió con el mismo gesto, desde la distancia  y muchos se quedaron mirándonos…Para ellos éramos grandes amigas y me hizo muy feliz…
—¿Te comportarás verdad o es efecto de ese vino francés?—repuso mi amiga,  la Waterfall.
—¿Pero tu la has visto cantando “Put To Blame On Mame”?, es única e irrepetible…

Aquella noche, salimos del Exit, como en una nebulosa, los caminos parecían cortados y en perspectiva cubista, sólo recuerdo que mi amiga Taty me llevaba hacia casa, diciéndome sin parar: “Ay, la MC Pik ‘Art, qué embriagada ha estado esta noche,… sólo te restará dormir y mañana será otro día”…

Yo no lo hubiera creído si Taty no acreditara con sus fotos lo vivido, es más, al lavar mis vaqueros desteñidos rebusqué los bolsillos y encontré la tarjeta de James Dean intacta,…Él ya no está en este mundo y todavía yo espero su llamada y el paseo en el gran Porsche Spyder 550, fantástico y único, como la gran factoría de ficción que triunfa cada anochecer en alguna puerta del Exit…

Barcelona, 01  de mayo, 2010.

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12
Abr
10

REGRESANDO AL SLOW LIFE

                     

LA VIDA EN GRIS
(REGRESANDO AL SLOW LIFE)
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Ahora sé que se terminaron mis prisas, mis carreras inútiles por llegar a esos laberintos, mis impaciencias por lo imposible, me bajo de aquel carrousel de sueños rotos, de aventuras a golpe de caballo, abandono la mágnum 44, con la sumisión y la certeza de que se acabó la guerra, me inunda un cansancio como el peso de los años, los amores y la vida, de los que ahora no deseo saber nada. Quizás todavía circunda un leve olor a pólvora en el aire y los vestigios de la guerra que me torturó y cansó, asoman tras el polvo y la refriega. Quizás he muerto, no lo sé. ¿Quién ha regresado de allí para contarnos lo que es morir?  ¿Quién sabe en qué nos convertimos después de una gran contienda dolorosa? ¿Pasaremos a ser fantasmas difusos, divagantes y solitarios?. Como fuere, yo abandono mi instinto de peligrosidad para quedarme en la molicie, para empezar a perder el imperativo del tiempo, el sentido social del deber, la persecución inútil de las ilusiones de insomnes y en exceso concientes, para intentar recobrar mi luz, mi paz, mis condiciones imperecederas y constantes, que por suerte me acompañan aún tras las aparentes derrotas y me mantienen erguida y consecuente con mi propia verdad.

Es una primavera extraña y con lluvia, y yo vivo la vida en gris, porque me alivia, porque quizás así me olvido un poco también de las ilusiones fulgurantes que me producen fotofobias al asomarme al ventanal, porque me dan idea de las tardes de octubre: plúmbeas, cansinas, adormecidas y tan poco excitantes y también silenciosas porque las golondrinas abandonaron ya para entonces sus nidos  y se fueron con la música a otra parte, para dejarnos un gran silencio melancólico. Pareciera me equivoqué de estación, pues estamos en abril, y tal vez desentono con aquella efervescencia inequívoca de la primavera, donde la gente gusta  vestir con más colores, hablar y reír más, salir y comprar más, quizás para compensar otras infelicidades, para suponer que así resuelve sus problemas y pasan del cartón piedra al papel, donde se puede escribir un poco de todo, como dijera John Locke,  en una tabula rasa, lo que sea, si luego se agita le désir de vivre, como el jolgorio de las aves al reverdecer los campos.

Sí, yo me quedo en la antigua caricatura de lo que fuimos, como en la película Pleasantville, en la inocencia y el desconocimiento de las cosas, en el blanco y negro, después de emular a los locos, de intentar vivir a salto de mata, trasgrediendo unas leyes que no se inventaron para mi, después de ir como los kamikases  temeraria y peligrosamente, riéndome del mundo, de los correctos y los sabios, e intentar fórmulas bien pensadas de suicidio, para perfeccionar la técnica de desaparecer sin dolor y huir del sin sentido…Me detengo a mirar el día detrás de las cortinas y recuerdo que pedí un día más de prórroga, el día aquel que me sentí morir, con mi sonrisa patibularia, yo misma no lo podía creer, después de tantos coqueteos con la muerte, de ir fraguando y maquinando la fórmula final, deseando caer en la misma tentación de Elías Canetti: “desparecer y no ser encontrado, gran tentación” decía él Nóbel de Literatura,  habría sido la gloria…Pero allí estaba yo, acobardada en una hora final, deliberando con mi hacedor alguna posibilidad de permanecer en el lado conocido de las cosas, ¿pero quien sabe cuándo cruzamos el imperceptible velo de los mundos paralelos?…Si te veo y no me ves, si me hablas y no te oigo, si en verdad nos acogieron ya los fantasmas  con su estilo de gran envergadura, amable y siempre gris, con bastón y con saludos de bombín, menuda entrada a la vida gris y sin color.

Pero, ya que no debo apresurarme  y me acojo al puro estilo del Slow Life me quedaré mirando tranquilamente crecer la hierba, como James Dean en Gigante con la lentitud del tiempo a mi favor, intentando hallar pequeñas grandes  bellezas del mundo y de la vida,  hasta  llegar a encontrar el mundo y su amalgama de color, poder sentir esta nueva primavera y quizas hasta volver a soñar otra vez con irremediables e imposibles,  que debería evitar.

 
Barcelona, 12 de abril, 2010.

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25
Mar
10

LOA A LAS AMISTADES PELIGROSAS

LOA A LAS AMISTADES PELIGROSAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mucho se ha hablado del mito de Peter Pan, el eterno niño que no deseaba crecer y vivía en el país de “Nuca Jamás”. También es cierto que las mayores preocupaciones de nuestros padres fueron aquellas en las cuales era preciso no tropezáramos con cierto tipo de gente de nuestra edad, un tanto peligrosa, por su tendencia a influenciarnos y llevarnos supuestamente por un mal camino. Pero yo creo que más fueron los temores a la real peligrosidad, creo que hubo más sobre-protección, más miedo a que descarriláramos tan pronto de sus lineamientos, eso más bien, más idea que realidad. Loa a mis amigos y amigas más peligrosos que pudiendo crecer desearon ser niños eternos como Peter Pan y estuvieron siempre más allá del bien y del mal.

Hago una loa a mis amistades más peligrosas y más inquietas, porque me permitieron ser niña de verdad, tomarme la vida en broma, explotar en mi la vena más gamberra y poder ser una líder creativa, porque tuve que inventarme juegos para tenerles ocupados y generar entusiasmo en mi panda, así nunca dejé de ser la bluestocking del barrio, aún teniendo que generar discordias internas en algunas mentes de mis vecinos, que me veían pertenecer a esa edad ambigua de androginia y desde entonces ya rezaban por mi, porque fuese buena, estudiosa y no un problema para mis padres, con tanta inquietud desatada. Agradezco a mis amistades anónimas en el tiempo, por ayudarme a ser políticamente incorrecta, poco solemne y por darme la chispa para tener una actitud siempre transgresora y desafiante, por coadyuvar en mi a ser esa especie de enfant terrible y por suerte sin remedio; sin embargo, nada liberó a mi espíritu aventurero e inquisitivo de ir quemando etapas y seguir tras los laberintos e incógnitas que me presentó la vida, sin tener que acumular lecturas y leer a Dickens, Oscar Wilde o Lewis Carrol, o escuchar demasiado a Mozart o Chopin…aún sin ello, aprendí a ganar y a perder, a saber hallar entre los otros mundos el mío.

Creo es ventajoso tener unos padres que pese a todo crean en ti, que te otorguen el derecho a equivocarte, a ser imperfecta, que no esperen que tengas siempre que emular a los adultos y tengas ya los escarmientos que sólo te dan los años y los golpes. Si tienes buenos genes y además buenos padres, siempre serás la que estabas destinada a ser y si además te acompaña el sentido común, intuición y buena orientación, sabrás de sobra cual es tu camino, aunque tengas alma de marinero y el cotidiano y las amenazas más relevantes sean los naufragios y los conatos de suicidio, aún cuando la aguja de bitácora te destine hacía lo desconocido, tendrás un buen diario de a bordo y llegarás a buen puerto.

Loa a los grandes amigos y amigas más peligrosos, que sin saberlo me sacaron del camino de todos los demás y me ayudaron a mirar el carrusel desde algún rincón tranquilo y dejarme suponer que ese mundo era el de los otros, y que el nuestro estaba justamente en una galaxia distinta, donde nuestra alta peligrosidad era el detonante y el motor de nuestros sueños e ilusiones, que hicieron más felices y distintos esos días, y me llevaron a la certidumbre que el tiempo del compartir era preciado. Agradezco a los amigos y amigas más peligrosos del planeta, porque tuvieron fe en las cosas supremas que no se ven, que acompañaron mis silencios, mis esperanzas y mis anhelos y formaron conmigo otro mundo de verdad.

 

Barcelona, 25 de marzo, 2010.

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05
Mar
10

ARTIFICIOS Y EL ARTE DE SABER NO ESTAR

 

      ARTIFICIOS Y EL ARTE DE SABER NO ESTAR
              (Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Muy a mi pesar llegué a la Vernissage de arte del barrio gótico de Barcelona,  con mi amiga rusa Tatiana Kruvchenko, pero pronto fui descubriendo que me podía ser de mucha utilidad. Su estilo a lo Old Star en rebajas, su mirada perdida e indefinida, de estar mirando sin mirar, como recién acabada de bajar de una nave espacial extraterrestre, como perdida, bohemia y advenediza, arrastrando un poco las palabras y dando aspecto de caótica alcoholizada, me hicieron suponer, que bastaría presentarla, para que todos se fijaran en su exotismo y vinculándome con ella, quizás  yo podía recobrar un poco mi fama de asistente, solidaria con el arte y también con esas amistades artistas y a veces un pelín extravagantes que empiezan a descollar.  Sin embargo; anhelaba terminar yéndome por alguna pequeña y maltrecha puerta de la trastienda, huir de ese desconcierto, como la estela de un perfume zigzagueante que estuvo y no está, y tal vez hasta terminar diciéndome a mi misma la célebre frase de Rimbaud: “Yo es otro”;  yo,  puestos a pensar, que siempre había ido como buscando alter egos, sustitutos que me permitieran vivir otras vidas, gente que apañara un poco mis ausencias de apariencia inesperada, unos espejos que hablaran de mi sin tener que mencionarme.

Miré de refilón a la Kruvchenko y pensé que estaba estrafalaria, parecía ausente, cubiertas sus formas en tules, algo de cristalino y humo de tabaco tenían sus ojos, por eso pensé que todas las formas de la ausencia, tenían un poco su aspecto, su imprecisa vaguedad y su aparente formato de no pertenecer a ninguna parte, de no encajar ni aquí ni allí, sin embargo, era básicamente sensorial y emocional, un poco las partes de mi misma que yo había pasado la vida entera por intentar domar  con meditaciones trascendentales, relajación y tomas de conciencia elementales,  que me habían ayudado a controlar impulsos y venenosos exabruptos, en contadas ocasiones… Había llegado mi momento de jugar, de tomarme la vida en broma, de intentar escabullirme aprovechando el éxtasis que suelen provocar algunas obras de arte, los exquisitos canapés, el rincón de las bebidas, la multitud en la galería Dampier. Eh allí, la excusa perfecta, pero debía aguardar que la Kruvchenko se sumiera en una nube, que empezara a flipar con algo, en ella era fácil, amaba el arte, estaba fascinada creyendo que en cualquier momento iba a salir en portada de algunas revistas, que su atuendo atraería a los flashes  como a las moscas, el dulce, la muerte y lo que empieza a fermentar y a cambiar su esencia.

Me dejaba llevar por los matices de lo transitorio, sin ganas de intercambiar palabras con el gentío risueño y de apariencia feliz, yo misma apenas me dejaba seducir por los comentarios de la kruvchenko, intentando seguir la estela de su mirada embarrada en un negro rimmel de pestañas, que parecían seguir marcando el ritmo de sus palabras, yo hacía de acompañante fiel de mi amiga un tanto majareta y delirante, ansiosa siempre de ser vista, de poder lucir sus atuendos, sus extravagancias, pero en realidad éramos totalmente distintas, yo muy pocas veces estaba cómoda en ciertas multitudes, habían días de tener la vena gregaria y otros en fin, que habría deseado ser transparente. Al instante se nos acercó una vieja amiga catalana que no me reconoció por suerte: Fina Andréu, encargada de eventos y con cierto radar de intuición femenina que nunca falla,  nos dijo en catalán:

“Esteu còmodes aquí?. Desitjan tan mateix alguna guia que els expliqui?”. A mi negativa de cabeza, la encargada nos siguió interrogando con su habitual y exquisita educación y  continuó: “Més enllà podeu fer servei de l’ho que vos agradi senyores…”

—Gracias —dijo la Kruvchenko cerrando levemente los ojos, un tanto cansada de andar de arriba abajo,  halagada y empecinada en destacar a un mismo tiempo.

Desde entonces nuestra visita se tornó mucho más errática y desconcertante. Y mientras mi amiga Tatiana parecía buscar los objetivos de los flashes, yo intentaba encontrar alguna pintura interesante por aquel recinto, ella iba de diva en decadencia y yo de espectro de salones de exposiciones de arte… Ella parecía llevar los amarillos de las primaveras y yo los grises de las tardes de enero. Yo tenía la extraña necesidad de volver a jugar y tomarme la vida en broma, ella deseaba al parecer ser muy tomada en serio y no ser olvidada en alguna foto de algún vespertino local. Se acercó una chica hacia nosotras, otra encargada de eventos posiblemente y nos preguntó a Tatiana y a mi nuestros nombres y apellidos, que tomó muy tranquilamente, porque como nos anunció dentro de unos breves minutos al parecer se iban a rifar entradas gratuitas a conciertos, regalos o alguna escultura para los asistentes. Tatiana dio sus nombres y apellidos, yo no tuve tiempo de inventarme alguno y tuve que dar los míos, por ser los que tenía más a mano.

Cuando mi amiga me dijo que debíamos ir un rato a los lavabos, la acompañé y nos retiramos brevemente de allí, hacía calor en el ambiente y de pronto entre todo el barullo oí por megafonía que me llamaban, decían mi nombre, me quedé muy desconcertada y le dije a mi amiga por detrás de esa puerta: “Me llaman, ¿lo has oído?” y me respondió gritándome: “Tenemos que acercarnos allí” me pareció oírla desde  un fondo lejano. Con aquella sensación de provisionalidad y escapista prestidigitadora miré a diestra y siniestra y pensé que podía pasar de incógnita, nadie lleva su nombre marcado en la frente y mirando a toda esa concurrencia que se aglomeraba en cierto lugar pasé mirándoles a todos con cierto descaro, mientras volvieron a mencionar mi nombre, abandoné en los lavabos de aquella fría galería a la Kruvchenko y me volví antes de abandonar súbitamente, por si me había visto o salido ya, pero no me vio, estaría encerrada aún.

Al llegar a la calle fui conciente de mis ansias de renuncias irrefrenables, de perder pudiendo ganar, un impulso desconocido me había llevado hasta allí, un frío helado me trajo a la realidad, era febrero y por las calles se oían unos festejos por  carnavales, y una multitud de danzarines recorría las calles vestidos con atuendos luminosos y festivos, bastante carnavalescos, mientras se tocaban unos tambores y bailes made in Brasil, yo debía bajar hacía el aparcamiento, pero en cambio avancé unas calles más arriba, y de pronto un acto reflejo me llevó a mirar hacia esa puerta de la galería Dampier  del barrio gótico, cuando me pareció distinguir a lo lejos a la Kruvchenko, mirando a un lado y a otro, al encontrarme con los danzarines yo le pedí a un muchacho adolescente que me prestara su máscara, era una hermosa máscara veneciana, la miré levemente y me la puse uniéndome a esa marcha carnavalesca, enseguida un Pierrot se despojó de su atuendo de rombos multicolor y me lo dio, no lo podía creer, pero en segundos me había unido y convertido en una paseante anónima y  activa carnavalesca de aquella celebración, yo estaba alucinando, aquella marea me impulsaba a seguir y seguir, provista de mi máscara veneciana y mi traje de Pierrot, pasé por la puerta de la galería Dampier y Tatiana expectante y cubierta  de su abrigo de piel, estaba detenida en aquella puerta indecisa y turbada, mirándonos pasar,  la miré y le envié unos besos volados sabiendo que ella jamás me reconocería detrás de aquella máscara y disfraz, y ella reparó en mi con un pañuelo en su mano, y me dijo adiós, supuse que me estaría buscando e iría después hacia el aparcamiento para cerciorarse si yo ya me había marchado de esa galería. Me dio un vuelco el corazón poder pasar desapercibida de ella y de todos, desaparecer para todos era en verdad fantástico, alucinante, pero una gamberrada insólita dentro de todos los absurdos que pudiera vivir alguien alguna vez.
 
Cuando llegamos a la esquina de la misma calle, me volví a mirar hacia Tatiana y ya no la vi,  entonces me deshice del traje de Pierrot y se lo di a otro bailarín, corrí fuera de esa gran multitud de danzarines alegres y festivos y ni siquiera reparé que aún llevaba mi mascara veneciana cubriéndome el rostro, bajé al aparcamiento y no encontré a la Kruvchenko, allí estaba mi coche, pero no podía irme sin ella. Muerta de frío me metí al primer bar que hallaron mis ojos, la máscara era bella y me quedé mirándola con cierta tristeza de un final de fiesta, reteniéndola entre las manos, grande fue mi sorpresa al descubrír que mi amiga Tatiana Kruvchenko, estaba sentada en una mesa tomándose un café, le di una palmadita en el hombro y volviéndose  grito una sarta de  palabras irrepetibles de sorpresa y enfado… Miró la máscara que llevaba en mis manos y preguntó:

¿Y eso?
Un regalo de un Pierrot carnavalesco que pasaba cerca.
Ya, uno que mandaba besos…¿Un regalo? . Eso creía yo que te habías ganado en esa galería cuando te fuiste a mirar el premio y desapareciste. Mira — me mostró una escultura envuelta en un papel de regalo, que parecía “El Pensador” de Rodín, pero en otra pose y tallado en madera.
Me gusta, es muy bonita, ¿y es mía?.
No, era tuya, ahora es mía, la recogí yo en tu nombre. ¿Y tú donde estabas ah?. Ya me verás mañana en las fotos del diario “Culturnet”
¿Yo?,mm… Bailando en los carnavales…
Sí, —dijo ella irónica—Y vestida de Pierrot mandando besos, ¡¡vaya hombre!!…Y una que es tonta y se lo va a creer.

Barcelona, 05 de marzo, 2010.
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04
Ene
10

SUCESOS DE LA LUNA ENFERMA

 

SUCESOS DE LA LUNA ENFERMA
(Por. Gina Martínez-Vargas Araníbar)

En mis manos había caído un manuscrito inédito de un oscuro escritor, al cual supuse benedictino y de convento, pero que alguna vez se enamoró y abandonó sus deseos de confinarse para siempre entre las habitaciones frías y empedradas del Monasterio,  perdiendo así sus privilegios de vago-contemplativo, tuvo que hacer de Okupa en algunas casas abandonadas, mientras las musas de la escritura lo poseían e iban poblando su raciocinio de salidas inteligentes e ingeniosas, mientras su libro se iba llenando de páginas y más páginas. Lo llamaré K* por su gran parecido con Kafka, por su intrincado mundo poblado de pesadillas y contradicciones, por sus amores denostados y poco comprendidos, por sus abandonos y negligencias, siempre sobreponiendo a todo y a todos su gran amor enfermizo hacia la literatura. Su mal, no obstante, gratificante y literario, al que el escritor catalán Enrique Vila-Matas dio en llamar: “el mal de Montano”. Un amor desmedido por las letras, la escritura, el embrujo de la palabra impresa y escrita antes que narrada oralmente, con la memoria muy llena del anecdotario y la fraseología de sus protagonistas más eximios, todos ellos harto atormentados en sus momentos de supuesta lucidez, en sus raptos de gran ensoñación, quizás en busca de un algo desconocido parecido a la felicidad y artilugio de evasiones más que deliberadas, para huir del tormento de lo que significa soportar una realidad amarga, nada platónica, poco divertida y con escasas opciones para salir por las puertas del exit, de todas esas historias que significan vivir pisando tierra…Insoportable anhelo del artista, que prefiere mil veces encaramarse al follaje de cualquier árbol, para intentar un vuelo ideal, complicado, dulce, como receta a su mal de Montano…

K*, enamorado de una mujer parecida a una madame Du Barry, amante maitresse de Luís XV, aún casto en casi todos sus pensamientos, tuvo que dejarse pervertir muy dulce y progresivamente, hasta llegar a descubrir un mundo nuevo de la mano de su novia; sin embargo, un buen día se derrumbó y cayó en una terrible crisis existencial llena de preguntas y repreguntas, que no lograron liberarlo de su apatía y duras contradicciones. No era él, se dejó crecer la barba, dejó de sentirse cómodo en este mundo y creyó que debía suicidarse. Ya para entonces su libro inspirado y maldito estaba lleno de páginas a las que llamó: “Sucesos de la Luna Enferma”. Pero el empeño obstinado de su novia lo impidió. Él sin embargo, haciendo acopio de su ya poca santidad, trasladó su noviazgo a la trastienda de la realidad y huyendo hacia Internet, desde donde afirmó sentirse más cómodo, envió tarjetas electrónicas a su no menos enardecida novia, ramos de flores, corazones, mientras ella lo acosaba cada vez más, solicitándole besos y más besos. ¿Besos?, se preguntó entonces el ex monje.¿Pero cómo se dan besos a una novia por Internet?, se interrogó el solicitando un S.O.S que colgó en un foro de los forofos de Internet, que iba precedido del siguiente epígrafe: “¿Cómo besar por Internet y no morir en el intento?”, las respuestas de los foreros menudearon y no tardaron en llegar. Unos decían que besar por Internet era posible, se ponían los emoticones de los labios rojos o mejor aún de los labios rojos que dicen sonoros: ¡¡muach!!, muach!! y ya estas besando…Otros decían que bastaba acercarse a la web-cam con la boca en puchero y bastaba, las opiniones de algunos cubanos lo sacaron de quicio a K* cuando le aconsejaron que debía de mostrar “la bemba colorá” y punto, el beso estaba hecho…En el infinito posible de los besos virtuales, era posible besar sin morir en el intento, pero nuestro ex monje ruborizándose ante las solicitudes de su novia tipo madame Du Barry, se hacía un lío, ni aún en la trastienda del Internet lograba ser un tanto desinhibido y a veces le seguían rondando ideas de santidad y pensaba en el suicidio de los desencantados con la realidad mundana.

Fue en ese trance cuando yo conocí a K* y me dijo: “Soy un amante perfecto, pero de las letras de la A a la Z”, luego me sonrió y añadió: “Hombre, claro, que de a pocos uno se va haciendo mejor amante, eso es seguro… Créame o no, estoy perdido en el dilema de amar sin ser visto… Internet me permite llegar a ejercer el complicado compromiso de las letras y amar virtualmente…”.

—Un momento Señor…

—K*…—completó él mismo.

—¿Qué es ese galimatías de ser el amante perfecto de la A a la Z?, y ese otro intríngulis extraño de amar virtualmente?. —dije, un tanto molesta.

—Bueno, todo no se puede tener, amor a una novia, amor a un Monasterio, la carne, la santidad, los besos volados y castos y los otros que no lo son tanto…—expresó él.

—Supongo que deberá usted casarse o meterse al convento. —repliqué muy convencida.

—Allí esta el dilema, ha dado usted en el clavo, ese es mi mayor problema mujer, abandonar los hábitos y hacerme laico o seguir el mandato de la carne.

—Pero Señor K* yo no le voy a decir a usted qué opción deberá tomar, es su vida, es su decisión. ¿Pero tiene usted alguna novia o todavía?.

—Ella,…la,  la condenada  Du Barry esa…jaja—río mientras su rostro se tiñó de encarnado al ruborizarse súbitamente.

—¡Ah, pillín esta usted enamorado!—dije cogiéndole una manga de su atuendo de fraile franciscano.

—Ssssss….—arrastró una sibilante “ese”, invitándome a callar.—Es mi secreto, de no haber entrado a este terrible dilema, jamás se lo habría confiado.

Esa misma tarde en la piazza Vittorio de Roma, viendo volar a las palomas, me confesó entre lágrimas el ex monje: “Ho pecato, amo questo, il cosiddetto Du Barry”

—Pero esa es una confesión mi querido Señor K*, —aseveré risueña—. Es un milagro.

—Ya, — pero fuera Monasterio, vida contemplativa, a mis años, viviré de Okupa o la caridad de los seres humanos que es escasa…

—¿Pero no era usted un gran amante?.

—De la Literatura —sentenció él. —Le dejo mi querida amiga el único libro que escribí sobre mis grandes sufrimientos y dilemas…—dicho esto me dejó en las manos: “Sucesos de la Luna Enferma”.

—Fantástico —dije, mirándo esa carátula donde se veía una luna y un fraile de rostro desmejorado y macilento. ¿Esto quiere decir que se casará con la señora esa?…

Chi lo sa…Si me gana la partida del ajedrez o del billar 3D por Internet…—dijo soriendo socarronamente.

Aquella tarde me fui preguntándome más bien, todas las grandes dificultades y equivocaciones del camino hacía la santidad, sobre los grandes dilemas que en extremo tiene un ser que deliberar consigo mismo. Nosotros pobres seres amantes de todo lo bueno y lo santo de este reino de un Dios o de un Diablo, para llegar a conocer el verdadero apostolado de lo que significa vivir pisando tierra. Por cierto, desde aquel día, el señor K* pasa inadvertido vistiendo de sí mismo entre la gente, quizás lleve su “mal de Montano” o desmesurado amor hacia los libros y la literatura, pero creo de algo le habrá servido despojarse de “Los Sucesos de la Luna Enferma”. Un Papageno y un Tamino unidos y felices quizás, símbolos opuestos de la eterna lucha de los poderes entre la luz y la oscuridad.

Barcelona, 02 de enero 2010.

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REGISTRO PROPIEDAD INTELECTUAL

27
Nov
09

MENTIRAS ARRIESGADAS

MENTIRAS ARRIESGADAS
La Presencia de mi Ausencia

(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Después de estar inmersa en el mundo de Internet, alternando otros asuntos con mis tiempos, deberes y obligaciones cotidianos. Se tejieron por detrás sucesos en relación a mi. Todo empezó cuando a poco de darme de baja en Internet para cambiar de operador y darme unos días previos, mi novio cibernético y su entorno se alborotaron. Alguien con muy mala memoria, mala baba y mala leche, milkshake mortal de artista temperamental, quien tirando al suelo sus frascos de pintura, manchando las inmaculadas paredes de rojos y azules, amarillos y verdes, volando los pinceles por diestra y siniestra, me pidió de muy mala uva que lo quitara de mis contactos, perfecto, hecho que ocurrió ipso facto, “no perdemos el tiempo si así me vais a expulsar de vuestro reino, señores, pa qué, lo hice y ya está”. Eso, si te lo piden accedes, a no ser que no hables su idioma y seguí viviendo mi vida. Entonces supe después que medio mundo cibernético, lloraba con él mi supuesta injusticia y tamaña barbarie, que se hizo famosa al punto de poner 4 ó 5 post en su blog. Primero inventándose un personaje que le mantenía la pasión edulcorada y que me reemplazó, supuestamente para seguir procreando los poemas, que una le inspiraba, y para contento del personal, ósea intentando hacer como si nada. El mundo bloguero atento al vodevil con sus fans y seguidores, debía creer que la novelita rosa seguía en pie, que su cielo azul no tronaba ni estaba cubierto de grises nubarrones y todavía para imprimirle más pasión a sus poemas, había que añadir un mundo de ficción, allí se inventó al personaje para un post y así su tribuna aplaudió:  …pla, pla, pla…Parecía un: “to be continued the passion”.

No se conformó con eso, aburrido e iracundo, de paso lloraba a las amigas y amigos, yendo de víctima por la vida, la mala era yo lógicamente, pues lo había quitado de mis contactos y eso dijo, le hundió. ¡Dios mío! ¿En qué mundo vivimos?. Yo accediendo a su iracunda e intempestiva petición simplemente hice porque él me lo pidió, mientras potes de pintura, cuadros y pinceles volaron por el attelier de mi pintor favorito y apasionado, —dígase ya pre-profesional en la materia— . Pero el segundo post era ya de una gran injusticia. “La Era de lo Desechable”, era más o menos su título. Escribió que había gente que usábamos a los demás, sin escrúpulos sólo para después tirarlas al basurero, como vasos descartables y sin razón alguna, cuando nos cansábamos de ellos, claro, allí yo volvía a ser veladamente la mala y él la víctima (película arteramente cambiada) y una sarta de mentiras cuasi convincentes para la tribuna de su blog, no lo dudo y de cara a los amigos. Yo ajena a esas maniobras, sin Internet en casa y claro, ocupándome de mis asuntos continué  mi vida cotidiana, sin descuidar las otras obligaciones. Cuando por casualidad y quizás extrañando a mi pintor leí su post, me dije al tiempo de llevarme las manos a la cabeza: “¡Dios, pero si es exactamente lo contrario!”. “Soy yo a quien han echado a un  basurero, soy yo quien fue expulsada “de su reino” y estoy aquí resistiendo estoicamente, sin llorarle a nadie, intentando vivir mi vida y no lo podía creer. Se había dedicado a llorarle a tutilimundi y claro, era medio mundo cibernético, a sus fieles amistades o felpudos; entonces como “yo estaba fuera de juego”, encima sin Internet por el cambio de operadores, no sabía la película que se vendía sobre mi, a conocidos comunes, que dígase de paso, también les comió el coco y los volvió en contra mía por celos y complejos, y me vieron como la villana de su película, castigándome como él por mi gran y venenosa maldad. Me preguntaba: “¿Qué hice yo para merecer esto?. ¿Cómo se pueden  urdir mentiras e injusticias, contra alguien que si fue víctima real?, yo, la única. ¿Es posible valerse de argucias, ficciones y mentiras incluso para escribir: “No cuesta nada reconocer los errores si uno los ha cometido”…¿Cómo podía ser tan cínico y estar yo leyendo algo tan increíble de alguien, además de ser casi patológicamente celoso y orgulloso?…Podría callarme y no entrar al trapo, pero me espantó, me apenó, me llenó de impotencia, todo cuanto yo no pude ir por el mundo contándoselo a todos, aunque fuera mi verdad, no valgo para pregonera, ni pa’l teatro. Lo aceptaba si hubiera sido verdad, pero no lo era.

No contento con eso, me escribe un día llenándome de reproches. Entonces me digo: “¿Pero cómo, pero no me habías pedido que te quitara de mis contactos?. Eso quiere decir en el mundo del Internet: “Si te vi no me acuerdo”, hago tabla rasa y cada cual a su vida. Yo fui la única que lo aceptó tal cual y a pesar de mi, yo fui la única en acceder quitarlo como me lo pidió tan soberbiamente, como interpretando a Scarlett O’Hara, tan teatralmente, que aún me da algo de vergüenza ajena y estupor recordarlo; yo fui la única que no reclamó, ni increpó, ni formo la de Dios, con tanto teatro, porque preferí callar y aceptarlo sin chistar. Es la vida…Mientras unas pasamos elegantemente con las penas, tiradas en algún basurero donde nos han confinado y mordiéndonos las ganas de decir nuestra verdad, otros van armando jaleos, inviertiendo falsamente las historias, levantando polvo del camino, llorándoles a sus amigos para dar una imágen de víctima y bueno para sus fans blogueros, aspavientos de falsos testimonios. En fin, allá los crédulos que no le conocen como yo…¡El colmo!. ¿Dónde quedo yo?. Pero no obstante, mi vida estuvo tranquila y muy equilibrada, ocupada con mis idas y venidas, leyendo bastante, sumida en mis trabajos placenteros y como se suele decir: “limpia de polvo y paja”, ajena a esas películas.

Más capítulos de “ir de víctima”. Otro post extraño y llorón: “¿Cómo hacer para olvidar?”, como pidiendo a los blogueros del ciberespacio: “venga señores, que toi perdío, consejos”, las ayudas no se hacen esperar, full comentarios de sus fans y consoladores, muy bien vendida su película y éxitos de taquilla.

Mientras por lo bajo me escribe “la víctima” y yo, la supuesta encarnación del mal, sorprendida leo y mientras voy leyendo, en cada renglón destila veneno, ira imaginaria, reproches…Me pregunto de qué y por qué…¿No era que estando yo en un basurero y expulsada de su reino, no existía más?. Una sarta infinita de celos, chantajes, reclamos…Respondo pudiendo optar por no hacerlo, pero es mi debilidad confesa. Mi respuesta la escribo serena y va con clase, frases de cariño y educación, incluso agradeciéndole que se acordara de mi después de 15 días, lo hago con sinceridad y verdad, sin hacer mención al venenoso y oscuro cariz de su mail, que no alcanzo a entender, porque la verdad y el cariño están por encima de todo y yo siempre intento serme fiel a mi misma…Todo cambia como el clima y los tonos, menos la verdad y el amor.

Más capítulos. Mi mail educado ha brillado y ha calado en su alma. ¿Tiene alma todavía?. Sí. Y su respuesta es: “podría tener cáncer”, artificio para dar lástima y “mi orgullo al carajo”, frases memorables…Mis ojos incrédulos han quedado como dos platos leyendo eso, por la escalada ciclotímica que alcanzan sus palabras y extraños cambios radicales de montaña rusa. Pero poseedor de un gran o magno orgullo jamás ha vuelto a pedir “su regreso a mi reino”, lo que es equivalente en Internet: que lo vuelva a poner en mis contactos. Enseguida y antes de recuperarme del impacto recibo una llamada en la biblioteca en donde estoy, me aproximo hacía la salida, allí no se puede hablar. Habla con cierta seguridad, avalada por mi mail brillante e inspirado, me sonrío, me anuncia que esta mal, mañana en su biopsia deberá ser confirmado su mortífero cáncer, enmudezco un rato y tras pensarlo le digo al fin: “no me jodas”. Entonces como voy de pasota, sin dar crédito a nada, me sale con reproches, me cuenta que me ha estado investigando la vida, mi ex es su pesadilla, dormido y despierto y cree haberlo conocido ya, todo vía ciberespacio, por supuesto…No me lo puedo creer y me río, siempre con la misma cantaleta. ¡Lo que hace la ociosidad!, me digo y riendo otra vez, no puedo evitarlo, porque esta frío, muy frío, su investigación sobre mi vida va desencaminada, más extraviada que el ratoncito Pérez en su laberinto. También me menciona a “X” y continúa contraatacando, dice: “Le acosabas y cree tu no eres de fiar, eso me dijo”, me quedo de piedra y estoy segura le corroen los celos y por eso ha urdido y convencido a “X” de sus venenosas y absurdas ideas contra mi. Ya me malquistó una vez con otra amiga, pero mi amiga que sí es lista y tiene personalidad la ignoró, porque vio su inmadurez e intención por celos infundados. Me miro y me introspecciono brevemente mientras me pregunto: “¿Acosadora yo?”, quizás con un gran encanto, atractivo y sex appeal, no necesito acosar a nadie, no es mi estilo. Mientras  sigue hablando sin parar y yo aguantando el tirón, de paso me pasa la mano dándome “una caricia virtual” cuando me dice: “petición Informal” lo escribí para ti…y me digo: “¿Qué, es su última película?, no la he visto, no, no la he leído, no tengo Internet.

Le escribí mi última desde la Biblioteca de la Universidad con  suspiros incluidos y no sé que será eso de “petición informal”, estoy por marcharme a casa y recordándome que esta mal se corta la llamada, sin despedida ni nada. Me siento tentada y regreso al Internet de la biblioteca a leer la dichosa “petición Informal”, luego de leer me digo: “¡Dios ha insuflado su alma de amor!”. Ha dejado de odiarme, se ha mandado con todo, ahora quiere “dormir conmigo” casi públicamente y lo ha puesto sin más también para su tribuna del blog, tipo “edredoning” para el “Gran Hermano”. Sus fans acérrimos del blog no han tardado en aparecer con sus comentarios: “¡Qué pasión!—expresan—quien se iba a resistir con tamaña petición”, comentan emocionados al unísono, asistiendo al último capítulo del 5to. post. Yo hago un gesto, casi me mareo y me sonrojo…Me imagino acostada con mi “víctima fantástica” en medio de una plaza pública, redonda como la Cibeles de Madrid o la Plaza España de Barcelona, nuestra cama en medio, lógicamente y sus fans blogueros e hiperactivos jaleándonos al vernos debajo de esas sábanas, por cada movimiento adivinado. ¿Qué ha pasado?. Yo no tengo Internet, me di de baja —recordarlo, please—pero a todo esto pareciera que ha girado el mundo tan frenéticamente, entre celos, basureros, expulsiones de reinos, lo mucho que me malquistó con amigos en común, películas, ausencias, caricias cibernéticas, cáncer, injusticias, celos y sexo explícito también en su blog, que levanta pasiones.

Barcelona, 26 de noviembre de 2009.

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02
Nov
09

IMPOSTURAS CONTEMPLATIVAS

Above The Town 1914-1918Chagalla

 IMPOSTURAS CONTEMPLATIVAS
 (Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Me recuerdo a mi misma ausente en algún itinerario de viajes, sin ganas de abandonar aquel ventanal, del estupendo “Rez-de Chaussé” que nos cobijó en París, con vistas al Sena. Sueño, sí, sueño tantas veces despierta, quien sabe si deseando realizar los sueños que dormida,  se tornan incapaces de franquearme sus puertas hacía mundos maravillosos, redondos,  y quizás más afines con todas esas cosas que logran completarse al fin y al cabo y van a terminar con todos los caos intempestivos, que suelen asaltarnos y robarnos la paz en un suspiro caprichoso,  con visos a perennizarse y conturbar nuestro espíritu. Sueño, para bien o para mal, quizas en los peores lugares del mundo…comiéndome un croissant junto a una taza de lait au chocolat, mientras miro por esas vidrieras, a peatones agitados, subiendo o bajando escalones para llegar a los andenes y coger sus trenes, divago sin sentir las prisas, como si perteneciera a un mundo lejano y mi única labor en este mundo fuera permanecer en indecentes o indecorosas imposturas contemplativas, donde nadie se conoce con nadie y todos somos tan ajenos entre sí…Sueño,  que debería decirles algo y que al fin saldré a esa especie de mar a integrarme con ellos, a saberme sus historias y contarles algunas de las razones ocultas que pueblan mis silencios, pensando que tendría que trepar los invisibles muros, que nos impiden llegar hacia el fondo de aquello que realmente somos…Sueño, que nunca sufrí, que nunca perdí, que jamás llegó  a borrarse del todo mi sonrisa,  que cautiva a algún pintor melancólico y posthumano, porque finalmente quedó allí, en una media sonrisa, en la ironía de mi propio to be,  y que nadie se ha preguntado si es producto del desencanto y que suele perturbar a otros tantos seres, porque me creen un tanto carente de modestia, insensible o fría, porque si se tercia mi media sonrisilla  breve, se les antoja que es como una burla fina a sus angustias, y al aparente trágico cotidiano que les circunda…Me pregunto si he dejado de sentir lo que ellos suponen y van dando por hecho anticipado, bastaría darme un breve pellizco y despertar de esa apatía y saber que también he llegado a sentir lo que les duele, pero en fin, cada uno esta tan ocupado, en la labor de mirarse el ombligo, que me obligo a pensar en el consuelo de encontrarme, antes de llegar a conocerles.  

Sueño, inevitablemente sueño, que algún día llegaré hacía el lugar de mis sueños, mientras tanto sueño despierta en cualquier rincón del mundo…Será por eso que me pierden los Museos, los libros, los viajes, las evasiones premeditadas y también ciertos rincones oscuros y tranquilos, para las meditaciones y la ilusión de estar creando paraísos con los pensamientos-forma. Si la vida hay que vivirla, yo la prefiero soñar también, pero con plena lucidez, con un atisbo de recuerdos y una prodigiosa conciencia de existir, con todos sus detallados imprecisos e imperfectos para contemplar, con toda su gama de incertidumbres y vericuetos absurdos, con sus risas mudas a lo Chaplin, y sus voces trémulas cual susurros en sordina. 

Amo los Museos de Arte y grandes Salas de Exposiciones,  quizás porque me llevan hacia otros mundos lejanos, hacia el reino de las formas extrañas y colores, que intento descifrar. Paul klee: Un mundo abigarrado y pleno de colores “Una Vista del Jardín”, “Castillo y Sol”, “Paisaje Urbano con Ventanas Amarillas”, “El Puente Rojo”, “Flora en la Arena”, me dejaron una sensación extraña y expectante, tan llena de colores y una magia desconocida. Kandinski: Y sus ecuaciones geométricas, sus fusiones imperfectas, me llamaron mucho la atención: “Tensión Descompuesta”, “En Azul”, “Marco Negro”, “Painting With Border”, “Der Pfeil”, que parece un sueño (a mi juicio, claro está), “Points In The Elbow”, “Blue”, este último casi perverso en sus geometrías litigantes, pero me seducen sus aristas y colores. Delaunay: Se queda en las exploraciones, “Ein Fenster”, es más tranquilo que su impactante colorido en “Ritmo, Alegría de vivir” o “Rhythm, Joie de Vivre”, sus “Formas circulares“ y sus innumerables composiciones de ideas heterogéneas. Yo me quedo con uno,  Marc Chagall: Conectó con diversas corrientes del arte, su niñez y sus fantásticas, flotantes y levitantes formas ingrávidas, donde parecen fundirse dos mundos, uno de sueños de algodón de azúcar y otro de pesos y realidad tangible, basta fijarse en sus reiterados estados extraños de conciencia,  en las que parecen estar extasiados, inundados en una suerte de embeleso sereno y normal dentro de ese submundo de ambiguedades:  “El Cumpleaños“, es magnífico,  que sueño y divago,  con un cumpleaños así. “Flying Carriage“, ya, pero a la moderna, cuando le pongo el acelerador a más de 120 Km/h, es la única evasión parecida a volar por cuenta propia. “Above The Town” (o, Encima del Barrio), es bello, eso cuando yo era una princesa y esperaba me raptaran, igual, igual, volando ni sé a dónde ni por qué, siempre hacía ninguna parte, eso es seguro.“The Promenade“, (o El Paseo), impactante como la anterior,  otra de princesas que salen a pasear,  sin saber el rumbo de sus sueños.  “The Acrobat”, lo mejor, el besito de su ángel guía, tan surrealista y preñado de una fe desconocida.  “The Painter to the Moon”, me inquietó, es singular, tiene ese color de la luna, esa misma ingravidez, más propia de los astronautas que de los pintores afincados en tierra, un encanto ver a ese pintor cuasi levitante e inclinado extrañamente hacia atrás. Amo a un mismo tiempo a las solitarias esculturas, que aguardan con cierta dignidad, y  se yerguen como fortalezas sobre sus breves peanas, sin embargo, como mascotas de ojos tristes y mirada lánguida, para enamorar a los visitantes de Museos de Arte y Exposiciones, añorando algo de piedad o compasión, en la agitada vida de los paseantes, quizas alguien que los quiera tocar —contra toda regla museística— sentir su palpitar, su luz, su aliento de vida, sus formas a veces  más abstractas, extrañas y desconocidas y otras realistas,  remedo de un mundo en pequeño de las infinitas formas existentes de la vida.

Sí, ya esta bien de pinturas y Museos, yo igual seguiré soñando con el mundo de las eternas posibilidades, que no conozco, ni he mirado, pero que sin embargo me poseerá en cualquier momento y lugar. Seguire soñando con un nido cálido como las golondrinas, al volver del África a la cornisa de mis ventanas, cada primavera.  Quizás existe la necesidad de soñar con la expresa certidumbre de ir reparando y sanando todo lo que de imperfecto tenga la existencia, para adornar un poco quizas la vida de un Pierrot más bien nostálgico, con ataques de un Spleen perpetuo , antes que risueño.
 
 Barcelona, 02 de noviembre de 2009.

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REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL

09
Oct
09

LAS AFINIDADES ELECTIVAS

LAS AFINIDADES ELECTIVAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Es muy cierto que no todo es peor con los años cronológicos, claro que con los años se empieza a sentir algún deterioro de la salud física o psíquica, casi todo lo que algún día fue ímpetu desbocado y fortaleza física, se desgasta, va encontrando su cauce, se va delineando dentro de un esquema de madurez, se va pausando para bien el arrebato, se va asimilando inmejorablemente casi todo, hasta las vergüenzas propias de la edad del pavo van pasando inadvertidamente hacia un estado más relajado y templado de tomarse las cosas, el sentido del humor está mucho más presente que antaño, lo cual denota despreocupación y relajamiento, ya nada parece tan tremendo, excepto muy pocas cosas que lo ameriten de verdad, por lo demás creo yo,  es inmejorable el estado de satisfacciones internas a las que se va llegando con los años. Se dice que se adquiere mayor sabiduría con el paso del tiempo y la premisa tiene su gran parte de verdad, pues no sólo el saber estar y lograr tomarse las cosas con calma, son los atributos de los años, sino que gracias a tranquilas y serenas reflexiones, se puede llegar muy lejos, se puede aprender más y mejor, es posible asimilar con cierta paciencia y razonamiento las cosas.

Si alguna vez fuimos coleccionistas de algo, libros, discos, películas, amistades, caprichos, revistas, y hasta de amores (no encajo en este esquema, pero supongo la generalidad es la norma), con el transcurrir del tiempo vamos descubriendo que lo que nos nutre no está en la cantidad, sino más bien en la calidad de las cosas que realmente nos llenan la vida, de las cosas o personas que nos aportan de verdad y nos son gratas, nos dan mas felicidad, más energías y con las cuales nos sentimos más llenos y mejor, en cualquier caso de los amigos de antes, siempre nos quedan menos, pasan con el transcurrir del tiempo como a través de una criba sin sentirlo, sin saberlo, sin proponerlo y al cabo de un tiempo, hasta podemos llegar a sentirnos más solos con nosotros mismos. Todos los estados son buenos. ¡Bienvenido sea un encuentro interior con nosotros mismo!. Como casi nada ocurre al azar y todo parece obedecer a un plan perfecto, a un proceso de nuestro destino, que tarde o temprano nos iba a llegar, encontrarnos o no, con X o con Y, con sensaciones de pérdida y nostalgias por el pasado, no suframos ya, simplemente vivámoslo, aceptémoslo, sepamos atravesar las fases, que como se diría optimistamente: “No hay mal que por bien no venga”, mientras nos sea posible experimentar y procurar entender por y para qué estamos en este mundo.

Nuestra felicidad no va depender de nuestros amigos, vecinos o amores, aunque pareciera que sí, creo que nuestra felicidad sólo va a depender de nosotros mismos, ellos, los amigos (as), amores, encajarán mejor o peor en nuestro entorno, aportándonos o no, lo que de bueno precisemos, lo que de calidad nos otorguen a nuestro bienestar, el no encajar con ciertos patrones, cosas o personas, simplemente nos lleva a conocer y saber más sobre nosotros mismos, a adentrarnos en el trabajo interior que no termina nunca y para el cual el tiempo siempre será breve, escaso e insuficiente. ¿Hemos pensado acaso alguna vez en nuestra Divinidad Interna?, ¿en los siglos que habrá aguardado silenciosamente el momento de hablarnos y susurrarnos las cosas que nos quiere decir?, ¿en el silencio, el trabajo, y el tiempo de prepararnos para ese encuentro con nuestro Interior?, ¿en la real magnificencia de un hecho así?. Esto creo yo, está íntimamente ligado a nuestra felicidad interior, a nuestro grado de satisfacciones más profundas, más verdaderas, que nos conecten con porciones de nuestra alma, sabiendo que está llena de sapiencia y es portadora de un  antiguo poder, que emana de la fuente misma de la creación y aunque creamos lo contrario, nos conoce muchísimo mejor que nadie en esta vida, porque ha viajado con nosotros por todos los senderos, porque nos ha salvado y ayudado, sin siquiera apercibirnos de su magia, de su mano dadivosa en incontables ocasiones, quizás, vida tras vida, minuto a minuto, cual dulce ductriz nos ha guiado, nos ha conducido de la mano invisiblemente, nos ha socorrido y nos ha calmado de tormentas impensadas, trocando nuestras vicisitudes en momentos calmos y más felices.

Creo necesariamente en la sincronía universal y perfecta de esa gran mano guía que nos acompaña en todo momento, creo por la necesidad de no sentirme perdida, abandonada e ignorada de un Dios indiferente, que quiso que existiera y fuera muy conciente de su perfección y sus bellezas paradisíacas;  aunque repetidas veces haya creído estar inmersa en un mundo de Satán, en medio de una gran desolación, con una gran y desesperante sensación de indiferencia, echada a un mundo doloroso y cruel y lo peor,  ya sin remedio, purgando mis pecados, expiando mis culpas ya inconcientes y desconocidas ahora, en esta mi existencia, pagando con saña la sin razón de mis torpezas antiguas, posiblemente  de otras vidas, a ingentes seres ahora desconocidos para mi, y con quienes tal vez debo volver a tropezar, para entregarles lo mejor de mi, para saldar mis cuentas y seguir creciendo en el camino del alma, que permanece invariablemente en la retrospectiva y en el mundo afín de los espejos, por el cual se definió mi senda, aún antes de llegar a aquí.

Barcelona, 09 de octubre de 2009.
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27
Jul
09

EL AZUL DE LA LOMBARDA

Flor Azul (rosa Azul) 3

EL AZUL DE LA LOMBARDA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Cúanto cuesta alcanzar la cumbre más alta, cuánto es el arrojo con el cúal el héroe intrépido e iluso cree poder conseguir casi todo, mientras más jóven más osado y cree ser muy capaz de conseguirlo. Siempre en cierta edad de cándida  inmadurez, creemos saberlo todo alguna vez, creemos que la vida es una sucesión de días simples, dados, hechos ya por naturaleza, que los largos tallarines cuelgan de los árboles, dispuestos a ser cogidos, como decía muy convencida mi prima A*, que los desayunos y las cenas vienen casi, como llegaron alguna vez ciertos niños traidos en cigueñas desde París. En canastitas muy bien atadas y con sendos lazos de razo que adornaban y perfumaban el paquete novedoso y misterioso de una vida enigmática y aún sin conocer. ¡Qué tiempos aquellos de total e ingenua inocencia!. Cuando todo lo que nuestros padres nos ofrecían y ponían sobre la mesa, parecía caer como frutos prestos en  sazón, de algún árbol que ellos iban cogiendo al pasar, mientras paseaban tranquila y plácidamente entre los campos y los huertos… Los sendos regalos de Noche Vieja, que llegaban mágicamente de un día para otro, sin nosotros saberlo ni pedirlos. Eran los bienes mentirosos. Esos llegaban del cielo.

Sí, nuestros padres trabajaban y mucho, pero nosotros entendíamos muy poco de eso, nos lo proveían todo con una gran artimaña propia de los cuentos de hadas y nosotros casi siempre reíamos y jugábamos con los regalos y juguetes, inmersos en sueños y mundos artificiales difíciles de descifrar;  ellos vivian sus cosas y nosotros las nuestras, ellos miraban los relojes del tiempo y salían corriendo a trabajar. Nosotros sólo sufríamos indeciblemente en las mañanas, al tener que dejar el lecho tibio que nos arropaba en nuestra imberbe y fantástica inocencia, para ir al colegio, siempre igual, con el pelo arregladito, el uniforme y los zapatos muy limpios e impecables, los dientes cepillados después del desayuno de rigor, sin el cual las madres no consentian cruzáramos la puerta de casa, bajo amenaza que sin desayuno nos desmayaríamos en la fila de la formación, para vergüenza y extrañeza de todas las niñas formalitas y tan monas del colegio. Yo detestaba la leche, pero tras la intensa rogativa materna,  había que tomarla como agua, como me decía ella a menudo, mientras ella, inventaba argucias para hacérmela parecer distinta cada mañana, le añadía más cocoa para disimular ese sabor que yo detestaba de la leche de vaca. ¡Dios, qué sacrificios infantiles!. Al menos, eran los únicos que conocía yo, aparte de eso todo era  parecido a una juerga .

Tras aprenderme la tabla del 2 en el cuarto de hora de plazo que me dio mi padre, yo  también aprendí a chantajearlo sin malicia deliberada, le había pedido me comprara a los quince años un auto Volkswagen,  de los de verdad, y me lo prometió, debía llegar a los 15 para ser mayor y hacer lo que quisiera, porque a mi su cochazo Ford Custom, tan grande, no me gustaba mucho, me parecía facineroso, muy familiar, no tan personal, por eso no sólo me fascinaron desde entonces los coches chicos, tipo europeos y más prácticos, hasta parecía ser una buena pobre,  muy considerada y pedir muy poco… Qué fácil parecia todo entonces. Sin embargo, yo ignoraba muchísimas cosas de la vida. Sin saberlo deseaba crearme una especie de panacea dulce, parecía ir buscando lo que los alemanes llamaron alguna vez  la Die Blaue Blume o la “Flor Azul”, símbolo de lo inalcanzable.

Jugando un día con mi hermano mayor, un niño superdotado, que ya para entonces tenía indicios de tener vocación de científico y había recibido unas cuantas azotainas contundentes e inclementes de mi padre, por hacer ya desde niño sus ingeniosos y sesudos experimentos con la jeringuilla de inyectables que guardaba mi padre tan celosamente envuelta en una franela, en algún armario,  para inyectarnos si caíamos enfermos; introduciendo esa aguja de inyectables en los árboles, para descubrir lo que le decía esa sabia y preparar sus compuestos químicos y sus raras mezclas en formas de aguas de distintos colores,  que ponía en frascos de cristal, que yo miraba y admiraba con recelo inquietante y cierta perplejidad, y como era una niña curiosa con afán competitivo, admirado y copión, por seguirlo en sus extraños inventos, lo reté un día a que yo haría un agua de color azul, —agua que dígase de paso, nunca logré crear, en mi ilusa, infantil y picona inventiva imaginaria de entonces— .Ese no era mi camino, yo me convertí con los años y el tiempo en una mujer de letras y en sus experimentos químicos yo siempre llevaría las de  perder, ni los entendía, ni era capaz de penetrar en el alma e importancia de esos experimentos. Lástima para mi hermano que mi padre lo pilló, porque la aguja de la jeringuilla de inyectables se quebró, y hasta pudo haber perdido su temprana aptitud vocacional por la investigación química, por el dolor que le ocasionó mi padre con las tundas reiteradas a su desobediencia, y en su intento por hallar y descubrir ficciones experimentales, en su mentalidad de un niño científico e inquieto. Ahora ya es un reputado y eximio Químico Farmaceútico Clínico, catedrático de algunas Universidades y además Coronel de la Sanidad de Policía, y un padrazo de primera, de quien me siento muy orgullosa; pero he de confesar mi larga y frustrada desazón por no haber hallado ni la piedra filosofal de Aristóteles, ni el Dorado de los Andes, ni el Santo Grial perseguido por El Rey Arturo, ni la gran panacea dulce para mis males, ni siquiera haber logrado inventar la tan anhelada agua de color azul,  para lograr ganarle las apuestas.

Con los años he sabido que de hallar el aciano y la achicoria, plantas que por cierto crecen en Europa Central, quizas  habría extraido el elixir azul tan anhelado entonces, para dejar con un palmo de narices a mi pequeño y hábil científico, pero en mi camino nunca me encontré con eso, si lo habría sabido nunca habría esgrimido tan alegremente tal reto. Además hay una larguísima lista que va detrás de ese gran símbolo por hallar la flor azul, simbolo de lo inalcanzable, lo infinito, del afán de un amor romántico y metafísico, el anhelo por el conocimiento de la naturaleza y en consecuencia de uno mismo,  unido a ello una aspiración suprema de lo inaccesible. De hecho la rosa azul,  el día de hoy  ha podido ser creada, eso me dicen a mi las enciclopedias más versadas en botánica. Sin embargo, Novalis, preso de la profunda conmoción que imprimiera en su alma la prematura muerte de su amada Sophie Von Kühn, escribiría su novela Heinrich Von Ofterdinger, novela romántica de la apoteosis de la poesía, en donde se exalta la épica sobre La Guerra de Cantantes Wartburg, (surgida en 1266); sin embargo, la novela fue escrita de 1800 a 1802, publicada póstuma por Friedrich Schlegel. Novela en la cual “el joven Heinrich, homónimo de la novela sueña que camina por un extraño paraje y entra a una cueva que contiene una brillante flor azul, rodeada de cientos de flores de diversos colores. Heinrich, sólo tiene ojos para la flor azul, la cual él contempla lleno de ternura. En la “Flor Azul”, no solamente se unen la naturaleza, el hombre y el espíritu humano”. Se dice que esta novela fue inspirada en Novalis, por la pintura de su amigo Friedrich Schwedenstein, al pintar una flor azul, como símbolo de la utopía universal.

La simbología derivada de la “Flor Azul” esta muy presente en la literatura y la pintura, pero casi siempre esta imbricada profundamente a ciertos valores elevados que se aspiran en la existencia, el ideal perfecto, romántico como en la ideología de Adalbert Von Chamisso, quien dijo haber encontrado “la flor Azul del Romanticismo” en las montañas del Harz; Joseph Von Eichendorff escribió su poema sobre la “flor azul”, Hertha Vogel-Voll usa la flor azul en su cuento Die Silberne Brücke (El puente de plata), como un elemento que da su poder mágico a los cuentos de hadas, mientras Goethe buscó en Italia la Urpflance o “planta original” que se refiere a la flor azul y Heinrich Zschokke, la utilizó en su novela “Der Freihof Von Aarau” como un símbolo del amor y el anhelo. John Le Carré, el padre de “El Espía que surgió del Frío”, hace decir a uno de sus personajes: “Yo me consideraba un romántico, siempre buscando la flor azul” en su novela: “Una pequeña Cuidad en Alemania“. Mientras en la novela “Una Mirada en la Oscuridad” (A Skanner Darkly), de Philip K. Dick, se juega con el artificio de una droga derivada de una planta de flores azules. Esa simbología ha tenido siempre un papel importante relativo al afecto idealizado y supremo del amor y al hecho de intentar alcanzar grandes ideales a veces inalcanzables….En 1960 Werner Helwig publica su historia sobre el movimiento juvenil Wandervogel o “la Flor Azul del Wandervogel”, quienes utilizaron en canciones la flor azul como símbolo.

Con la madurez de mis años, y mientras veía deslizarse el agua azul intensa entre mis dedos, al lavar la llamada col lombarda, col roja o simplemente repollo rojo, fluyeron los años de mis memorias para atrás y pensé que había hallado por fin el secreto de un imposible, buscado y atesorado toda una vida y por desafiar al científico de la familia. Entonces comprendí que no todas las respuestas llegan cuando las buscamos prematuramente, sino que van cayendo dulcemente, como caen al marchitarse las hojas del otoño.

Barcelona, 26 de julio de 2009.

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12
Jul
09

EL LAMENTO DE LOS PARAÍSOS PERDIDOS

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 El LAMENTO DE LOS PARAÍSOS PERDIDOS
    (Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mirando hacia esa gran casa fue como un día descubrí a instancias de mi hermana, el lugar de donde provenía la infelicidad terrena, así fue como un día yo sentí que aquello me superaba y fue cediendo hasta despojarme del falaz paraíso terreno que una vez ideé en mi mente y en mis ilusas tardes vacías de mirar hacia lo lejos y sentirme privilegiada de participar de la tranquila y verde naturaleza del lugar. Un paraíso, era lo que un día supuse yo, que habitaba en aquel pedazo de mundo, que la poca agudeza de mis sentidos había apenas empezado a vislumbrar, cuando supe lo demás.

Llegué a creer que en algun lugar del planeta había paz, amor y libertad, pero ni la poética de la injusticia, ni la apoteosis de una feliz primavera que fluye y florece, logró evitar que mis ojos y mi corazón logren sentir ese dolor, esa infame soledad de los abandonados, de las almas buenas privadas de su libertad,  que sufren y no son amadas. Siempre había supuesto que por ejemplo no había nacido para las despedidas, porque se debía decir adiós, un adíos de verdad y sin ambages, y son cosas que duelen en el alma y en el corazón. Fui comprendiendo que desprenderse de lo amado, era privarse de algo muy grande y muy querido, lo supe por primera vez a los 4 años, cuando mis padres hacían intentos inútiles para distraerme de la anunciada marcha de Rumualda, la mujer que me criaba y a quien adoraba con cierta vehemencia enfermiza; todo hacía presagiar que mi alma de pequeña niña se oscurecería hasta la médula cuando la ví marcharse de mi vida. Era una chica casi adolescente, a quienes sus humildes padres campesinos  reclamaron y vinieron un buen día a apartarla de mi, a arrancarla de mi lado y llevársela consigo para la eternidad…Ese dolor aún está clavado en mi, quizas como anticipo de aquellas cosas que nos marcan para siempre y que sin saberlo se sucederán, en otras fechas, otras edades, otras lluvias por caer. También supuse que no estaba hecha para los dolores del desamor, para llorar tras los chubascos de tormenta, para olvidar los días y momentos más felices, para estar triste y no saber reír, …pero un día los viví también…Un día el resplandor de mi ventana se vistió de gris, sin vida, ni esperanza y supe del dolor de las ausencias. Tuve que saberlo como aprendizaje del dolor, como enseñanza de lo que representa la vida fugaz, como pasajera efímera de un destino y quizas como ciudadana casual que habría preferido no nacer y estar aquí, pero ya nada podría devolverme a la negación de lo absoluto, lo que sucedió con mi llegada no tenía opción y se había convertido en algo inevitable, como si el sello de la fatalidad y el desencanto me hubieran marcado muy temprano, ese hecho que me da con cierta frecuencia la sensación de lo irremediable y me pesa con cierta asiduidad, dándome la certeza de lo inexorable y viene a constituirse quizas en mi lado más oscuro e insensato, al reflexionar sobre mi existencia.

Había criado a mi cachorro Marco en principio sin gran ilusión porque me sacaba de mi mundo y lo revolucionaba todo, pero esa sensación se fue muy pronto y se hizo querer con sus locas gamberradas, chospando como los niños traviesos y felices, destrozando sus juguetes, las zapatillas y las cosas que encontraba a su paso, se le perdonó los destrozos por pequeño e inconciente y hasta nos reimos de las marcas de sus dentelladas, desperdigadas en las cosas, como huellas de su infancia loca y muy feliz, un tanto dispersa y contagiante. De su estilo infantil y juguetón nos transmitio mucho a los mayores de la casa, fue inevitable caer rendida ante los encantos de un bebé de perro y hablarle como a los bebés o mimarlo y caer en estilos casi ñoños  al tratarlo y expresarnos, con lo extremadamente gracioso y juguetón que era de pequeño. El tiempo lo ha hecho adulto y sigue siendo tan gracioso y tan amado por nosotros,  que criarlo ha sido una experiencia bella y gratificante. Ingresar a su mundo me ha sensibilizado aún más con el mundo de los animales y en muchas cosas me habrá hecho a no dudarlo, en un ser humano mejor. Por otro lado, Marco no ha conocido jamás el dolor, hasta dormido,  sus sueños son velados y respetado en su individualidad de hijo pródigo y mimoso, por eso algunas noches que sueña o llora durmiendo o intenta ladrar, me he preguntado yo la razón de sus pesadillas y dolores inventados, si siendo tan amado y estando tan pendientes de él como si de un pequeño rey se tratara, le suceden. Y pienso al calmarlo de sus pesadillas: “No hay caso que Marco a salido a mi de imaginativo. ¿En qué mundos se meterá dormido mientras sueña, qué batallas tendrá que librar y cuáles serán las oscuras razones de sus pesadillas?”.

Marco haciendo la siesta_editedMarco, un perro feliz

Yo que podría ser una Juana de Arco contra el mundo de los otros y quizas nunca lo seré, me he dedicado a narrar aquí los lamentos de ciertos paraísos perdidos, que acabo de descubrir y es seguro que de heroína tenga muy poco, más bien sí de cobarde e hipersensible, corazas que no me cubririan de nada, ni de las lluvias, ni me harían más fuerte para las duras batallas de esta vida,  por lo que de seguro tendré que volver a llorar,  por la razón de mi conciencia, mi extremada conciencia de las cosas y los seres como Marco,  que veo desde mis ventanas,  privados con duras cadenas de su libertad, para jugar, para chospar alegremente y que de tarde en tarde me traen una extraña y oscura pesadumbre,  por lo que es la vida y por la crueldad de unos duros e insensibles corazones,  que han convertido mi supuesto paraíso en un prolongado lamento que me llega desde lejos,  como el reclamo y la desdicha de soportar muy mal la suerte. Por ese perro niño que no reirá, ni chospará feliz en libertad,  por esos prados que miran sus ojos extenderse hasta el infinito y llora su esclavitud inútilmente y nadie le responde como a un pequeño rey, ni cuida de sus pesadillas,  porque unas cadenas lo atraparon y ya nunca vivirá feliz, teniendo en cambio que dormir para olvidar que está cautivo y procurar tener sueños más felices e idear algúna infancia que jamás tendrá y  le arrebataron el metal de unas cadenas y  un duro corazón de piedra, para confinarlo al pequeño y único espacio cercano a un árbol y una gran casona,  donde no hay amor para otorgarle su preciado derecho a la libertad y donde jamás vendrá una Juana de Arco, compasiva y valiente a pelearse con el mundo o por ser una cobarde,  o ser  incapaz de ablandar duros corazones y romperle sus cadenas, para llevarlo hacia el lugar alegre y feliz de su niñez perdida, hacia la inmensa y anhelada libertad de sus felices sueños…Si jamás lo haré,  para sentir ese dolor,…yo tampoco habré nacido.

Para dos perros niños ( Charly y Trasto), que aspiraría liberar de sus cadenas. Sugerencias, no para mi mundo de  idealista, soñadora, sino para enfrentarse al mundo real y a duros corazones y cadenas mentales, sociales y a gente que no ama a los perros, ni a otros animales.

Barcelona, 06 de julio 2009

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01
Jun
09

MEMORIAS DEL OLVIDO

 Persistencia de la Memoria 2

                             MEMORIAS DEL OLVIDO
                      (Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

No sé olvidar, pero manejo bien el arte de saber perder. Alguna vez los resplandores pálidos de la luz matutina me recuerdan cosas, cosas que quizás estuvieron alguna vez en mi vida y ya no estan; es imposible que las partículas de Hitch, representando a La Nada, inunden de pronto mi materia gris y amanezca una buena mañana sin recuerdos, sin olvidos y sin nada que poder argumentar frente a un presente que fluye vertiginosamente, más si se sabe por la Resonancia Schumann, que el tiempo terrestre se acelera cada vez más, razón de más como para tener la certeza que yo tampoco podré quedar vagando en alguna nebulosa sin tiempo, sin pasado, ni presente, en algún país de la luna o en la transparencia diminuta de alguna gota de rocío.

Si no saber olvidar es tener el lujazo de descubrir, que a pesar de estar vencida de un gran tedio matador en ciertas tardes estivales, de pronto hallas toda la magia del cinemascope, en unas paredes blancas o algún techo, sin ángeles ni madonas, que te remiten hacía los cines de una ciudad perdida, que sólo viven danzando en tu memoria y parece ser la ciudad que vive y dormita detrás de un vaso de vino, que por anhelar sus efectos cargados de ternura y de nostalgia, perseguiste un día, para quedar marcada cual cristalinas notas musicales impresas en un pentagrama y cuya embriaguez dulce y dolorosa te perdió…No importa, son la memorias del tiempo, las memorias del olvido. Como diría Ciorán, —mi filósofo rumano del absurdo, que como yo, nunca quiso nacer— “Lo que ganamos en conciencia lo perdemos en existencia”. Se puede ser experta en películas como experta en decepciones, como un Philips Marlowe, personaje de Raymon Chandler, aficionado al alcohol y el ejedrez y también a sobrellevar lo que se va incrustando duramente en las entrañas. Así, Marlowe descubrió en “El Largo Adiós”, el angaño que sufrió de su falso amigo: Terry Lennox. La belleza sublime se preserva en la fragancia, sin lugar a dudas…y perduran en el tiempo mis ilusiones y mis cines, por fortuna, aún cuando ya todos se fueron a dormir y se apagó la luna.

Si no saber olvidar es vivir en medio de constantes metrallas de flash backs, de fugas y sonetos, en un intento de evadir la realidad, sortear los mapas y tras desayunar en París, sin emular a Audrey Hepburn y sin diamantes,  termines cenando en Barcelona, acompañada de chelos y violines una vez más tristes y nostálgicos y otras inundada de veloces y excitantes allegros tragicómicos, en alguna plaza detrás de la ciudad dormida y palpitante, que aún mantiene el pulso de unas noches de bohemia y embriaguez, para pagar la factura implacable del tiempo, describiendo círculos concéntricos antes de dormir, recordando, sí, siempre recordando los olvidos, de aquellos armarios de la intimidad, y en el viento la percepción lúcida y vespertina de música de violines y estradivarius surgidos de la noche, atraidos por los impulsos de un siroco suave y compasivo, que llegan hacia mi ventana.… Si aquello es no olvidar, yo me quedo allí, en las fragancias, los vagabundeos de mi nebulosa sin pasado y sin presente, en las bóvedas aterciopeladas del cinemascope, con mis retornos de la luna siempre al filo de las madrugadas, despertando en Barcelona, para al fin saber, qué es una tristeza felíz y qué un espectáculo trivial y pasajero…Regresar, con los arpegios del ritornello, como los culpables asesinos que terminan por rondar y regresar indefectiblemente al lugar del crimen.

Es posible vivir una verdad en los intersticios oscuros y tenaces de la magna memoria, razón como para no poder contradecir tampoco a Heráclito cuando aventura apostrofando: “Vivimos alucinados por la engañosa evidencia de la luz”, entonces todas aquellas formas de la ausencia, impenetrables y oscuras, cuya fantasmagoría cubre un velo piadoso del tiempo, para integrarse como una memoria dispuesta a recordarnos lo que un día fueron.

Ciertas memorias dulces y edulcoradas parecen estar marcadas por las letras de la película “Molin Rouge”, cuando enchidos de un amor arrollador, los novios emocionados y efusivos,  pasean con cantos su corazón enamorado,  para  decir de pronto el cantante: “Qué maravilloso es ahora que estas en el mundo…Maldito el día en que el sueño termine”. Un afan de perpetuarse siempre está detrás de los olvidos que nos marcan.

Barcelona, 29 de mayo, 2009.

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01
Abr
09

MATAR A LA QUIMERA

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MATAR A LA QUIMERA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Recorrer los pasadizos intrincados de la mente y tomar ventajas para llegar antes hacía una meta, es lo lógico cuando se está en busca del conocimiento y los frutos en sazón parecen estar a punto de caer y desprenderse del árbol del conocimiento para iluminarnos la razón. Alimentarnos de ellos, aún cuando hayamos supuesto que nuestra razón y conocimientos son los suficientes para esta vida. Inútil arrogancia de creernos saciados prontamente de la sabia de Atenea, Diosa griega de la inteligencia y la sabiduría infinitas, hija nacida de la frente de su padre Zeus, con cuya hacha minoica de doble hoja, el labrys, se enfrentó a la guerra, e hizo temblar a Urano y la Madre Gea, con su valor, el arco, la lira y el laurel.

Todo cuanto se ha vivido conforma el cúmulo de experiencias, pero añorar lo que fue es inútil. ¿Para qué hizo Dios a los poetas nostálgicos y tristes?, ¿para qué tendría que regresar la memoria por los parajes idos del ayer?, ¿para qué soñar lo que alguna vez pudo ser y nunca fue, ni será ya?…El olvido no acude presto a socorrer al poeta iluso y soñador, las sombras de una gris nebulosa no se apiadan, con sumergir las memorias en olvido, en cambio el círculo porfiado de la deidad, Nenósine, parece atenazar al pobre y vulnerable poeta de la pluma y el ensueño. Nenósine, dueña de una exacerbada memoria y madre de las musas inquietantes de las fuentes y los ríos, de obstinadas Nereidas, como las bellezas seductoras de Aglaya, Talía y Eufrosine, las tres gracias y deidades griegas del Olympo. Vivir al límite para después olvidar, parece ser la ley que aflige a los poetas de lo muerto, lo caduco, lo fugaz, porque al final ya nada permanece, ni el rosal, ni su perfume, ni el sendero por donde plácidamente y al caer la tarde caminábamos, ni el instinto que exultante de una felicidad desconocida parecía guiarnos, con una cierta tenacidad hacía una magia desconocida, aquel vislumbre de resplandores dorados y bellezas, semejante a un largo e interminable amanecer que ahuyenta las sombras y las sustituye por luz, por belleza, alegría interminable y sin embargo, todo ello pertenece al mundo de lo efímero y lo perecedero.

¿Para qué soñar con lo imposible?, ¿por qué esperar aquello que jamás vendrá a nosotros?, ¿nostalgias, de qué?, me digo yo, el tiempo que se va no regresa nunca más, más en cambio, prosigue incesante su marcha acompasada el reloj, las horas van en progresión, los ríos recorren una vez el cause que los contiene y su torrente los ayuda a seguir sin vacilar, la vida fluye sin cesar en un continuo; si muere una flor o marchita un jardín, después de la noche resplandece otro amanecer, no es que el drama de la vida sea indiferente al dolor o comulgue con la paciencia de una Penélope de Itaca, siempre en espera de una ilusa felicidad. El Tánatos inevitable no impide el trinar alegre de los pájaros, el sol resplandesciente no deja de brillar y dar calor y el escenario no deja por ello de ostentar sus alegres colores, al tiempo que los capullos pugnan por abrirse en un milagro por florecer en primavera.

¿Por qué el anhelo inútil por intentar atrapar las memorias grises de la noche?, insensato poeta de la quimera y de las sombras, infeliz criatura del Erebo, en espera de un Belerofonte, héroe de Corinto, que montado en el caballo Pegaso, dio muerte a la Quimera, resolución táctica y simbólica de una lucha sin cuartel por estar al lado de una naturaleza que fluye, sin osar detenerse en la noche y detener los pesares, cual un castigo impuesto por Zeus a Atlas, perdedor en la Titanomaquia o guerra contra los Olímpicos, a llevar el peso de los cielos en sus hombros……¡Vaya Quimera!,… habrá que matarte en primavera.

Barcelona, 29 de marzo, 2009.

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13
Oct
08

NADA

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01
Sep
08

ITINERARIOS DE LA AUSENCIA

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15
Jul
08

NIEBLA

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02
Jul
08

LA ETERNIDAD PERDIDA

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02
Jun
08

NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO

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28
May
08

ESCRIBIR O MORIR

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04
May
08

PRIMAVERA RESCATADA

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09
Abr
08

COSAS QUE YA NUNCA TE DIRÉ

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27
Feb
08

LOS AMORES QUE PERDÍ

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21
Feb
08

LOS FALSOS JURAMENTOS

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12
Feb
08

DIFERENCIAS AFORTUNADAS

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09
Feb
08

JUEGOS ADULTOS DE PODER

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06
Feb
08

LA ÚLTIMA NIEVE PIRENAICA

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