Archive for the '*CRÓNICAS DEL VIENTO' Category



25
Mar
10

LOA A LAS AMISTADES PELIGROSAS

LOA A LAS AMISTADES PELIGROSAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mucho se ha hablado del mito de Peter Pan, el eterno niño que no deseaba crecer y vivía en el país de “Nuca Jamás”. También es cierto que las mayores preocupaciones de nuestros padres fueron aquellas en las cuales era preciso no tropezáramos con cierto tipo de gente de nuestra edad, un tanto peligrosa, por su tendencia a influenciarnos y llevarnos supuestamente por un mal camino. Pero yo creo que más fueron los temores a la real peligrosidad, creo que hubo más sobre-protección, más miedo a que descarriláramos tan pronto de sus lineamientos, eso más bien, más idea que realidad. Loa a mis amigos y amigas más peligrosos que pudiendo crecer desearon ser niños eternos como Peter Pan y estuvieron siempre más allá del bien y del mal.

Hago una loa a mis amistades más peligrosas y más inquietas, porque me permitieron ser niña de verdad, tomarme la vida en broma, explotar en mi la vena más gamberra y poder ser una líder creativa, porque tuve que inventarme juegos para tenerles ocupados y generar entusiasmo en mi panda, así nunca dejé de ser la bluestocking del barrio, aún teniendo que generar discordias internas en algunas mentes de mis vecinos, que me veían pertenecer a esa edad ambigua de androginia y desde entonces ya rezaban por mi, porque fuese buena, estudiosa y no un problema para mis padres, con tanta inquietud desatada. Agradezco a mis amistades anónimas en el tiempo, por ayudarme a ser políticamente incorrecta, poco solemne y por darme la chispa para tener una actitud siempre transgresora y desafiante, por coadyuvar en mi a ser esa especie de enfant terrible y por suerte sin remedio; sin embargo, nada liberó a mi espíritu aventurero e inquisitivo de ir quemando etapas y seguir tras los laberintos e incógnitas que me presentó la vida, sin tener que acumular lecturas y leer a Dickens, Oscar Wilde o Lewis Carrol, o escuchar demasiado a Mozart o Chopin…aún sin ello, aprendí a ganar y a perder, a saber hallar entre los otros mundos el mío.

Creo es ventajoso tener unos padres que pese a todo crean en ti, que te otorguen el derecho a equivocarte, a ser imperfecta, que no esperen que tengas siempre que emular a los adultos y tengas ya los escarmientos que sólo te dan los años y los golpes. Si tienes buenos genes y además buenos padres, siempre serás la que estabas destinada a ser y si además te acompaña el sentido común, intuición y buena orientación, sabrás de sobra cual es tu camino, aunque tengas alma de marinero y el cotidiano y las amenazas más relevantes sean los naufragios y los conatos de suicidio, aún cuando la aguja de bitácora te destine hacía lo desconocido, tendrás un buen diario de a bordo y llegarás a buen puerto.

Loa a los grandes amigos y amigas más peligrosos, que sin saberlo me sacaron del camino de todos los demás y me ayudaron a mirar el carrusel desde algún rincón tranquilo y dejarme suponer que ese mundo era el de los otros, y que el nuestro estaba justamente en una galaxia distinta, donde nuestra alta peligrosidad era el detonante y el motor de nuestros sueños e ilusiones, que hicieron más felices y distintos esos días, y me llevaron a la certidumbre que el tiempo del compartir era preciado. Agradezco a los amigos y amigas más peligrosos del planeta, porque tuvieron fe en las cosas supremas que no se ven, que acompañaron mis silencios, mis esperanzas y mis anhelos y formaron conmigo otro mundo de verdad.

 

Barcelona, 25 de marzo, 2010.

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05
Mar
10

ARTIFICIOS Y EL ARTE DE SABER NO ESTAR

 

      ARTIFICIOS Y EL ARTE DE SABER NO ESTAR
              (Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Muy a mi pesar llegué a la Vernissage de arte del barrio gótico de Barcelona,  con mi amiga rusa Tatiana Kruvchenko, pero pronto fui descubriendo que me podía ser de mucha utilidad. Su estilo a lo Old Star en rebajas, su mirada perdida e indefinida, de estar mirando sin mirar, como recién acabada de bajar de una nave espacial extraterrestre, como perdida, bohemia y advenediza, arrastrando un poco las palabras y dando aspecto de caótica alcoholizada, me hicieron suponer, que bastaría presentarla, para que todos se fijaran en su exotismo y vinculándome con ella, quizás  yo podía recobrar un poco mi fama de asistente, solidaria con el arte y también con esas amistades artistas y a veces un pelín extravagantes que empiezan a descollar.  Sin embargo; anhelaba terminar yéndome por alguna pequeña y maltrecha puerta de la trastienda, huir de ese desconcierto, como la estela de un perfume zigzagueante que estuvo y no está, y tal vez hasta terminar diciéndome a mi misma la célebre frase de Rimbaud: “Yo es otro”;  yo,  puestos a pensar, que siempre había ido como buscando alter egos, sustitutos que me permitieran vivir otras vidas, gente que apañara un poco mis ausencias de apariencia inesperada, unos espejos que hablaran de mi sin tener que mencionarme.

Miré de refilón a la Kruvchenko y pensé que estaba estrafalaria, parecía ausente, cubiertas sus formas en tules, algo de cristalino y humo de tabaco tenían sus ojos, por eso pensé que todas las formas de la ausencia, tenían un poco su aspecto, su imprecisa vaguedad y su aparente formato de no pertenecer a ninguna parte, de no encajar ni aquí ni allí, sin embargo, era básicamente sensorial y emocional, un poco las partes de mi misma que yo había pasado la vida entera por intentar domar  con meditaciones trascendentales, relajación y tomas de conciencia elementales,  que me habían ayudado a controlar impulsos y venenosos exabruptos, en contadas ocasiones… Había llegado mi momento de jugar, de tomarme la vida en broma, de intentar escabullirme aprovechando el éxtasis que suelen provocar algunas obras de arte, los exquisitos canapés, el rincón de las bebidas, la multitud en la galería Dampier. Eh allí, la excusa perfecta, pero debía aguardar que la Kruvchenko se sumiera en una nube, que empezara a flipar con algo, en ella era fácil, amaba el arte, estaba fascinada creyendo que en cualquier momento iba a salir en portada de algunas revistas, que su atuendo atraería a los flashes  como a las moscas, el dulce, la muerte y lo que empieza a fermentar y a cambiar su esencia.

Me dejaba llevar por los matices de lo transitorio, sin ganas de intercambiar palabras con el gentío risueño y de apariencia feliz, yo misma apenas me dejaba seducir por los comentarios de la kruvchenko, intentando seguir la estela de su mirada embarrada en un negro rimmel de pestañas, que parecían seguir marcando el ritmo de sus palabras, yo hacía de acompañante fiel de mi amiga un tanto majareta y delirante, ansiosa siempre de ser vista, de poder lucir sus atuendos, sus extravagancias, pero en realidad éramos totalmente distintas, yo muy pocas veces estaba cómoda en ciertas multitudes, habían días de tener la vena gregaria y otros en fin, que habría deseado ser transparente. Al instante se nos acercó una vieja amiga catalana que no me reconoció por suerte: Fina Andréu, encargada de eventos y con cierto radar de intuición femenina que nunca falla,  nos dijo en catalán:

“Esteu còmodes aquí?. Desitjan tan mateix alguna guia que els expliqui?”. A mi negativa de cabeza, la encargada nos siguió interrogando con su habitual y exquisita educación y  continuó: “Més enllà podeu fer servei de l’ho que vos agradi senyores…”

—Gracias —dijo la Kruvchenko cerrando levemente los ojos, un tanto cansada de andar de arriba abajo,  halagada y empecinada en destacar a un mismo tiempo.

Desde entonces nuestra visita se tornó mucho más errática y desconcertante. Y mientras mi amiga Tatiana parecía buscar los objetivos de los flashes, yo intentaba encontrar alguna pintura interesante por aquel recinto, ella iba de diva en decadencia y yo de espectro de salones de exposiciones de arte… Ella parecía llevar los amarillos de las primaveras y yo los grises de las tardes de enero. Yo tenía la extraña necesidad de volver a jugar y tomarme la vida en broma, ella deseaba al parecer ser muy tomada en serio y no ser olvidada en alguna foto de algún vespertino local. Se acercó una chica hacia nosotras, otra encargada de eventos posiblemente y nos preguntó a Tatiana y a mi nuestros nombres y apellidos, que tomó muy tranquilamente, porque como nos anunció dentro de unos breves minutos al parecer se iban a rifar entradas gratuitas a conciertos, regalos o alguna escultura para los asistentes. Tatiana dio sus nombres y apellidos, yo no tuve tiempo de inventarme alguno y tuve que dar los míos, por ser los que tenía más a mano.

Cuando mi amiga me dijo que debíamos ir un rato a los lavabos, la acompañé y nos retiramos brevemente de allí, hacía calor en el ambiente y de pronto entre todo el barullo oí por megafonía que me llamaban, decían mi nombre, me quedé muy desconcertada y le dije a mi amiga por detrás de esa puerta: “Me llaman, ¿lo has oído?” y me respondió gritándome: “Tenemos que acercarnos allí” me pareció oírla desde  un fondo lejano. Con aquella sensación de provisionalidad y escapista prestidigitadora miré a diestra y siniestra y pensé que podía pasar de incógnita, nadie lleva su nombre marcado en la frente y mirando a toda esa concurrencia que se aglomeraba en cierto lugar pasé mirándoles a todos con cierto descaro, mientras volvieron a mencionar mi nombre, abandoné en los lavabos de aquella fría galería a la Kruvchenko y me volví antes de abandonar súbitamente, por si me había visto o salido ya, pero no me vio, estaría encerrada aún.

Al llegar a la calle fui conciente de mis ansias de renuncias irrefrenables, de perder pudiendo ganar, un impulso desconocido me había llevado hasta allí, un frío helado me trajo a la realidad, era febrero y por las calles se oían unos festejos por  carnavales, y una multitud de danzarines recorría las calles vestidos con atuendos luminosos y festivos, bastante carnavalescos, mientras se tocaban unos tambores y bailes made in Brasil, yo debía bajar hacía el aparcamiento, pero en cambio avancé unas calles más arriba, y de pronto un acto reflejo me llevó a mirar hacia esa puerta de la galería Dampier  del barrio gótico, cuando me pareció distinguir a lo lejos a la Kruvchenko, mirando a un lado y a otro, al encontrarme con los danzarines yo le pedí a un muchacho adolescente que me prestara su máscara, era una hermosa máscara veneciana, la miré levemente y me la puse uniéndome a esa marcha carnavalesca, enseguida un Pierrot se despojó de su atuendo de rombos multicolor y me lo dio, no lo podía creer, pero en segundos me había unido y convertido en una paseante anónima y  activa carnavalesca de aquella celebración, yo estaba alucinando, aquella marea me impulsaba a seguir y seguir, provista de mi máscara veneciana y mi traje de Pierrot, pasé por la puerta de la galería Dampier y Tatiana expectante y cubierta  de su abrigo de piel, estaba detenida en aquella puerta indecisa y turbada, mirándonos pasar,  la miré y le envié unos besos volados sabiendo que ella jamás me reconocería detrás de aquella máscara y disfraz, y ella reparó en mi con un pañuelo en su mano, y me dijo adiós, supuse que me estaría buscando e iría después hacia el aparcamiento para cerciorarse si yo ya me había marchado de esa galería. Me dio un vuelco el corazón poder pasar desapercibida de ella y de todos, desaparecer para todos era en verdad fantástico, alucinante, pero una gamberrada insólita dentro de todos los absurdos que pudiera vivir alguien alguna vez.
 
Cuando llegamos a la esquina de la misma calle, me volví a mirar hacia Tatiana y ya no la vi,  entonces me deshice del traje de Pierrot y se lo di a otro bailarín, corrí fuera de esa gran multitud de danzarines alegres y festivos y ni siquiera reparé que aún llevaba mi mascara veneciana cubriéndome el rostro, bajé al aparcamiento y no encontré a la Kruvchenko, allí estaba mi coche, pero no podía irme sin ella. Muerta de frío me metí al primer bar que hallaron mis ojos, la máscara era bella y me quedé mirándola con cierta tristeza de un final de fiesta, reteniéndola entre las manos, grande fue mi sorpresa al descubrír que mi amiga Tatiana Kruvchenko, estaba sentada en una mesa tomándose un café, le di una palmadita en el hombro y volviéndose  grito una sarta de  palabras irrepetibles de sorpresa y enfado… Miró la máscara que llevaba en mis manos y preguntó:

¿Y eso?
Un regalo de un Pierrot carnavalesco que pasaba cerca.
Ya, uno que mandaba besos…¿Un regalo? . Eso creía yo que te habías ganado en esa galería cuando te fuiste a mirar el premio y desapareciste. Mira — me mostró una escultura envuelta en un papel de regalo, que parecía “El Pensador” de Rodín, pero en otra pose y tallado en madera.
Me gusta, es muy bonita, ¿y es mía?.
No, era tuya, ahora es mía, la recogí yo en tu nombre. ¿Y tú donde estabas ah?. Ya me verás mañana en las fotos del diario “Culturnet”
¿Yo?,mm… Bailando en los carnavales…
Sí, —dijo ella irónica—Y vestida de Pierrot mandando besos, ¡¡vaya hombre!!…Y una que es tonta y se lo va a creer.

Barcelona, 05 de marzo, 2010.
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04
Ene
10

SUCESOS DE LA LUNA ENFERMA

 

SUCESOS DE LA LUNA ENFERMA
(Por. Gina Martínez-Vargas Araníbar)

En mis manos había caído un manuscrito inédito de un oscuro escritor, al cual supuse benedictino y de convento, pero que alguna vez se enamoró y abandonó sus deseos de confinarse para siempre entre las habitaciones frías y empedradas del Monasterio,  perdiendo así sus privilegios de vago-contemplativo, tuvo que hacer de Okupa en algunas casas abandonadas, mientras las musas de la escritura lo poseían e iban poblando su raciocinio de salidas inteligentes e ingeniosas, mientras su libro se iba llenando de páginas y más páginas. Lo llamaré K* por su gran parecido con Kafka, por su intrincado mundo poblado de pesadillas y contradicciones, por sus amores denostados y poco comprendidos, por sus abandonos y negligencias, siempre sobreponiendo a todo y a todos su gran amor enfermizo hacia la literatura. Su mal, no obstante, gratificante y literario, al que el escritor catalán Enrique Vila-Matas dio en llamar: “el mal de Montano”. Un amor desmedido por las letras, la escritura, el embrujo de la palabra impresa y escrita antes que narrada oralmente, con la memoria muy llena del anecdotario y la fraseología de sus protagonistas más eximios, todos ellos harto atormentados en sus momentos de supuesta lucidez, en sus raptos de gran ensoñación, quizás en busca de un algo desconocido parecido a la felicidad y artilugio de evasiones más que deliberadas, para huir del tormento de lo que significa soportar una realidad amarga, nada platónica, poco divertida y con escasas opciones para salir por las puertas del exit, de todas esas historias que significan vivir pisando tierra…Insoportable anhelo del artista, que prefiere mil veces encaramarse al follaje de cualquier árbol, para intentar un vuelo ideal, complicado, dulce, como receta a su mal de Montano…

K*, enamorado de una mujer parecida a una madame Du Barry, amante maitresse de Luís XV, aún casto en casi todos sus pensamientos, tuvo que dejarse pervertir muy dulce y progresivamente, hasta llegar a descubrir un mundo nuevo de la mano de su novia; sin embargo, un buen día se derrumbó y cayó en una terrible crisis existencial llena de preguntas y repreguntas, que no lograron liberarlo de su apatía y duras contradicciones. No era él, se dejó crecer la barba, dejó de sentirse cómodo en este mundo y creyó que debía suicidarse. Ya para entonces su libro inspirado y maldito estaba lleno de páginas a las que llamó: “Sucesos de la Luna Enferma”. Pero el empeño obstinado de su novia lo impidió. Él sin embargo, haciendo acopio de su ya poca santidad, trasladó su noviazgo a la trastienda de la realidad y huyendo hacia Internet, desde donde afirmó sentirse más cómodo, envió tarjetas electrónicas a su no menos enardecida novia, ramos de flores, corazones, mientras ella lo acosaba cada vez más, solicitándole besos y más besos. ¿Besos?, se preguntó entonces el ex monje.¿Pero cómo se dan besos a una novia por Internet?, se interrogó el solicitando un S.O.S que colgó en un foro de los forofos de Internet, que iba precedido del siguiente epígrafe: “¿Cómo besar por Internet y no morir en el intento?”, las respuestas de los foreros menudearon y no tardaron en llegar. Unos decían que besar por Internet era posible, se ponían los emoticones de los labios rojos o mejor aún de los labios rojos que dicen sonoros: ¡¡muach!!, muach!! y ya estas besando…Otros decían que bastaba acercarse a la web-cam con la boca en puchero y bastaba, las opiniones de algunos cubanos lo sacaron de quicio a K* cuando le aconsejaron que debía de mostrar “la bemba colorá” y punto, el beso estaba hecho…En el infinito posible de los besos virtuales, era posible besar sin morir en el intento, pero nuestro ex monje ruborizándose ante las solicitudes de su novia tipo madame Du Barry, se hacía un lío, ni aún en la trastienda del Internet lograba ser un tanto desinhibido y a veces le seguían rondando ideas de santidad y pensaba en el suicidio de los desencantados con la realidad mundana.

Fue en ese trance cuando yo conocí a K* y me dijo: “Soy un amante perfecto, pero de las letras de la A a la Z”, luego me sonrió y añadió: “Hombre, claro, que de a pocos uno se va haciendo mejor amante, eso es seguro… Créame o no, estoy perdido en el dilema de amar sin ser visto… Internet me permite llegar a ejercer el complicado compromiso de las letras y amar virtualmente…”.

—Un momento Señor…

—K*…—completó él mismo.

—¿Qué es ese galimatías de ser el amante perfecto de la A a la Z?, y ese otro intríngulis extraño de amar virtualmente?. —dije, un tanto molesta.

—Bueno, todo no se puede tener, amor a una novia, amor a un Monasterio, la carne, la santidad, los besos volados y castos y los otros que no lo son tanto…—expresó él.

—Supongo que deberá usted casarse o meterse al convento. —repliqué muy convencida.

—Allí esta el dilema, ha dado usted en el clavo, ese es mi mayor problema mujer, abandonar los hábitos y hacerme laico o seguir el mandato de la carne.

—Pero Señor K* yo no le voy a decir a usted qué opción deberá tomar, es su vida, es su decisión. ¿Pero tiene usted alguna novia o todavía?.

—Ella,…la,  la condenada  Du Barry esa…jaja—río mientras su rostro se tiñó de encarnado al ruborizarse súbitamente.

—¡Ah, pillín esta usted enamorado!—dije cogiéndole una manga de su atuendo de fraile franciscano.

—Ssssss….—arrastró una sibilante “ese”, invitándome a callar.—Es mi secreto, de no haber entrado a este terrible dilema, jamás se lo habría confiado.

Esa misma tarde en la piazza Vittorio de Roma, viendo volar a las palomas, me confesó entre lágrimas el ex monje: “Ho pecato, amo questo, il cosiddetto Du Barry”

—Pero esa es una confesión mi querido Señor K*, —aseveré risueña—. Es un milagro.

—Ya, — pero fuera Monasterio, vida contemplativa, a mis años, viviré de Okupa o la caridad de los seres humanos que es escasa…

—¿Pero no era usted un gran amante?.

—De la Literatura —sentenció él. —Le dejo mi querida amiga el único libro que escribí sobre mis grandes sufrimientos y dilemas…—dicho esto me dejó en las manos: “Sucesos de la Luna Enferma”.

—Fantástico —dije, mirándo esa carátula donde se veía una luna y un fraile de rostro desmejorado y macilento. ¿Esto quiere decir que se casará con la señora esa?…

Chi lo sa…Si me gana la partida del ajedrez o del billar 3D por Internet…—dijo soriendo socarronamente.

Aquella tarde me fui preguntándome más bien, todas las grandes dificultades y equivocaciones del camino hacía la santidad, sobre los grandes dilemas que en extremo tiene un ser que deliberar consigo mismo. Nosotros pobres seres amantes de todo lo bueno y lo santo de este reino de un Dios o de un Diablo, para llegar a conocer el verdadero apostolado de lo que significa vivir pisando tierra. Por cierto, desde aquel día, el señor K* pasa inadvertido vistiendo de sí mismo entre la gente, quizás lleve su “mal de Montano” o desmesurado amor hacia los libros y la literatura, pero creo de algo le habrá servido despojarse de “Los Sucesos de la Luna Enferma”. Un Papageno y un Tamino unidos y felices quizás, símbolos opuestos de la eterna lucha de los poderes entre la luz y la oscuridad.

Barcelona, 02 de enero 2010.

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27
Nov
09

MENTIRAS ARRIESGADAS

MENTIRAS ARRIESGADAS
La Presencia de mi Ausencia

(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Después de estar inmersa en el mundo de Internet, alternando otros asuntos con mis tiempos, deberes y obligaciones cotidianos. Se tejieron por detrás sucesos en relación a mi. Todo empezó cuando a poco de darme de baja en Internet para cambiar de operador y darme unos días previos, mi novio cibernético y su entorno se alborotaron. Alguien con muy mala memoria, mala baba y mala leche, milkshake mortal de artista temperamental, quien tirando al suelo sus frascos de pintura, manchando las inmaculadas paredes de rojos y azules, amarillos y verdes, volando los pinceles por diestra y siniestra, me pidió de muy mala uva que lo quitara de mis contactos, perfecto, hecho que ocurrió ipso facto, “no perdemos el tiempo si así me vais a expulsar de vuestro reino, señores, pa qué, lo hice y ya está”. Eso, si te lo piden accedes, a no ser que no hables su idioma y seguí viviendo mi vida. Entonces supe después que medio mundo cibernético, lloraba con él mi supuesta injusticia y tamaña barbarie, que se hizo famosa al punto de poner 4 ó 5 post en su blog. Primero inventándose un personaje que le mantenía la pasión edulcorada y que me reemplazó, supuestamente para seguir procreando los poemas, que una le inspiraba, y para contento del personal, ósea intentando hacer como si nada. El mundo bloguero atento al vodevil con sus fans y seguidores, debía creer que la novelita rosa seguía en pie, que su cielo azul no tronaba ni estaba cubierto de grises nubarrones y todavía para imprimirle más pasión a sus poemas, había que añadir un mundo de ficción, allí se inventó al personaje para un post y así su tribuna aplaudió:  …pla, pla, pla…Parecía un: “to be continued the passion”.

No se conformó con eso, aburrido e iracundo, de paso lloraba a las amigas y amigos, yendo de víctima por la vida, la mala era yo lógicamente, pues lo había quitado de mis contactos y eso dijo, le hundió. ¡Dios mío! ¿En qué mundo vivimos?. Yo accediendo a su iracunda e intempestiva petición simplemente hice porque él me lo pidió, mientras potes de pintura, cuadros y pinceles volaron por el attelier de mi pintor favorito y apasionado, —dígase ya pre-profesional en la materia— . Pero el segundo post era ya de una gran injusticia. “La Era de lo Desechable”, era más o menos su título. Escribió que había gente que usábamos a los demás, sin escrúpulos sólo para después tirarlas al basurero, como vasos descartables y sin razón alguna, cuando nos cansábamos de ellos, claro, allí yo volvía a ser veladamente la mala y él la víctima (película arteramente cambiada) y una sarta de mentiras cuasi convincentes para la tribuna de su blog, no lo dudo y de cara a los amigos. Yo ajena a esas maniobras, sin Internet en casa y claro, ocupándome de mis asuntos continué  mi vida cotidiana, sin descuidar las otras obligaciones. Cuando por casualidad y quizás extrañando a mi pintor leí su post, me dije al tiempo de llevarme las manos a la cabeza: “¡Dios, pero si es exactamente lo contrario!”. “Soy yo a quien han echado a un  basurero, soy yo quien fue expulsada “de su reino” y estoy aquí resistiendo estoicamente, sin llorarle a nadie, intentando vivir mi vida y no lo podía creer. Se había dedicado a llorarle a tutilimundi y claro, era medio mundo cibernético, a sus fieles amistades o felpudos; entonces como “yo estaba fuera de juego”, encima sin Internet por el cambio de operadores, no sabía la película que se vendía sobre mi, a conocidos comunes, que dígase de paso, también les comió el coco y los volvió en contra mía por celos y complejos, y me vieron como la villana de su película, castigándome como él por mi gran y venenosa maldad. Me preguntaba: “¿Qué hice yo para merecer esto?. ¿Cómo se pueden  urdir mentiras e injusticias, contra alguien que si fue víctima real?, yo, la única. ¿Es posible valerse de argucias, ficciones y mentiras incluso para escribir: “No cuesta nada reconocer los errores si uno los ha cometido”…¿Cómo podía ser tan cínico y estar yo leyendo algo tan increíble de alguien, además de ser casi patológicamente celoso y orgulloso?…Podría callarme y no entrar al trapo, pero me espantó, me apenó, me llenó de impotencia, todo cuanto yo no pude ir por el mundo contándoselo a todos, aunque fuera mi verdad, no valgo para pregonera, ni pa’l teatro. Lo aceptaba si hubiera sido verdad, pero no lo era.

No contento con eso, me escribe un día llenándome de reproches. Entonces me digo: “¿Pero cómo, pero no me habías pedido que te quitara de mis contactos?. Eso quiere decir en el mundo del Internet: “Si te vi no me acuerdo”, hago tabla rasa y cada cual a su vida. Yo fui la única que lo aceptó tal cual y a pesar de mi, yo fui la única en acceder quitarlo como me lo pidió tan soberbiamente, como interpretando a Scarlett O’Hara, tan teatralmente, que aún me da algo de vergüenza ajena y estupor recordarlo; yo fui la única que no reclamó, ni increpó, ni formo la de Dios, con tanto teatro, porque preferí callar y aceptarlo sin chistar. Es la vida…Mientras unas pasamos elegantemente con las penas, tiradas en algún basurero donde nos han confinado y mordiéndonos las ganas de decir nuestra verdad, otros van armando jaleos, inviertiendo falsamente las historias, levantando polvo del camino, llorándoles a sus amigos para dar una imágen de víctima y bueno para sus fans blogueros, aspavientos de falsos testimonios. En fin, allá los crédulos que no le conocen como yo…¡El colmo!. ¿Dónde quedo yo?. Pero no obstante, mi vida estuvo tranquila y muy equilibrada, ocupada con mis idas y venidas, leyendo bastante, sumida en mis trabajos placenteros y como se suele decir: “limpia de polvo y paja”, ajena a esas películas.

Más capítulos de “ir de víctima”. Otro post extraño y llorón: “¿Cómo hacer para olvidar?”, como pidiendo a los blogueros del ciberespacio: “venga señores, que toi perdío, consejos”, las ayudas no se hacen esperar, full comentarios de sus fans y consoladores, muy bien vendida su película y éxitos de taquilla.

Mientras por lo bajo me escribe “la víctima” y yo, la supuesta encarnación del mal, sorprendida leo y mientras voy leyendo, en cada renglón destila veneno, ira imaginaria, reproches…Me pregunto de qué y por qué…¿No era que estando yo en un basurero y expulsada de su reino, no existía más?. Una sarta infinita de celos, chantajes, reclamos…Respondo pudiendo optar por no hacerlo, pero es mi debilidad confesa. Mi respuesta la escribo serena y va con clase, frases de cariño y educación, incluso agradeciéndole que se acordara de mi después de 15 días, lo hago con sinceridad y verdad, sin hacer mención al venenoso y oscuro cariz de su mail, que no alcanzo a entender, porque la verdad y el cariño están por encima de todo y yo siempre intento serme fiel a mi misma…Todo cambia como el clima y los tonos, menos la verdad y el amor.

Más capítulos. Mi mail educado ha brillado y ha calado en su alma. ¿Tiene alma todavía?. Sí. Y su respuesta es: “podría tener cáncer”, artificio para dar lástima y “mi orgullo al carajo”, frases memorables…Mis ojos incrédulos han quedado como dos platos leyendo eso, por la escalada ciclotímica que alcanzan sus palabras y extraños cambios radicales de montaña rusa. Pero poseedor de un gran o magno orgullo jamás ha vuelto a pedir “su regreso a mi reino”, lo que es equivalente en Internet: que lo vuelva a poner en mis contactos. Enseguida y antes de recuperarme del impacto recibo una llamada en la biblioteca en donde estoy, me aproximo hacía la salida, allí no se puede hablar. Habla con cierta seguridad, avalada por mi mail brillante e inspirado, me sonrío, me anuncia que esta mal, mañana en su biopsia deberá ser confirmado su mortífero cáncer, enmudezco un rato y tras pensarlo le digo al fin: “no me jodas”. Entonces como voy de pasota, sin dar crédito a nada, me sale con reproches, me cuenta que me ha estado investigando la vida, mi ex es su pesadilla, dormido y despierto y cree haberlo conocido ya, todo vía ciberespacio, por supuesto…No me lo puedo creer y me río, siempre con la misma cantaleta. ¡Lo que hace la ociosidad!, me digo y riendo otra vez, no puedo evitarlo, porque esta frío, muy frío, su investigación sobre mi vida va desencaminada, más extraviada que el ratoncito Pérez en su laberinto. También me menciona a “X” y continúa contraatacando, dice: “Le acosabas y cree tu no eres de fiar, eso me dijo”, me quedo de piedra y estoy segura le corroen los celos y por eso ha urdido y convencido a “X” de sus venenosas y absurdas ideas contra mi. Ya me malquistó una vez con otra amiga, pero mi amiga que sí es lista y tiene personalidad la ignoró, porque vio su inmadurez e intención por celos infundados. Me miro y me introspecciono brevemente mientras me pregunto: “¿Acosadora yo?”, quizás con un gran encanto, atractivo y sex appeal, no necesito acosar a nadie, no es mi estilo. Mientras  sigue hablando sin parar y yo aguantando el tirón, de paso me pasa la mano dándome “una caricia virtual” cuando me dice: “petición Informal” lo escribí para ti…y me digo: “¿Qué, es su última película?, no la he visto, no, no la he leído, no tengo Internet.

Le escribí mi última desde la Biblioteca de la Universidad con  suspiros incluidos y no sé que será eso de “petición informal”, estoy por marcharme a casa y recordándome que esta mal se corta la llamada, sin despedida ni nada. Me siento tentada y regreso al Internet de la biblioteca a leer la dichosa “petición Informal”, luego de leer me digo: “¡Dios ha insuflado su alma de amor!”. Ha dejado de odiarme, se ha mandado con todo, ahora quiere “dormir conmigo” casi públicamente y lo ha puesto sin más también para su tribuna del blog, tipo “edredoning” para el “Gran Hermano”. Sus fans acérrimos del blog no han tardado en aparecer con sus comentarios: “¡Qué pasión!—expresan—quien se iba a resistir con tamaña petición”, comentan emocionados al unísono, asistiendo al último capítulo del 5to. post. Yo hago un gesto, casi me mareo y me sonrojo…Me imagino acostada con mi “víctima fantástica” en medio de una plaza pública, redonda como la Cibeles de Madrid o la Plaza España de Barcelona, nuestra cama en medio, lógicamente y sus fans blogueros e hiperactivos jaleándonos al vernos debajo de esas sábanas, por cada movimiento adivinado. ¿Qué ha pasado?. Yo no tengo Internet, me di de baja —recordarlo, please—pero a todo esto pareciera que ha girado el mundo tan frenéticamente, entre celos, basureros, expulsiones de reinos, lo mucho que me malquistó con amigos en común, películas, ausencias, caricias cibernéticas, cáncer, injusticias, celos y sexo explícito también en su blog, que levanta pasiones.

Barcelona, 26 de noviembre de 2009.

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02
Nov
09

IMPOSTURAS CONTEMPLATIVAS

Above The Town 1914-1918Chagalla

 IMPOSTURAS CONTEMPLATIVAS
 (Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Me recuerdo a mi misma ausente en algún itinerario de viajes, sin ganas de abandonar aquel ventanal, del estupendo “Rez-de Chaussé” que nos cobijó en París, con vistas al Sena. Sueño, sí, sueño tantas veces despierta, quien sabe si deseando realizar los sueños que dormida,  se tornan incapaces de franquearme sus puertas hacía mundos maravillosos, redondos,  y quizás más afines con todas esas cosas que logran completarse al fin y al cabo y van a terminar con todos los caos intempestivos, que suelen asaltarnos y robarnos la paz en un suspiro caprichoso,  con visos a perennizarse y conturbar nuestro espíritu. Sueño, para bien o para mal, quizas en los peores lugares del mundo…comiéndome un croissant junto a una taza de lait au chocolat, mientras miro por esas vidrieras, a peatones agitados, subiendo o bajando escalones para llegar a los andenes y coger sus trenes, divago sin sentir las prisas, como si perteneciera a un mundo lejano y mi única labor en este mundo fuera permanecer en indecentes o indecorosas imposturas contemplativas, donde nadie se conoce con nadie y todos somos tan ajenos entre sí…Sueño,  que debería decirles algo y que al fin saldré a esa especie de mar a integrarme con ellos, a saberme sus historias y contarles algunas de las razones ocultas que pueblan mis silencios, pensando que tendría que trepar los invisibles muros, que nos impiden llegar hacia el fondo de aquello que realmente somos…Sueño, que nunca sufrí, que nunca perdí, que jamás llegó  a borrarse del todo mi sonrisa,  que cautiva a algún pintor melancólico y posthumano, porque finalmente quedó allí, en una media sonrisa, en la ironía de mi propio to be,  y que nadie se ha preguntado si es producto del desencanto y que suele perturbar a otros tantos seres, porque me creen un tanto carente de modestia, insensible o fría, porque si se tercia mi media sonrisilla  breve, se les antoja que es como una burla fina a sus angustias, y al aparente trágico cotidiano que les circunda…Me pregunto si he dejado de sentir lo que ellos suponen y van dando por hecho anticipado, bastaría darme un breve pellizco y despertar de esa apatía y saber que también he llegado a sentir lo que les duele, pero en fin, cada uno esta tan ocupado, en la labor de mirarse el ombligo, que me obligo a pensar en el consuelo de encontrarme, antes de llegar a conocerles.  

Sueño, inevitablemente sueño, que algún día llegaré hacía el lugar de mis sueños, mientras tanto sueño despierta en cualquier rincón del mundo…Será por eso que me pierden los Museos, los libros, los viajes, las evasiones premeditadas y también ciertos rincones oscuros y tranquilos, para las meditaciones y la ilusión de estar creando paraísos con los pensamientos-forma. Si la vida hay que vivirla, yo la prefiero soñar también, pero con plena lucidez, con un atisbo de recuerdos y una prodigiosa conciencia de existir, con todos sus detallados imprecisos e imperfectos para contemplar, con toda su gama de incertidumbres y vericuetos absurdos, con sus risas mudas a lo Chaplin, y sus voces trémulas cual susurros en sordina. 

Amo los Museos de Arte y grandes Salas de Exposiciones,  quizás porque me llevan hacia otros mundos lejanos, hacia el reino de las formas extrañas y colores, que intento descifrar. Paul klee: Un mundo abigarrado y pleno de colores “Una Vista del Jardín”, “Castillo y Sol”, “Paisaje Urbano con Ventanas Amarillas”, “El Puente Rojo”, “Flora en la Arena”, me dejaron una sensación extraña y expectante, tan llena de colores y una magia desconocida. Kandinski: Y sus ecuaciones geométricas, sus fusiones imperfectas, me llamaron mucho la atención: “Tensión Descompuesta”, “En Azul”, “Marco Negro”, “Painting With Border”, “Der Pfeil”, que parece un sueño (a mi juicio, claro está), “Points In The Elbow”, “Blue”, este último casi perverso en sus geometrías litigantes, pero me seducen sus aristas y colores. Delaunay: Se queda en las exploraciones, “Ein Fenster”, es más tranquilo que su impactante colorido en “Ritmo, Alegría de vivir” o “Rhythm, Joie de Vivre”, sus “Formas circulares“ y sus innumerables composiciones de ideas heterogéneas. Yo me quedo con uno,  Marc Chagall: Conectó con diversas corrientes del arte, su niñez y sus fantásticas, flotantes y levitantes formas ingrávidas, donde parecen fundirse dos mundos, uno de sueños de algodón de azúcar y otro de pesos y realidad tangible, basta fijarse en sus reiterados estados extraños de conciencia,  en las que parecen estar extasiados, inundados en una suerte de embeleso sereno y normal dentro de ese submundo de ambiguedades:  “El Cumpleaños“, es magnífico,  que sueño y divago,  con un cumpleaños así. “Flying Carriage“, ya, pero a la moderna, cuando le pongo el acelerador a más de 120 Km/h, es la única evasión parecida a volar por cuenta propia. “Above The Town” (o, Encima del Barrio), es bello, eso cuando yo era una princesa y esperaba me raptaran, igual, igual, volando ni sé a dónde ni por qué, siempre hacía ninguna parte, eso es seguro.“The Promenade“, (o El Paseo), impactante como la anterior,  otra de princesas que salen a pasear,  sin saber el rumbo de sus sueños.  “The Acrobat”, lo mejor, el besito de su ángel guía, tan surrealista y preñado de una fe desconocida.  “The Painter to the Moon”, me inquietó, es singular, tiene ese color de la luna, esa misma ingravidez, más propia de los astronautas que de los pintores afincados en tierra, un encanto ver a ese pintor cuasi levitante e inclinado extrañamente hacia atrás. Amo a un mismo tiempo a las solitarias esculturas, que aguardan con cierta dignidad, y  se yerguen como fortalezas sobre sus breves peanas, sin embargo, como mascotas de ojos tristes y mirada lánguida, para enamorar a los visitantes de Museos de Arte y Exposiciones, añorando algo de piedad o compasión, en la agitada vida de los paseantes, quizas alguien que los quiera tocar —contra toda regla museística— sentir su palpitar, su luz, su aliento de vida, sus formas a veces  más abstractas, extrañas y desconocidas y otras realistas,  remedo de un mundo en pequeño de las infinitas formas existentes de la vida.

Sí, ya esta bien de pinturas y Museos, yo igual seguiré soñando con el mundo de las eternas posibilidades, que no conozco, ni he mirado, pero que sin embargo me poseerá en cualquier momento y lugar. Seguire soñando con un nido cálido como las golondrinas, al volver del África a la cornisa de mis ventanas, cada primavera.  Quizás existe la necesidad de soñar con la expresa certidumbre de ir reparando y sanando todo lo que de imperfecto tenga la existencia, para adornar un poco quizas la vida de un Pierrot más bien nostálgico, con ataques de un Spleen perpetuo , antes que risueño.
 
 Barcelona, 02 de noviembre de 2009.

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09
Oct
09

LAS AFINIDADES ELECTIVAS

LAS AFINIDADES ELECTIVAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Es muy cierto que no todo es peor con los años cronológicos, claro que con los años se empieza a sentir algún deterioro de la salud física o psíquica, casi todo lo que algún día fue ímpetu desbocado y fortaleza física, se desgasta, va encontrando su cauce, se va delineando dentro de un esquema de madurez, se va pausando para bien el arrebato, se va asimilando inmejorablemente casi todo, hasta las vergüenzas propias de la edad del pavo van pasando inadvertidamente hacia un estado más relajado y templado de tomarse las cosas, el sentido del humor está mucho más presente que antaño, lo cual denota despreocupación y relajamiento, ya nada parece tan tremendo, excepto muy pocas cosas que lo ameriten de verdad, por lo demás creo yo,  es inmejorable el estado de satisfacciones internas a las que se va llegando con los años. Se dice que se adquiere mayor sabiduría con el paso del tiempo y la premisa tiene su gran parte de verdad, pues no sólo el saber estar y lograr tomarse las cosas con calma, son los atributos de los años, sino que gracias a tranquilas y serenas reflexiones, se puede llegar muy lejos, se puede aprender más y mejor, es posible asimilar con cierta paciencia y razonamiento las cosas.

Si alguna vez fuimos coleccionistas de algo, libros, discos, películas, amistades, caprichos, revistas, y hasta de amores (no encajo en este esquema, pero supongo la generalidad es la norma), con el transcurrir del tiempo vamos descubriendo que lo que nos nutre no está en la cantidad, sino más bien en la calidad de las cosas que realmente nos llenan la vida, de las cosas o personas que nos aportan de verdad y nos son gratas, nos dan mas felicidad, más energías y con las cuales nos sentimos más llenos y mejor, en cualquier caso de los amigos de antes, siempre nos quedan menos, pasan con el transcurrir del tiempo como a través de una criba sin sentirlo, sin saberlo, sin proponerlo y al cabo de un tiempo, hasta podemos llegar a sentirnos más solos con nosotros mismos. Todos los estados son buenos. ¡Bienvenido sea un encuentro interior con nosotros mismo!. Como casi nada ocurre al azar y todo parece obedecer a un plan perfecto, a un proceso de nuestro destino, que tarde o temprano nos iba a llegar, encontrarnos o no, con X o con Y, con sensaciones de pérdida y nostalgias por el pasado, no suframos ya, simplemente vivámoslo, aceptémoslo, sepamos atravesar las fases, que como se diría optimistamente: “No hay mal que por bien no venga”, mientras nos sea posible experimentar y procurar entender por y para qué estamos en este mundo.

Nuestra felicidad no va depender de nuestros amigos, vecinos o amores, aunque pareciera que sí, creo que nuestra felicidad sólo va a depender de nosotros mismos, ellos, los amigos (as), amores, encajarán mejor o peor en nuestro entorno, aportándonos o no, lo que de bueno precisemos, lo que de calidad nos otorguen a nuestro bienestar, el no encajar con ciertos patrones, cosas o personas, simplemente nos lleva a conocer y saber más sobre nosotros mismos, a adentrarnos en el trabajo interior que no termina nunca y para el cual el tiempo siempre será breve, escaso e insuficiente. ¿Hemos pensado acaso alguna vez en nuestra Divinidad Interna?, ¿en los siglos que habrá aguardado silenciosamente el momento de hablarnos y susurrarnos las cosas que nos quiere decir?, ¿en el silencio, el trabajo, y el tiempo de prepararnos para ese encuentro con nuestro Interior?, ¿en la real magnificencia de un hecho así?. Esto creo yo, está íntimamente ligado a nuestra felicidad interior, a nuestro grado de satisfacciones más profundas, más verdaderas, que nos conecten con porciones de nuestra alma, sabiendo que está llena de sapiencia y es portadora de un  antiguo poder, que emana de la fuente misma de la creación y aunque creamos lo contrario, nos conoce muchísimo mejor que nadie en esta vida, porque ha viajado con nosotros por todos los senderos, porque nos ha salvado y ayudado, sin siquiera apercibirnos de su magia, de su mano dadivosa en incontables ocasiones, quizás, vida tras vida, minuto a minuto, cual dulce ductriz nos ha guiado, nos ha conducido de la mano invisiblemente, nos ha socorrido y nos ha calmado de tormentas impensadas, trocando nuestras vicisitudes en momentos calmos y más felices.

Creo necesariamente en la sincronía universal y perfecta de esa gran mano guía que nos acompaña en todo momento, creo por la necesidad de no sentirme perdida, abandonada e ignorada de un Dios indiferente, que quiso que existiera y fuera muy conciente de su perfección y sus bellezas paradisíacas;  aunque repetidas veces haya creído estar inmersa en un mundo de Satán, en medio de una gran desolación, con una gran y desesperante sensación de indiferencia, echada a un mundo doloroso y cruel y lo peor,  ya sin remedio, purgando mis pecados, expiando mis culpas ya inconcientes y desconocidas ahora, en esta mi existencia, pagando con saña la sin razón de mis torpezas antiguas, posiblemente  de otras vidas, a ingentes seres ahora desconocidos para mi, y con quienes tal vez debo volver a tropezar, para entregarles lo mejor de mi, para saldar mis cuentas y seguir creciendo en el camino del alma, que permanece invariablemente en la retrospectiva y en el mundo afín de los espejos, por el cual se definió mi senda, aún antes de llegar a aquí.

Barcelona, 09 de octubre de 2009.
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27
Jul
09

EL AZUL DE LA LOMBARDA

Flor Azul (rosa Azul) 3

EL AZUL DE LA LOMBARDA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Cúanto cuesta alcanzar la cumbre más alta, cuánto es el arrojo con el cúal el héroe intrépido e iluso cree poder conseguir casi todo, mientras más jóven más osado y cree ser muy capaz de conseguirlo. Siempre en cierta edad de cándida  inmadurez, creemos saberlo todo alguna vez, creemos que la vida es una sucesión de días simples, dados, hechos ya por naturaleza, que los largos tallarines cuelgan de los árboles, dispuestos a ser cogidos, como decía muy convencida mi prima A*, que los desayunos y las cenas vienen casi, como llegaron alguna vez ciertos niños traidos en cigueñas desde París. En canastitas muy bien atadas y con sendos lazos de razo que adornaban y perfumaban el paquete novedoso y misterioso de una vida enigmática y aún sin conocer. ¡Qué tiempos aquellos de total e ingenua inocencia!. Cuando todo lo que nuestros padres nos ofrecían y ponían sobre la mesa, parecía caer como frutos prestos en  sazón, de algún árbol que ellos iban cogiendo al pasar, mientras paseaban tranquila y plácidamente entre los campos y los huertos… Los sendos regalos de Noche Vieja, que llegaban mágicamente de un día para otro, sin nosotros saberlo ni pedirlos. Eran los bienes mentirosos. Esos llegaban del cielo.

Sí, nuestros padres trabajaban y mucho, pero nosotros entendíamos muy poco de eso, nos lo proveían todo con una gran artimaña propia de los cuentos de hadas y nosotros casi siempre reíamos y jugábamos con los regalos y juguetes, inmersos en sueños y mundos artificiales difíciles de descifrar;  ellos vivian sus cosas y nosotros las nuestras, ellos miraban los relojes del tiempo y salían corriendo a trabajar. Nosotros sólo sufríamos indeciblemente en las mañanas, al tener que dejar el lecho tibio que nos arropaba en nuestra imberbe y fantástica inocencia, para ir al colegio, siempre igual, con el pelo arregladito, el uniforme y los zapatos muy limpios e impecables, los dientes cepillados después del desayuno de rigor, sin el cual las madres no consentian cruzáramos la puerta de casa, bajo amenaza que sin desayuno nos desmayaríamos en la fila de la formación, para vergüenza y extrañeza de todas las niñas formalitas y tan monas del colegio. Yo detestaba la leche, pero tras la intensa rogativa materna,  había que tomarla como agua, como me decía ella a menudo, mientras ella, inventaba argucias para hacérmela parecer distinta cada mañana, le añadía más cocoa para disimular ese sabor que yo detestaba de la leche de vaca. ¡Dios, qué sacrificios infantiles!. Al menos, eran los únicos que conocía yo, aparte de eso todo era  parecido a una juerga .

Tras aprenderme la tabla del 2 en el cuarto de hora de plazo que me dio mi padre, yo  también aprendí a chantajearlo sin malicia deliberada, le había pedido me comprara a los quince años un auto Volkswagen,  de los de verdad, y me lo prometió, debía llegar a los 15 para ser mayor y hacer lo que quisiera, porque a mi su cochazo Ford Custom, tan grande, no me gustaba mucho, me parecía facineroso, muy familiar, no tan personal, por eso no sólo me fascinaron desde entonces los coches chicos, tipo europeos y más prácticos, hasta parecía ser una buena pobre,  muy considerada y pedir muy poco… Qué fácil parecia todo entonces. Sin embargo, yo ignoraba muchísimas cosas de la vida. Sin saberlo deseaba crearme una especie de panacea dulce, parecía ir buscando lo que los alemanes llamaron alguna vez  la Die Blaue Blume o la “Flor Azul”, símbolo de lo inalcanzable.

Jugando un día con mi hermano mayor, un niño superdotado, que ya para entonces tenía indicios de tener vocación de científico y había recibido unas cuantas azotainas contundentes e inclementes de mi padre, por hacer ya desde niño sus ingeniosos y sesudos experimentos con la jeringuilla de inyectables que guardaba mi padre tan celosamente envuelta en una franela, en algún armario,  para inyectarnos si caíamos enfermos; introduciendo esa aguja de inyectables en los árboles, para descubrir lo que le decía esa sabia y preparar sus compuestos químicos y sus raras mezclas en formas de aguas de distintos colores,  que ponía en frascos de cristal, que yo miraba y admiraba con recelo inquietante y cierta perplejidad, y como era una niña curiosa con afán competitivo, admirado y copión, por seguirlo en sus extraños inventos, lo reté un día a que yo haría un agua de color azul, —agua que dígase de paso, nunca logré crear, en mi ilusa, infantil y picona inventiva imaginaria de entonces— .Ese no era mi camino, yo me convertí con los años y el tiempo en una mujer de letras y en sus experimentos químicos yo siempre llevaría las de  perder, ni los entendía, ni era capaz de penetrar en el alma e importancia de esos experimentos. Lástima para mi hermano que mi padre lo pilló, porque la aguja de la jeringuilla de inyectables se quebró, y hasta pudo haber perdido su temprana aptitud vocacional por la investigación química, por el dolor que le ocasionó mi padre con las tundas reiteradas a su desobediencia, y en su intento por hallar y descubrir ficciones experimentales, en su mentalidad de un niño científico e inquieto. Ahora ya es un reputado y eximio Químico Farmaceútico Clínico, catedrático de algunas Universidades y además Coronel de la Sanidad de Policía, y un padrazo de primera, de quien me siento muy orgullosa; pero he de confesar mi larga y frustrada desazón por no haber hallado ni la piedra filosofal de Aristóteles, ni el Dorado de los Andes, ni el Santo Grial perseguido por El Rey Arturo, ni la gran panacea dulce para mis males, ni siquiera haber logrado inventar la tan anhelada agua de color azul,  para lograr ganarle las apuestas.

Con los años he sabido que de hallar el aciano y la achicoria, plantas que por cierto crecen en Europa Central, quizas  habría extraido el elixir azul tan anhelado entonces, para dejar con un palmo de narices a mi pequeño y hábil científico, pero en mi camino nunca me encontré con eso, si lo habría sabido nunca habría esgrimido tan alegremente tal reto. Además hay una larguísima lista que va detrás de ese gran símbolo por hallar la flor azul, simbolo de lo inalcanzable, lo infinito, del afán de un amor romántico y metafísico, el anhelo por el conocimiento de la naturaleza y en consecuencia de uno mismo,  unido a ello una aspiración suprema de lo inaccesible. De hecho la rosa azul,  el día de hoy  ha podido ser creada, eso me dicen a mi las enciclopedias más versadas en botánica. Sin embargo, Novalis, preso de la profunda conmoción que imprimiera en su alma la prematura muerte de su amada Sophie Von Kühn, escribiría su novela Heinrich Von Ofterdinger, novela romántica de la apoteosis de la poesía, en donde se exalta la épica sobre La Guerra de Cantantes Wartburg, (surgida en 1266); sin embargo, la novela fue escrita de 1800 a 1802, publicada póstuma por Friedrich Schlegel. Novela en la cual “el joven Heinrich, homónimo de la novela sueña que camina por un extraño paraje y entra a una cueva que contiene una brillante flor azul, rodeada de cientos de flores de diversos colores. Heinrich, sólo tiene ojos para la flor azul, la cual él contempla lleno de ternura. En la “Flor Azul”, no solamente se unen la naturaleza, el hombre y el espíritu humano”. Se dice que esta novela fue inspirada en Novalis, por la pintura de su amigo Friedrich Schwedenstein, al pintar una flor azul, como símbolo de la utopía universal.

La simbología derivada de la “Flor Azul” esta muy presente en la literatura y la pintura, pero casi siempre esta imbricada profundamente a ciertos valores elevados que se aspiran en la existencia, el ideal perfecto, romántico como en la ideología de Adalbert Von Chamisso, quien dijo haber encontrado “la flor Azul del Romanticismo” en las montañas del Harz; Joseph Von Eichendorff escribió su poema sobre la “flor azul”, Hertha Vogel-Voll usa la flor azul en su cuento Die Silberne Brücke (El puente de plata), como un elemento que da su poder mágico a los cuentos de hadas, mientras Goethe buscó en Italia la Urpflance o “planta original” que se refiere a la flor azul y Heinrich Zschokke, la utilizó en su novela “Der Freihof Von Aarau” como un símbolo del amor y el anhelo. John Le Carré, el padre de “El Espía que surgió del Frío”, hace decir a uno de sus personajes: “Yo me consideraba un romántico, siempre buscando la flor azul” en su novela: “Una pequeña Cuidad en Alemania“. Mientras en la novela “Una Mirada en la Oscuridad” (A Skanner Darkly), de Philip K. Dick, se juega con el artificio de una droga derivada de una planta de flores azules. Esa simbología ha tenido siempre un papel importante relativo al afecto idealizado y supremo del amor y al hecho de intentar alcanzar grandes ideales a veces inalcanzables….En 1960 Werner Helwig publica su historia sobre el movimiento juvenil Wandervogel o “la Flor Azul del Wandervogel”, quienes utilizaron en canciones la flor azul como símbolo.

Con la madurez de mis años, y mientras veía deslizarse el agua azul intensa entre mis dedos, al lavar la llamada col lombarda, col roja o simplemente repollo rojo, fluyeron los años de mis memorias para atrás y pensé que había hallado por fin el secreto de un imposible, buscado y atesorado toda una vida y por desafiar al científico de la familia. Entonces comprendí que no todas las respuestas llegan cuando las buscamos prematuramente, sino que van cayendo dulcemente, como caen al marchitarse las hojas del otoño.

Barcelona, 26 de julio de 2009.

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