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08
Abr
11

UNE BELLE HISTOIRE

UNE BELLE HISTOIRE
(Michel Fugain 1972)

Álbum que se actualiza en marzo del 2001 con bellos temas del recuerdo y a mi particularmente me trae grandes recuerdos de chica. El vídeo  interpretado por Michel Fugain & Caterina Caselli – Une belle histoire (TV Show) una versión excelente, la mitad en frances y la otra mitad en italiano.

23
Mar
11

LA SOLEDAD DE LAS ESFERAS

LA SOLEDAD DE LAS ESFERAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Siempre volvíamos a empezar de nuevo sin pensar siquiera en la grieta que se había creado. Hablar de nuevo era como volver a tocar el cielo, se aceleraba el corazón, se hacía tarde sin pensar en el tiempo transcurrido tras el cristal del reloj andante, la niebla tenía la virtud perpetua de ir borrándolo todo, hasta los años que empezaban a asomar en forma de hendiduras imperceptibles en la piel, aquellas que van aumentando la edad a la gente de nuestra edad y a las que tú y yo recién empezábamos a temer y a ver con cierta suspicacia, porque encontrarse con “eso”, es  un símbolo de todo un mundo por explicar, un cúmulo de dolores, tormentos, padecimientos mudos, insomnios, sueños rotos, ilusiones perdidas, adioses eternos, anhelos frustrados y finales caóticos de cualquier plan soñado o ilusión. Entonces la risa y volver a empezar siempre era lo mejor de esta vida, porque parecía ir provista de una eficaz amnesia  con algún efecto narcótico, para volver a estar bien. Pero no obstante, maquillar esas heridas de guerra, siempre  era como una  ilusión  infructuosa,  porque  jamás volvían a sanar.

Soñar, con volver a ser lo que éramos antes de conocernos, te daba pánico, yo miraba resignada la tarde, aceptando la costumbre nuestra de romper cada dos por tres, entonces una especie de sopor se apoderaba de mi, no sabía si era efecto de la hormona o la invisible  ayuda de una “mano amiga” que en esos momentos se apiadaba de mi, sumiéndome en una gran pesadez y fatiga  y un sueño redentor me transportaba lejos de toda realidad, allí donde parecía cargar con la gravedad terrestre,  mientras una especie de  fardo de inconciencia cerraba mis ojos hasta el amanecer…Ignoraba lo bien o mal que te pudiera ir a ti, pero es obvio, que la costumbre de dejarnos a menudo nos hacía menos proclives a la dependencia mutua, ya sabias tanto como lo sabía yo, que el timbre del teléfono no sonaría en el lapso de dejarnos, que los e.mails tampoco llegarían, que las horas debían cubrirse de otro modo, que la mente debía ocuparse de cosas más o menos serias, para poder permanecer en ello atrapados, lo importante era vencer la tragedia, convertir nuestra vida en cotidianidad apacible, hacernos a nuestra unicidad sin más, sin rasgos de pesar, ni diálogos internos que aumentaran el poder de nuestro tedio, hechos ambos a la vida y a los vientos que llevaran nuestras almas hacia algún averno, con la resignación de los Santos o los bobos, pero yendo sin saber siempre el porqué.

Lavándome las manos me encontré observando de pronto una gran pompa de  jabón,  girando en la ingravidez de una invisible peana, mientras  iba cambiando de color  me pregunté cosas sobre el universo, me pregunté sobre aquel ímpetu redentor,  sobre esos planetas que giran y giran sin cesar, mientras el impulso de  una fuerza desconocida les anima  a vivir, danzando el vals de la soledad de las esferas. Reflexiono y empiezo a inferir si aquél es el baile solitario que hacemos tú y yo cuando dejamos de vernos…Pero la vorágine de perder, tu orgullo, mi resignación, parecen imponerse al destino. Las flores mueren por falta de cuidados, los seres nos volvemos mustios y grises sin amor y tú y yo pareciera que vamos poco a poco a conformar esa danza de la unicidad…Supongo es el último vals de la pompa multicolor y explotará irremediablemente muy cerca de mis manos, siento la tentación  de protegerla de la implosión que se avecina, sé que no puedo, es su destino, en algún momento desaparecerá tal como empezó; aquello es la equivalencia a ser disueltos en la nada, a quedar como partículas de polvo repartidas en un universo, a caer y a caer en una gran oscuridad desconocida y sin fin, en algún agujero negro donde se esconde la inasible vorágine y donde van a sucumbir los naufragios.

 Ya que hallarnos y perdernos parecía ser nuestro sino, a menudo dejábamos que la providencia hiciera su parte, una especie de implícita condescendencia parecía cubrir los hechos con manos de seda, y una gran apatía se apoderaba de ti y de mi y de toda nuestra voluntad de luchar para ganar; ya nadie debía oponerse al aparente destino y su cauce. Sin embargo, la razón del infortunio era esa, volver a perdernos otra vez, pero cuando eso llegaba parecíamos caer en la triste redención por el dolor, en un silencio cómplice y cicatero, yo dejaba vencer a tu orgullo y tú intentabas demostrar una paz indiferente, a menudo  tan inexistente en ti, yo debía demostrar que había aprendido a ignorarte sin volver a perdonarte una vez más, tú alimentabas tu inquina esperando otros te dieran la razón por inseguridad, y esa parecía ser parte de tu inútil venganza, yo no esperaba ni eso, mi vida era mía y de nadie más, la llevaba en medio del silencio que anudaba mi lengua hasta el amanecer, con la esperanza de un día distinto, aguardando  unirme al compás  y esplendor mañanero, para volver a olvidar que alguna vez tú y yo nos habíamos conocido.

Algo de esa irrealidad intangible acompañaba sin embargo siempre nuestras vidas, tu temor a perderte para siempre en esa nebulosa sombría parecía persistir constantemente…  Mientras paso ese semáforo en verde, en la retrospectiva del espejo veo perderse el sueño eterno del futuro que ideamos,  y mientras sonrío tristemente voy  introduciéndome  sin saberlo en la misma nebulosa que tú temes,  y en donde aún con la memoria y mi verdad, tengo ilusas esperanzas de encontrarte.

 Barcelona, 28 de febrero, de 2011.

(Sobre una  historia particular. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia)

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REGISTRO DE AUTORÍA INTELECTUAL

23
Mar
11

SHAPE OF MY HEART

SHAPE OF MY HEART
(Forma de mi Corazón)

Tema que sale al mercado en marzo de 1993, en su álbum: Ten Summoner’s Tales. Un recuerdo que comparto.

23
Mar
11

LA ROSA ENFERMA


LA ROSA ENFERMA
William Blake (1757-1827)

¡Oh, Rosa, estás enferma!
El gusano invisible
Que vuela por la noche,
En la tempestad que aúlla,

Ha descubierto tu cama
De gozo carmesí,
Y su amor oscuro, secreto,
Te consume la vida.

23
Feb
11

SI UN ESCRITOR DEJA DE OBSERVAR ESTA TERMINADO

SI UN ESCRITOR DEJA DE OBSERVAR ESTA TERMINADO

Esta famosa entrevista a Ernest Hemingway, y de la cual ofrecemos un fragmento, fue realizada por George Plimton y publicada originalmente en la revista The Paris Review en 1958 y editada en castellano en Narradores1. El Ateneo, 1996. Fue transcripta desde el diario Clarín de su edición del Domingo 18 de julio de 1999.
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-¿Le resultan placenteras las horas dedicadas al proceso de la escritura? ¿Podría decirnos algo de ese proceso? ¿Cuándo trabaja usted? ¿Mantiene un horario rígido?
-Me resulta muy placenteras. Cuando trabajo en un libro o en un relato escribo cada mañana, en cuanto haya luz. A esa hora nadie molesta y está fre3sco o frío, y uno se pone a trabajar y se caldea a medida que escribe. Uno lee lo que ha escrito, y como siempre se interrumpe cuando sabe qué es lo que va a ocurrir a continuación. Uno sigue a partir de ese punto. Uno escribe hasta llegar a un lugar en el que todavía le queda resto y sabe lo que ocurrirá a continuación, y allí uno se interrumpe y trata de vivir hasta el día siguiente para volver a seguir con eso. Uno ha empezado, digamos, a la seis de la mañana. Y puede seguir hasta el mediodía o dejar antes. Cuando uno se detiene está vacío, y al mismo tiempo no vacío sino llenándose como cuando ha hecho el amor con alguien a quien ama. Nada puede dañarlo, nada puede ocurrir, nada significa nada hasta el día siguiente, cuando uno vuelve al trabajo. Lo difícil es la espera hasta el día siguiente.
¿Puede quitarse de la cabeza el proyecto al que está entregado cuando está lejos de la máquina de escribir?
-Por supuesto. Pero para eso hace falta disciplina y esa disciplina se adquiere.
¿Hace alguna revisión o alguna reescritura cuando lee hasta el lugar en el que se interrumpió el día anterior? ¿O las revisiones vienen más tarde, cuando todo el trabajo está terminado?
-Todos los días reescribo hasta el punto en que dejé el día anterior. Cundo todo está terminado, naturalmente lo reviso. Así se tiene otra oportunidad de corregir y reescribir cuando otra persona lo mecanografía, y uno ve el material más prolijo. La última oportunidad son las pruebas. Uno agradece todas esas chances.

¿Reescribe mucho?
-Depende. Reescribí el final de Adiós a las armas, la última página, treinta y nueve veces antes de quedar satisfecho.
¿Había allí algún problema técnico? ¿Qué era lo que lo obstaculizaba?
-Buscaba las palabras adecuadas
.
Thornton Wilder habla de recursos mnémicos que ponen en marcha el día de trabajo de un escritor. Dice que una vez usted le dijo que les sacaba punta a veinte lápices.
-Creo que nunca tuve veinte lápices a la vez. Gastar la punta de siete lápices número 2 es un buen día de trabajo.
¿Cuáles lugares le resultaron más provechosos para trabajar? El hotel Ambos Mundos parece haber sido uno, a juzgar por la cantidad de libros que usted escribió allí. ¿O el ambiente no ejerce demasiada influencia sobre su trabajo?
– El Ambos Mundos de La Habana era un muy buen lugar para trabajar. Esta finca es un lugar espléndido, o lo fue. Pero siempre he trabajado bien en todas partes. Quiero decir que he podido trabajar tan bien como puedo en distintas circunstancias. El teléfono y los visitantes son los que destruyen el trabajo.
¿La estabilidad emocional es necesaria para escribir bien? Una vez me dijo que sólo podía escribir bien cuando estaba enamorado. ¿Podría explayarse más sobre el tema?
-Qué pregunta! Pero lo felicito por el intento. Uno puede trabajar en cualquier momento si la gente lo deja tranquilo y nadie interrumpe. O más bien, si uno puede ser despiadado con los demás. Pero la mejor escritura se produce, por cierto, cuando uno está enamorado. Si a usted le da lo mismo, prefiero no explayarme sobre el tema.
¿Y qué ocurre con la seguridad económica? ¿Puede hacer daño a una buena escritura?
-Si llega temprano en la vida y uno ama la vida tanto como el trabajo, hace falta mucho carácter para resistir las tentaciones. Una vez que la escritura se ha convertido en el mayor vicio de uno, en el mayor placer, sólo la muerte puede interrumpirla. La seguridad económica es entonces una gran ayuda, ya que evita preocupaciones. Las preocupaciones destruyen la capacidad de escribir.

¿Puede recordar exactamente el momento en que decidió convertirse en escritor?
-No, siempre quise ser escritor.
Cuando escribe, ¿alguna vez descubre que está influido por lo que está leyendo en ese momento?
-No desde que Joyce estaba escribiendo Ulises. La de él no fue una influencia directa. Pero en esa época en que las palabras que conocíamos estaban prohibidas para nosotros y teníamos que luchar por una sola palabra, la influencia de su obra fue lo que cambió todo y nos hizo posible romper con las restricciones.
-¿Pudo aprender algo de los escritores, algo sobre la escritura? Ayer me decía usted que Joyce, por ejemplo, no soportaba hablar sobre la escritura.
. -En compañía de gente del mismo oficio, uno habitualmente habla de los libros de otros escritores. Cuanto mejor sea un escritor, tanto menos hablará de lo que él mismo ha escrito. Joyce era un escritor muy grande y sólo les explicaba lo que estaba haciendo a los tontos. Los escritores que él verdaderamente respetaba supuestamente eran capaces de darse cuenta de lo que él estaba haciendo, simplemente leyéndolo.
Durante los últimos años usted parece haber eludido la compañía de los escritores. ¿Por qué?
-Eso es más complicado. Cuanto más lejos va uno con la escritura, tanto más solo está. Casi todos los viejos amigos, los mejores, mueren. Otros se alejan. Uno no los ve más que raramente, pero uno escribe y tiene con ellos casi el mismo contacto que tenía cuando se encontraba con ellos en el café, en los viejos tiempos. Uno intercambia cartas cómicas, a veces alegremente obscenas e irresponsables, y eso es casi tan bueno como charlar. Pero uno está más solo porque así es como debe trabajar y el tiempo para trabajar se acorta todo el tiempo y si uno lo malgasta siente que ha cometido un pecado para el cual no hay perdón.
¿Podría decirnos cuánto esfuerzo deliberado invirtió en el desarrollo de su estilo distintivo?
-Esa es una pregunta extensa y cansadora, y si uno se pasara un par de días respondiéndola, se sentiría tan autoconsciente que ya no podría escribir. Podría decir que lo que los amateurs llaman un estilo suele ser tan sólo la inevitable torpeza de alguien que intenta por primera vez hacer algo que no se ha hecho antes. Casi ningún nuevo clásico se parece a otros clásicos previos. Al principio la gente sólo ve la torpeza. Después la torpeza ya no es tan perceptible. Cuando aparece, la gente piensa que esas muestras de torpeza son el estilo y muchos las copian. Eso es lamentable.
Usted me escribió una vez que las simples circunstancias en las que fueron escritas diversas obras de su ficción podían resultar instructivas. ¿Podría aplicarse eso a Los asesinos -usted dijo que lo había escrito, junto con Diez indios y Hoy es viernes, todo en un solo día- y tal vez también a su primera novela Fiesta?
-Veamos. Empecé Fiesta en Valencia, el día de mi cumpleaños, el 21 de julio. Mi esposa Hadley y yo habíamos ido a Valencia con tiempo para conseguir buenas entradas para la feria, que empezaba el 24 de julio. Toda la gente de mi edad ya había escrito una novela, y yo todavía tenía dificultades para escribir un párrafo. Así que empecé el libro el día de mi cumpleaños, lo escribí durante la feria, a la mañana, en la cama, y fui a Madrid y seguí escribiéndolo allí. En Madrid no había feria, así que teníamos una habitación con una mesa y yo escribía con gran lujo en esa mesa, y a la vuelta de la esquina del hotel, en una cervecería del Pasaje Alvarez, donde estaba más fresco.Finalmente se puso muy caluroso para escribir y nos fuimos a Hendaya. Allí había un hotel barato, sobre esa enorme y larga playa solitaria, y trabajé muy bien, y después fuimos a París y terminé la primera versión en el departamento que estaba sobre el aserradero, en el 113 de la calle Notre-Dame-des-Champs, seis semanas después del día que lo había empezado .Le mostré la primera versión a Nathan Asch, el novelista, quien entonces tenía un acento muy marcado, y él me dijo: Hem, ¿qué quieres decir con que has escrito una novela? Una novela, oh. Hem, eso será un libro de viaje. Nathan no me desalentó demasiado, y reescribí el libro, conservando lo de viaje (era la parte sobre la excursión de pesca y Pamplona), en Schruns, en el Voralberg, en el hotel Taube. Los relatos que usted mencionó los escribí en un día, el 16 de mayo, en Madrid, cuando la nieve suspendió las lidias de toros de San Isidro. Primero escribí Los asesinos, algo que había intentado escribir antes y no lo había logrado. Después, tras el almuerzo, me metí en la cama para mantenerme abrigado y escribí Hoy es viernes. Tenía tanta energía que pensé que me volvería loco, y tenía más o menos otros seis cuentos para escribir. Así que me vestí y salí y fui hasta Fornos, el viejo café de los toreros, y tomé café y después volví y escribí Diez indios. Eso me entristeció mucho y tomé un poco de brandy y me fui a dormir. Me había olvidado de comer y uno de los camareros me trajo un poco de bacalao y carne y papas fritas y una botella de Valdepeñas.La mujer que regenteaba la pensión siempre se preocupaba porque yo no comía lo suficiente y había enviado al camarero. Recuerdo que me senté en la cama y comí y bebí el Valdepeñas. El camarero dijo que me traería otra botella. Dijo que la señora quería saber si yo pensaba escribir toda la noche. Le dije que no, que creía que me acostaría un rato. Por qué no trata de escribir uno más, me preguntó el camarero. Se supone que sólo debo escribir uno, dije yo. Tonterías, dijo él. Podría escribir seis. Lo intentaré mañana, dije. Inténtelo esta noche, dijo él. ¿Por qué cree que la señora le envió la comida? Estoy cansado, le dije. Tonterías, dijo él (la palabra no fue en realidad tonterías). Está cansado después de tres miserables cuentos. Tradúzcame uno. Déjeme tranquilo, le dije. Cómo puedo escribir si usted no me deja tranquilo. Así que me senté en la cama y bebí el Valdepeñas y pensé qué escritor condenadamente bueno sería yo si el primer cuento era tan bueno como esperaba.

¿Usted disfruta leyendo sus propios libros… sin sentir que le gustaría hacer algunos cambios?
-A veces, cuando me resulta difícil escribir, los leo para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible.
¿El título se le ocurre mientras está en el proceso de elaborar la historia?
-No, hago una lista de títulos después de haber terminado el relato o el libro… a veces son más de cien. Después empiezo a eliminarlos, y a veces los elimino a todos.
¿Y hace eso también en los casos en los que el título de un relato ha sido sugerido por el mismo texto, como por ejemplo en el caso de Colinas como elefantes blancos?
-Sí. El título viene después. Encontré a una muchacha en Prunier, donde había ido a comer ostras antes del almuerzo. Sabía que ella había tenido un aborto. Me acerqué y hablamos, no sobre eso, pero en el camino a casa se me ocurrió la historia, salteé el almuerzo y me pasé esa tarde escribiéndola.
Entonces, cuando está escribiendo, usted es constantemente un observador en busca de algo que pueda usar.
-Sin duda. Si un escritor deja de observar está terminado. Pero no debe observar conscientemente ni pensar de qué modo algo le será útil. Tal vez al principio eso sea cierto. Pero más tarde todo lo que ve se integra a la gran reserva de cosas que sabe o que ha visto. Si de algo sirve saberlo, siempre trato de escribir de acuerdo con el principio del iceberg. Hay nueve décimos bajo el agua por cada parte que se ve de él. Uno puede eliminar cualquier cosa que sepa, y eso sólo fortalecerá el iceberg. Si un escritor omite algo porque no lo sabe, habrá un agujero en su relato. El viejo y el mar podría haber tenido más de mil páginas, y dar cuenta de cada personaje de la aldea y del proceso de cómo vivían, cómo habían nacido, cómo se habían educado, tenido hijos, etcétera. Otros escritores hacen eso de manera excelente. Al escribir, uno está limitado por lo que ya se ha hecho de manera satisfactoria. Así que he tratado de aprender a hacer otra cosa. Primero traté de eliminar todo lo innecesario para transmitir experiencia al lector, para que después de haber leído algo, lo leído se convirtiera en parte de su propia experiencia, y le pareciera que realmente había ocurrido. Es algo muy difícil de hacer, y trabajé muy duramente para lograrlo. De todos modos, para no explicar cómo se hace, tuve una suerte increíble en ese momento y pude transmitir la experiencia completamente. Y pude lograr que fuera una experiencia que nadie había transmitido antes. La suerte fue que tuve un buen hombre y un buen muchacho, y que últimamente los escritores se han olvidado de que todavía existen esas cosas. Después, el océano: vale tanto la pena escribir sobre el océano como sobre un hombre. Así que también fui afortunado en eso. He visto el acoplamiento de los peces espada, así que es algo que conozco. Eso no lo cuento. He visto un cardumen de más de cincuenta ballenas en esa misma zona del agua, y en una oportunidad arponeé a una de casi dieciocho metros de largo, y la perdí. De modo que eso no lo cuento. No cuento ninguna de las historias que conozco sobre la aldea de pescadores. Pero ese conocimiento es lo que constituye la parte sumergida del iceberg.
¿Puedo preguntarle en qué medida considera usted que el escritor debe involucrarse en los problemas sociopolíticos de su época?
-Cada uno tiene su propia conciencia, y no debería haber reglas para el funcionamiento de la conciencia. De lo único que podemos estar seguros con respecto a un escritor politizado es que, si su obra dura, uno tendrá que pasar por alto la política cuando lo lea. Muchos de los escritores llamados políticamente comprometidos cambian sus ideas políticas frecuentemente. Esto les resulta muy excitante, a ellos y a los reseñistas político-literarios. A veces hasta deben reescribir sus puntos de vista… y apresuradamente. Tal vez todos eso pueda respetarse considerando que es una forma de búsqueda de la felicidad.
¿Diría que alguna vez hay una intención didáctica en su obra?
-Didáctica es una palabra que ha sido mal utilizada y arruinada. Muerte en la tarde es un libro instructivo.
Se ha dicho que un escritor sólo trata una o dos ideas en toda su obra. ¿Usted diría que su obra refleja una o dos ideas?
Bien, tal vez sería mejor expresarlo de esta manera: Graham Greeene dijo en una de estas entrevistas que una pasión regente da a todo un anaquel de novelas la unidad de un sistema. Usted mismo ha dicho, según creo, que las grandes obras se producen a partir de un sentimiento de injusticia ¿Considera que es importante que un novelista sea dominado de ese modo… por algún sentimiento tan intenso?
-El señor Greeene tiene una facilidad para hacer afirmaciones que yo no poseo. A mí me resultaría imposible hacer generalizaciones sobre un anaquel de novelas o sobre una bandada de patos o una manada de caballos. No obstante, intentaré una generalización. El escritor que carezca de sentido de la justicia y de la injusticia haría mejor en dedicarse a editar el anuario de una escuela de chicos excepcionales en vez de escribir novelas. Otra generalización. Ya ve, no son tan difíciles cuando son suficientemente obvias. El don más esencial para un buen escritor es tener un detector de mierda incorporado, a prueba de golpes. Ese es el radar de un escritor. Y todos los grandes escritores lo han tenido.
Finalmente, una pregunta fundamental: ¿cuál cree usted que es la función de su arte? ¿Por qué una representación de los hechos en vez de los hechos mismos?
-¿Por qué preocuparse por eso? A partir de las cosas que han ocurrido y de las cosas tal como existen y de todas las cosas que uno sabe y de todas aquellas que no puede saber, uno hace algo por medio de la invención, algo que no es una representación sino una cosa nueva más real que cualquier otra real y viva, y uno le da vida, y si la hace suficientemente bien, también le da inmortalidad. Por eso uno escribe.

23
Feb
11

LOSING MY RELIGION

LOSING MY RELIGION
Perdiendo mi religión
(R.E.M)

Banda de Rock muy importante entre los 80-90’s. este tema es uno de los grandes clásicos de entonces, que salio en su álbum “Out Of Time”.

23
Feb
11

LOS CAUTIVOS DE LOGJUMEAU


LOS CAUTIVOS DE LONGJUMEAU
(Léon Bloy)

El Postillon de Longjumeau anunció ayer el fin deplorable de los dos Fourmi. Esta hoja, recomendada con justicia por la abundancia y la calidad de sus informaciones, se perdía en conjeturas sobre las misteriosas causas de la desesperación que llevó al suicidio a este matrimonio que todos creían feliz.

Casados muy jóvenes y siempre como al día siguiente de sus nupcias desde hacía veinte años, nunca habían abandonado la ciudad ni un solo día.

Aliviados por la previsión de sus autores de cualquier problema monetario que pudiera envenenar la vida conyugal, ampliamente provistos -al contrario- de todo lo necesario para aderezar este tipo de unión legítima sin duda; pero tan poco conforme a ese deseo de vicisitudes amorosas que ordinariamente atormenta a los versátiles humanos, realizaban a los ojos del mundo el milagro del cariño a perpetuidad.

Una bella tarde de mayo, el día siguiente a la caída de M. Thiers, el tren les había traido con sus padres, venidos para instalarlos en la deliciosa propiedad que debía proteger su dicha.

Los longjumelinos de corazón puro habían visto pasar con ternura a esta bonita pareja, que el veterinario comparó sin vacilar con Pablo y Virginia.

En efecto, estaban ese día realmente bien y recordaban a los pálidos hijos de gran señor.

Maître Piécu, el notario más importante del cantón, les había adquirido, a la entrada de la ciudad, un verde nido que los muertos les habría envidiado, pues debemos reconocer que el jardín hacía pensar en un cementerio abandonado. Este aspecto no les disgustó, sin duda, ya que no hicieron ningún cambio y dejaron crecer los vegetales en libertad.

Por servirme de una expresión profundamente original de maître Piécu, vivieron en las nubes, sin ver casi a ninguna persona no por malicia o desdén, sino porque sencillamente no pensaron en ello jamás.

Considerando la brevedad de la vida, habría sido necesario desenlazarse algunas horas o algunos minutos, interumpir los éxtasis; estos esposos extaordinarios no tuvieron el valor.

Uno de los más grandes hombres de la Edad Media, maître Jean Tauler, cuenta la historia de un eremita a quien un visitante inoportuno vino a pedir un objeto que se encontaba en su celda. El ermitaño se vio en la obligación de entrar en su aposento para cogerlo, pero nada más pasar se olvidó de qué se trataba, pues la imagen de las cosas exteriores no podían permanecer en su espíritu. Salió, por lo tanto, y rogó al visitante que le dijera lo que quería. Éste renovó su petición. El solitario volvió a entrar, pero antes de coger el objeto, ya lo había olvidado. Tras muchos intentos, se vio en la necesidad de decir al inoportuno: -Entrad y buscad lo que queréis, pues no puedo guardar vuestra imagen en mí el tiempo necesario para hacer lo que me pedís.

El señor y la señora Fourmi me han recordado con frecuencia a este eremita. Con gusto habrían dado todo lo que le pidieran si se hubieran podido acordar de ello un solo instante.

Sus despistes eran famosos: hasta en Corbeil se hablaba de ellos. Sin embargo, no parecían sufrirlo y la “funesta” resolución que ha terminado con sus existencias, generalmente envidiadas, debe parecer inexplicable.

***

Una vieja carta de aquel desgraciado Fourmi, a quien conocí antes de su matrimonio, me ha permitido reconstruir de forma inductiva, toda su lamentable historia.

Hela aquí. Posiblemente se constate que mi amigo no era ni un loco ni un imbécil.

“… Por décima o vigésima vez, querido amigo, te faltamos a la palabra. Es excesivo. Cualquiera que sea tu paciencia, supongo que debes estar cansado de invitarnos. La verdad es que esta vez, como las anteriores, no tenemos excusas, ni mi mujer ni yo. Te habíamos escrito para que supieras de nosotros y no teníamos nada que hacer. Sin embargo, perdimos el tren, como siempre. Hace quince años que perdemos todo los trenes y todos los coches públicos, hagamos lo que hagamos. Es infinitamente estúpido, de un ridículo atroz, pero comienzo a creer que este mal no tiene remedio. Es una especie de graciosa fatalidad de la que somos víctimas. No hay nada que hacer. Nos ha ocurrido que nos hemos levantado a las tres de la mañana o incluso de no dormir para no perder el tren de las ocho, por ejemplo. Pues bien, querido, el fuego prendió en la chimenea en el último momento, sufrí una torcedura a mitad de camino, el vestido de Juliette se enganchó en la maleza, nos dormimos en el banco de la sala de espera sin que la llegada del tren ni los gritos del empleado nos despertara a tiempo, etc., etc. La última vez, olvidé mi monedero.

En fin, lo repito: hace quince años que esto dura y y siento que es el principio de nuestra muerte. Por su causa, tú lo sabes, lo he perdido todo, me he alejado de todo el mundo, me consideran un egoísta monstruoso y mi pobre Juliette se ve envuelta en el mismo rechazo. Desde la llegada a este maldito lugar, he faltado a setenta y cuatro entierros, doce bodas, treinta bautizos, un millar de visitas o gestiones indispensables. He dejado morir a mi suegra sin verla una sola vez, aunque ha estado enferma casi un año, y esto nos ha costado tres cuartas partes de su herencia, de las que nos privó con rabia la víspera de su fallecimiento mediante un codicilo.

JNo terminaría nunca si detallara la enumeración de las meteduras de pata y desgracias ocasionadas por esta increíble circunstancia de no podernos alejar nunca de Longjumeau. Para resumirlo en una frase, estamos cautivos, desde ahora privados de esperanza y vemos llegar el momento en el que esta condición de galeotes dejará de sernos insoportable…”

No reproduzco el resto en el cual mi triste amigo me confía cosas demasiado íntimas como para que las pueda publicar. Pero doy mi palabra de honor de que no era un hombre vulgar, de que fue digno de la adoración de su mujer y de que estos dos seres merecieron terminar mejor que de la forma bestial y sucia en que lo hicieron.

Ciertos detalles, que pido permiso de guardar para mi, me hacen pensar que la infortunada pareja era realmente víctima de una tenebrosa maquinación del Enemigo de los hombres, quien los condujo, con la ayuda de un notario evidentemente infernal, a ese rincón de Longjumeau de donde nada tuvo el poder de arrancarlos.

En verdad creo que no pudieron huir, que había en torno a su residencia un cerco de tropas invisibles seleccionadas a propósito para sitiarlos y a las cuales ninguna energía habría sido capaz de vencer.

***

La prueba para mí de una influencia diabólica es que los Fourmi estaban devorados por la pasión de los viajes. Estos cautivos eran, por naturaleza, esencialmente migratorios.

Antes de casarse, habían estado sedientos por recorrer el mundo. Cuando sólo eran novios, se les vio en Enghien, en Choisy-le-Roi, en Meudon, en Clamart, en Montretout. Un día, fueron hasta Saint-Germain.

En Longjumeau, que les parecía una isla de Oceanía, este ansia de audaces exploraciones, de aventuras por tierra y por mar no haría más que aumentar.

Su casa estaba repleta de globos y de planisferios, tenían atlas ingleses y alemanes. Incluso un mapa de la luna, publicado en Gotha bajo la direción de un figurón llamado Justus Perthes.

Cuando no hacían el amor, leían juntos historias de marinos famosos, de las cuales su biblioteca estaba completamente llena, y no había revista de viajes, un Tour du Monde o un Boletín de sociedad geográfica, al que no estuviesen suscritos. Mapas con recorridos de trenes y prospectos de agencias marítimas llovían sobre su domicilio sin parar.

Algo que no se creerá: sus baúles se encontraban siempre listos. Siempre estaban a punto de partir, de emprender un viaje interminable a los países más lejanos, más peligrosos o más inexplorados.

Fácilmente habré recibido cuarenta notas anunciándome la inminente salida para Borneo, Tierra del Fuego, Nueva Zelanda o Groenlandia.

Incluso muchas veces han estado a un pelo de hacerlo, en efecto; pero finalmente no partieron. Nunca partieron porque no podían y no debían. Los átomos y las moléculas se coaligaron para echarlos atrás.

Sin embargo, un día, hace una década, creyeron firmemente que escaparían. Habían logrado, contra toda esperanza, lanzarse hacia un vagón de primera clase que debía llevarlos a Versalles. ¡Liberación! Allí, sin duda, se rompería el círculo mágico.

El tren se puso en marcha, pero ellos no se movieron. Naturalmente, estaban dentro de un coche que se quedaba en la estación. Todo comenzaba de nuevo.

El único viaje al que no debían faltar era el que acababan de emprender. Su carácter bien conocido me hace creer que se prepararon temblando.

Esta traducción, realizada por José Luis Gamboa, está bajo una licencia de Creative Commons.




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Literatura, Música, Misceláneas, Pasados Imperfectos, Letras, Crónicas del Viento, Letras, Poemas, Meandros, Artículos Cotidianos, Artículos Literarios, Arte, Cine, El Cine de Oro Nunca Muere, Fragmentos, El Artista de Hoy.

VISITANTES DESDE/ 11/ AGOSTO/ 2009

PREMIO ESTRELLA AL BLOG

Por su aporte al Arte y a la Literartura. Entregado por las Chicas del Club de la Buena Estrella 2010.¡Gracias Chicas!.

PREMIO DARDOS:

Según lo dijo Taty, quien me lo entregó, era por fomentar la lectura y la amistad. Gracias Taty. Leerla en su blog: www.secuenciasdelalma.blogspot. com

NO MÁS PREMIOS

Agradezco la buena intención, pero este blog y ninguno otro nuestro, recibirá más premios o estímulos. Gracias. Gina

ESCLAVITUD ANIMAL

VEGANOS EN ACCIÓN

ANTITAURINOS


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