Archive for the 'MEANDROS' Category

23
Mar
11

LA SOLEDAD DE LAS ESFERAS

LA SOLEDAD DE LAS ESFERAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Siempre volvíamos a empezar de nuevo sin pensar siquiera en la grieta que se había creado. Hablar de nuevo era como volver a tocar el cielo, se aceleraba el corazón, se hacía tarde sin pensar en el tiempo transcurrido tras el cristal del reloj andante, la niebla tenía la virtud perpetua de ir borrándolo todo, hasta los años que empezaban a asomar en forma de hendiduras imperceptibles en la piel, aquellas que van aumentando la edad a la gente de nuestra edad y a las que tú y yo recién empezábamos a temer y a ver con cierta suspicacia, porque encontrarse con “eso”, es  un símbolo de todo un mundo por explicar, un cúmulo de dolores, tormentos, padecimientos mudos, insomnios, sueños rotos, ilusiones perdidas, adioses eternos, anhelos frustrados y finales caóticos de cualquier plan soñado o ilusión. Entonces la risa y volver a empezar siempre era lo mejor de esta vida, porque parecía ir provista de una eficaz amnesia  con algún efecto narcótico, para volver a estar bien. Pero no obstante, maquillar esas heridas de guerra, siempre  era como una  ilusión  infructuosa,  porque  jamás volvían a sanar.

Soñar, con volver a ser lo que éramos antes de conocernos, te daba pánico, yo miraba resignada la tarde, aceptando la costumbre nuestra de romper cada dos por tres, entonces una especie de sopor se apoderaba de mi, no sabía si era efecto de la hormona o la invisible  ayuda de una “mano amiga” que en esos momentos se apiadaba de mi, sumiéndome en una gran pesadez y fatiga  y un sueño redentor me transportaba lejos de toda realidad, allí donde parecía cargar con la gravedad terrestre,  mientras una especie de  fardo de inconciencia cerraba mis ojos hasta el amanecer…Ignoraba lo bien o mal que te pudiera ir a ti, pero es obvio, que la costumbre de dejarnos a menudo nos hacía menos proclives a la dependencia mutua, ya sabias tanto como lo sabía yo, que el timbre del teléfono no sonaría en el lapso de dejarnos, que los e.mails tampoco llegarían, que las horas debían cubrirse de otro modo, que la mente debía ocuparse de cosas más o menos serias, para poder permanecer en ello atrapados, lo importante era vencer la tragedia, convertir nuestra vida en cotidianidad apacible, hacernos a nuestra unicidad sin más, sin rasgos de pesar, ni diálogos internos que aumentaran el poder de nuestro tedio, hechos ambos a la vida y a los vientos que llevaran nuestras almas hacia algún averno, con la resignación de los Santos o los bobos, pero yendo sin saber siempre el porqué.

Lavándome las manos me encontré observando de pronto una gran pompa de  jabón,  girando en la ingravidez de una invisible peana, mientras  iba cambiando de color  me pregunté cosas sobre el universo, me pregunté sobre aquel ímpetu redentor,  sobre esos planetas que giran y giran sin cesar, mientras el impulso de  una fuerza desconocida les anima  a vivir, danzando el vals de la soledad de las esferas. Reflexiono y empiezo a inferir si aquél es el baile solitario que hacemos tú y yo cuando dejamos de vernos…Pero la vorágine de perder, tu orgullo, mi resignación, parecen imponerse al destino. Las flores mueren por falta de cuidados, los seres nos volvemos mustios y grises sin amor y tú y yo pareciera que vamos poco a poco a conformar esa danza de la unicidad…Supongo es el último vals de la pompa multicolor y explotará irremediablemente muy cerca de mis manos, siento la tentación  de protegerla de la implosión que se avecina, sé que no puedo, es su destino, en algún momento desaparecerá tal como empezó; aquello es la equivalencia a ser disueltos en la nada, a quedar como partículas de polvo repartidas en un universo, a caer y a caer en una gran oscuridad desconocida y sin fin, en algún agujero negro donde se esconde la inasible vorágine y donde van a sucumbir los naufragios.

 Ya que hallarnos y perdernos parecía ser nuestro sino, a menudo dejábamos que la providencia hiciera su parte, una especie de implícita condescendencia parecía cubrir los hechos con manos de seda, y una gran apatía se apoderaba de ti y de mi y de toda nuestra voluntad de luchar para ganar; ya nadie debía oponerse al aparente destino y su cauce. Sin embargo, la razón del infortunio era esa, volver a perdernos otra vez, pero cuando eso llegaba parecíamos caer en la triste redención por el dolor, en un silencio cómplice y cicatero, yo dejaba vencer a tu orgullo y tú intentabas demostrar una paz indiferente, a menudo  tan inexistente en ti, yo debía demostrar que había aprendido a ignorarte sin volver a perdonarte una vez más, tú alimentabas tu inquina esperando otros te dieran la razón por inseguridad, y esa parecía ser parte de tu inútil venganza, yo no esperaba ni eso, mi vida era mía y de nadie más, la llevaba en medio del silencio que anudaba mi lengua hasta el amanecer, con la esperanza de un día distinto, aguardando  unirme al compás  y esplendor mañanero, para volver a olvidar que alguna vez tú y yo nos habíamos conocido.

Algo de esa irrealidad intangible acompañaba sin embargo siempre nuestras vidas, tu temor a perderte para siempre en esa nebulosa sombría parecía persistir constantemente…  Mientras paso ese semáforo en verde, en la retrospectiva del espejo veo perderse el sueño eterno del futuro que ideamos,  y mientras sonrío tristemente voy  introduciéndome  sin saberlo en la misma nebulosa que tú temes,  y en donde aún con la memoria y mi verdad, tengo ilusas esperanzas de encontrarte.

 Barcelona, 28 de febrero, de 2011.

(Sobre una  historia particular. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia)

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01
May
10

LA FACTORÍA DE FICCIÓN


LA FACTORÍA DE FICCIÓN
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mi amiga, la Cascada y yo, salimos comentando la fantástica película de Woody Allen: “La Rosa Púrpura del Cairo”, cuando descubrimos una puerta del Exit, ¿entramos?, me sugirió ella, yo moví negativamente la cabeza, mientras masticaba mis palomitas de maíz tranquilamente…Miré que la gente abandonaba la sala en una semipenumbra tras el final de la película, luego ella, interrogó en un tono de reproche: “¿por qué no podemos hacer algo distinto, alguna vez?, la miré confusa haciendo un gesto de “no sé” y como me domina un aire gamberril de picardía y gran curiosidad, le dije: “No es que estemos en un gran incendio, ni nos urge pasar por la salida de emergencia, peeero mira tú…—repuse alzándome de hombros —Me da igual salir por donde fuera…”. Ella me miró estupefacta y se le iluminó la cara con una gran sonrisa, como si  transgredir normas y seguir  juegos peligrosos fuera más excitante o como si detrás de la puerta del Exit, nos esperara un OVNI, maravilloso y multicolor, muy digno de ser visto por las dos…

Tras empujar aquella puerta de metal, nos escurrimos tras unos feos laberintos, la cara de mi amiga parecía reflejar el desencanto de una aventura fallida, pero de pronto la voz de un hombre negro, vestido de frac y pajarita, nos sorprendió: “¿A dónde bueno Señoras?, les recuerdo que este es un camino vedado al público asistente”—concluyó, mirándonos de hito en hito, con cierta intimidación, Taty y yo observamos el gran cortinaje color burdeos que tenía detrás, orlado de finos bordes o simulados hilos de oro, divagamos con los dientes albos y deslumbrantes del buen hombre, más bien correcto y amable en su misión…

—Espere, señor, —espeté yo—haciendo buen uso de mi educación. Según mi madre,  nunca fallaba tratar con gran respeto y cortesía a un portero.
—Mi amiga y yo venimos del Daily Mirror, fuimos invitadas para estar presentes, —inventé enseguida,  y así continué hilvanando una historia imaginaria, muy segura de mi misma,  dando cierto aplomo a mi respuesta.
—¿Y usted es…?—le preguntó a Taty—Ella me miró brevemente instándome a que yo siguiera con mi cuento chino…
—La fotógrafa Taty Waterfall—repuse, traduciendo su apellido. Y yo la reportera del evento Gina MC Pik ’Art.
—Oh, señoras mías, mesdames—dijo el hombre de color de la puerta, con un gesto de arrepentimiento. Sin duda ha sido un error, podréis pasar enseguida…

Taty, me miró interrogante e insegura y yo di muestras de haber sido ofendida y dando unas grandes zancadas, como alma que se lleva el diablo,  traspasé esos gruesos cortinajes, que el portero me ayudó a franquear, levantándolos con un brazo, mientras yo arrastré de  una mano a Taty e ingresamos con la presteza de una ilusión desconocida.

Cuando estuvimos distantes al hombre de la portería, le pregunté a Taty casi en un susurro:
—¿Trajiste tu cámara de fotos verdad?.
Ella, abrió su bolso y me la mostró, entonces yo di un hondo respiro.
—¡Vaya, menos mal!. Todo iba saliendo bien.

Habían amplios salones iluminados y la recepción parecía de película, súbitamente habíamos hallado una gran fiesta tras la puerta del Exit. Había una gran cantidad de rostros conocidos, gente a quienes yo creía haber visto unas tantas veces, que ya parecían familiares…De pronto Taty, exclamó: ¡Mira es Hemigway!…

—Sí, es verdad.—dije constatando el aspecto de ese hombre que parecía dar muestras de aburrirse entre esa multitud, e iba cogiendo copas de champaña servidas de una bandeja.

Taty, muy astuta ya había detectado que sus libros estaban por allí, sobre una mesa y cogiendo uno se le acercó a Hemigway, diciéndole:

—¿Señor Hemigway, me haría el favor de firmarme esta gran novela?.
Ernest Hemigway pareció salir de su abstracción y volviéndose a mi amiga y reconociendo su libro sonrío y dijo:

—Claro, por supuesto. —mientras rebuscaba en el revés de su chaqueta un bolígrafo.
—Para Taty, Waterfall —dijo ella, a la vez que Hemigway pareció garabatear el libro. Cuando se irguió el escritor nos miró a las dos y nos dijo:
—Esta es una noche esplendorosa, aquí no sólo podréis divertiros sino que disfrutaréis del talante y el humor de estas viejas glorias y haciéndonos un agur con la mano se despidió de nosotras, dedicándose a recorrer las mesas, como un condenado con una copa de champaña en la mano, y tras encontrarse con Scott Fitzgerald,  quien hacía lo mismo, nos olvidó por completo.

A lo lejos vimos al  calvo, seductor y talentoso pintor Pablo Picasso, parecía más enano al lado de la deslumbrante y altísima Rita Hayworth, pero él no se arredraba, por el contrario parecía retarse a sí mismo, tirándole los tejos y haciendo un alarde de su gran personalidad con las mujeres, haciéndola reír mejor que un bufón  al rey Arturo.

Ray Charles le arrancaba notas de jazz al piano y mi amiga, la Waterfall, emotiva y siempre al borde de las lágrimas, lloró de emoción al descubrir a su pintor,  Picasso. Más de una vez la tuve que calmar y evitar echara por tierra el trapicheo y las argucias del pintor malagueño con la Hayworth, deseaba tocarlo como si de una escultura se tratara, es tan sensorial que el efecto Picasso le resultaba tremendamente magnético.

Luego Taty, miró la gran mesa de pull y exclamó:

—Mira, ¿no es allí donde podremos jugar?…¡Oh, Marilyn, James Dean, Elvis Presley!..y este…¿cómo es que se llama?…
—Humphrey Bogart—concluí yo. —Sí, es fantástico ¿y todos apostados en esta fiesta?.
—Venir, venir —Nos llamó de pronto Elvis Presley. Nos acercamos y nos saludó muy amablemente y nos dijo en un tono confidencial:
—Esto a mi me huele a chamusquina, ya veréis los celos que se empiezan a sentir por este gran recinto…¿reporteras?.
—Así es, Gina MC Pik ‘Art y Taty Waterfall, reporteras del Daily Mirror, señor Presley, le dimos la mano y nos dijo haciendo un embudo con la mano:
—Si tenéis paciencia, aquí se desatará la de Dios…—profirió riéndose, mientras se golpeaba con el taco del billar una mano, pero antes de que se fuera del todo hacía la mesa de pull, Taty le hizo una seña y le dijo:

—Ssss….¿Puedes convencer a tus amistades para que posen y yo les haga una foto en esa mesa de pull?…Mientras tanto sacó del bolso la Nikon D90 digital y la preparó rápidamente para una foto. Elvis asintió muy simpático con nosotras mientras dirigiéndose a Marilyn, Jamés Dean y Humphrey Bogart, les dijo:
—¡Hey, unas amigas mías del Daily Mirror desean haceros unas fotos, posar para ellas…Marilyn dubitó y se llevó con cierto automatismo una mano hacía su rubia cabellera y sonrió, tenía un gran glamour, pero enseguida decidió sentarse sobre la mesa del pull, Humphrey Bogart más bien poco simpático y soso se quedó sentado en la misma silla, como pensativo, James Dean posó como quien va a disparar un tiro,  Elvis cogió el taco de billar y se lo puso al hombro, fue cuando nuestra fotógrafa buscó su mejor ángulo y sonó el opturador…Enseguida, Marilyn  río estruendosamente y nos saludó con la mano amistosamente desde la distancia.
Taty, me preguntó bajando la voz:

—¿Y eso fue para nosotras?.
—Sí, eso creo, —dije intentando responder con más sonrisas a las sonrisas a Marilyn.
—¡Hey, Norma Jean!— reclamó James Dean a su vez—has jugado muy poco en esta mesa, todavía  me debes ganar…
Pero Marilyn dejó esa mesa de pull y le pidió a Elvis que le tocara esa vieja canción que le gustaba, entonces nuestra Taty Waterfall, volvió a fotografiarlos, pero descubrió que su cámara los tomó en blanco y negro…
—Estas atinada hoy, no te pierdes una…—le dije yo.
—Mira esta pequeña —dijo Taty, señalándome a la risitos de oro que iba comiéndose los pastelillos de la mesa.
—¡Ah, yo sé quien es!. ¡Si es Shirley Temple!, amiga de mi madre…baila de maravilla, un zapateo que pa qué… y actúa como una gran estrella…
—¿Qué dices, cómo va a ser amiga de …?
—Vivieron en la misma época y hasta le respondió alguna carta, era su fan…
—¡Ah, comprendo!…—dijo Taty, distraida… Gina, fíjate con disimulo—me dijo—es imaginación mía o Bette Davis, aquella del sofá,  me ha guiñado un ojo, la he mirado dos veces y en las dos veces  ha intentado captarme la atención así…
—Es como dice Elvis—repliqué—aquí todos están un poco majaretas y no tardarán en armarla…

Ni bien terminé de decirlo y Picasso arreció una sonora bofetada a su novia Dora Maar, que paralizó la fiesta, todos los ojos se volvieron hacia ellos, parecían petrificados e incrédulos con el espectáculo, la pobre Dora, cubierta de llanto y con el rostro enrojecido, corrió despavorida hacia los lavabos, que a punto estuvo de quedársele un zapato, como avergonzada por tan bochornosa exhibición de celos, furias, perversidad de parte del pintor y un estilo deplorable de bravucón, camorrista. Encima, mirando a todos hizo ademán de limpiarse las manos…Enseguida se aproximó oportunamente Scott Fitzgerald quién intentando quitar hierro al asunto  dijo muy fuertemente: ¡¡Vidas Privadas Señores!!…Entonces la concurrencia intentó desentrañar el complicado entramado de la pareja por su cuenta y riesgo, entre cuchicheos y murmullos, girándose e intentando disimular el mal momento sufrido por Dora Maar, quien acompañada de un séquito de señoras cotillas y chismosas, lloraba amargamente sus celos por intentar poner en su sitio a Picasso, sin conseguirlo, pero tampoco él se hizo un gran favor, desde aquel día Rita Hayworth lo detestó como a la peste, porque el suceso en cuestión le hizo muy mala prensa internacional. Por allí se rumoreaba que la relación Dora y Picasso era del mas puro estilo sado-masoquista, una bomba explosiva y temperamental, por eso él era especialmente cruel con Dora Maar a quien siempre la retrataba llorando.

—¿Ese es tu Picasso?—interrogué  a mi amiga—Lo que es yo, no lo quiero ver ni en pintura…
—Lo sé. —dijo ella afligida— él será un gran pintor, pero Dora tampoco se merecía eso…Son temperamentos explosivos de artistas—apuntó.

En medio de todo el rumor de las conversaciones por suerte y de pronto Taty empezó a reirse y alzando una mano  saludó, cuando me volví saludaba al Rey del Pop, Michael Jackson, que hablaba con la bella Liz Taylor, quien intentaba ayudarle a limpiar su guante blanco manchado de mermelada. Un  Jackson al descubierto por la aguda mirada de Taty,  logró sonrojarse como un niño pillado infraganti y apenas saludarla inundado de una gran vergüenza.

—¡Hey, chicas del Daily! —nos llamó James Dean, súbitamente y se nos acercó. Las invito a pasear en mi nuevo coche, mi pequeño bastardo, es un gran Porsche Spyder 550, fantástico y único…Dicho esto me entregó su tarjeta.
—Enhorabuena por esa adquisición James, quizás nos apuntemos para salir contigo, mi amiga y yo terminaremos nuestro reportaje para el periódico y quizás quedemos uno de estos días, esta es mi tarjeta…
—¡Fantástico!,—cogió la tarjeta la miró por ambos lados y repuso antes de guardársela en el bolsillo.—Gracias, sí, las llamaré una de estas tardes…
—¿Por qué nos mira tan extrañamente ese Humphrey Bogart?—le pregunté a Taty…
—Muy fácil, hace 2 semanas se querelló con el Daily, ¿ya no lo recuerdas?. Difamaciones publicadas, aludió…
—Es verdad, claro ya lo recuerdo, este vino de Burdeos esta buenísimo…Espera, esa es Rita Hayworth, me encanta en su película “Gilda”, y es tan asombrosa como en el cine. —apunté…Le hice un ademán de brindis con mi copa y me respondió con el mismo gesto, desde la distancia  y muchos se quedaron mirándonos…Para ellos éramos grandes amigas y me hizo muy feliz…
—¿Te comportarás verdad o es efecto de ese vino francés?—repuso mi amiga,  la Waterfall.
—¿Pero tu la has visto cantando “Put To Blame On Mame”?, es única e irrepetible…

Aquella noche, salimos del Exit, como en una nebulosa, los caminos parecían cortados y en perspectiva cubista, sólo recuerdo que mi amiga Taty me llevaba hacia casa, diciéndome sin parar: “Ay, la MC Pik ‘Art, qué embriagada ha estado esta noche,… sólo te restará dormir y mañana será otro día”…

Yo no lo hubiera creído si Taty no acreditara con sus fotos lo vivido, es más, al lavar mis vaqueros desteñidos rebusqué los bolsillos y encontré la tarjeta de James Dean intacta,…Él ya no está en este mundo y todavía yo espero su llamada y el paseo en el gran Porsche Spyder 550, fantástico y único, como la gran factoría de ficción que triunfa cada anochecer en alguna puerta del Exit…

Barcelona, 01  de mayo, 2010.

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12
Abr
10

REGRESANDO AL SLOW LIFE

                     

LA VIDA EN GRIS
(REGRESANDO AL SLOW LIFE)
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Ahora sé que se terminaron mis prisas, mis carreras inútiles por llegar a esos laberintos, mis impaciencias por lo imposible, me bajo de aquel carrousel de sueños rotos, de aventuras a golpe de caballo, abandono la mágnum 44, con la sumisión y la certeza de que se acabó la guerra, me inunda un cansancio como el peso de los años, los amores y la vida, de los que ahora no deseo saber nada. Quizás todavía circunda un leve olor a pólvora en el aire y los vestigios de la guerra que me torturó y cansó, asoman tras el polvo y la refriega. Quizás he muerto, no lo sé. ¿Quién ha regresado de allí para contarnos lo que es morir?  ¿Quién sabe en qué nos convertimos después de una gran contienda dolorosa? ¿Pasaremos a ser fantasmas difusos, divagantes y solitarios?. Como fuere, yo abandono mi instinto de peligrosidad para quedarme en la molicie, para empezar a perder el imperativo del tiempo, el sentido social del deber, la persecución inútil de las ilusiones de insomnes y en exceso concientes, para intentar recobrar mi luz, mi paz, mis condiciones imperecederas y constantes, que por suerte me acompañan aún tras las aparentes derrotas y me mantienen erguida y consecuente con mi propia verdad.

Es una primavera extraña y con lluvia, y yo vivo la vida en gris, porque me alivia, porque quizás así me olvido un poco también de las ilusiones fulgurantes que me producen fotofobias al asomarme al ventanal, porque me dan idea de las tardes de octubre: plúmbeas, cansinas, adormecidas y tan poco excitantes y también silenciosas porque las golondrinas abandonaron ya para entonces sus nidos  y se fueron con la música a otra parte, para dejarnos un gran silencio melancólico. Pareciera me equivoqué de estación, pues estamos en abril, y tal vez desentono con aquella efervescencia inequívoca de la primavera, donde la gente gusta  vestir con más colores, hablar y reír más, salir y comprar más, quizás para compensar otras infelicidades, para suponer que así resuelve sus problemas y pasan del cartón piedra al papel, donde se puede escribir un poco de todo, como dijera John Locke,  en una tabula rasa, lo que sea, si luego se agita le désir de vivre, como el jolgorio de las aves al reverdecer los campos.

Sí, yo me quedo en la antigua caricatura de lo que fuimos, como en la película Pleasantville, en la inocencia y el desconocimiento de las cosas, en el blanco y negro, después de emular a los locos, de intentar vivir a salto de mata, trasgrediendo unas leyes que no se inventaron para mi, después de ir como los kamikases  temeraria y peligrosamente, riéndome del mundo, de los correctos y los sabios, e intentar fórmulas bien pensadas de suicidio, para perfeccionar la técnica de desaparecer sin dolor y huir del sin sentido…Me detengo a mirar el día detrás de las cortinas y recuerdo que pedí un día más de prórroga, el día aquel que me sentí morir, con mi sonrisa patibularia, yo misma no lo podía creer, después de tantos coqueteos con la muerte, de ir fraguando y maquinando la fórmula final, deseando caer en la misma tentación de Elías Canetti: “desparecer y no ser encontrado, gran tentación” decía él Nóbel de Literatura,  habría sido la gloria…Pero allí estaba yo, acobardada en una hora final, deliberando con mi hacedor alguna posibilidad de permanecer en el lado conocido de las cosas, ¿pero quien sabe cuándo cruzamos el imperceptible velo de los mundos paralelos?…Si te veo y no me ves, si me hablas y no te oigo, si en verdad nos acogieron ya los fantasmas  con su estilo de gran envergadura, amable y siempre gris, con bastón y con saludos de bombín, menuda entrada a la vida gris y sin color.

Pero, ya que no debo apresurarme  y me acojo al puro estilo del Slow Life me quedaré mirando tranquilamente crecer la hierba, como James Dean en Gigante con la lentitud del tiempo a mi favor, intentando hallar pequeñas grandes  bellezas del mundo y de la vida,  hasta  llegar a encontrar el mundo y su amalgama de color, poder sentir esta nueva primavera y quizas hasta volver a soñar otra vez con irremediables e imposibles,  que debería evitar.

 
Barcelona, 12 de abril, 2010.

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25
Mar
10

LOA A LAS AMISTADES PELIGROSAS

LOA A LAS AMISTADES PELIGROSAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mucho se ha hablado del mito de Peter Pan, el eterno niño que no deseaba crecer y vivía en el país de “Nuca Jamás”. También es cierto que las mayores preocupaciones de nuestros padres fueron aquellas en las cuales era preciso no tropezáramos con cierto tipo de gente de nuestra edad, un tanto peligrosa, por su tendencia a influenciarnos y llevarnos supuestamente por un mal camino. Pero yo creo que más fueron los temores a la real peligrosidad, creo que hubo más sobre-protección, más miedo a que descarriláramos tan pronto de sus lineamientos, eso más bien, más idea que realidad. Loa a mis amigos y amigas más peligrosos que pudiendo crecer desearon ser niños eternos como Peter Pan y estuvieron siempre más allá del bien y del mal.

Hago una loa a mis amistades más peligrosas y más inquietas, porque me permitieron ser niña de verdad, tomarme la vida en broma, explotar en mi la vena más gamberra y poder ser una líder creativa, porque tuve que inventarme juegos para tenerles ocupados y generar entusiasmo en mi panda, así nunca dejé de ser la bluestocking del barrio, aún teniendo que generar discordias internas en algunas mentes de mis vecinos, que me veían pertenecer a esa edad ambigua de androginia y desde entonces ya rezaban por mi, porque fuese buena, estudiosa y no un problema para mis padres, con tanta inquietud desatada. Agradezco a mis amistades anónimas en el tiempo, por ayudarme a ser políticamente incorrecta, poco solemne y por darme la chispa para tener una actitud siempre transgresora y desafiante, por coadyuvar en mi a ser esa especie de enfant terrible y por suerte sin remedio; sin embargo, nada liberó a mi espíritu aventurero e inquisitivo de ir quemando etapas y seguir tras los laberintos e incógnitas que me presentó la vida, sin tener que acumular lecturas y leer a Dickens, Oscar Wilde o Lewis Carrol, o escuchar demasiado a Mozart o Chopin…aún sin ello, aprendí a ganar y a perder, a saber hallar entre los otros mundos el mío.

Creo es ventajoso tener unos padres que pese a todo crean en ti, que te otorguen el derecho a equivocarte, a ser imperfecta, que no esperen que tengas siempre que emular a los adultos y tengas ya los escarmientos que sólo te dan los años y los golpes. Si tienes buenos genes y además buenos padres, siempre serás la que estabas destinada a ser y si además te acompaña el sentido común, intuición y buena orientación, sabrás de sobra cual es tu camino, aunque tengas alma de marinero y el cotidiano y las amenazas más relevantes sean los naufragios y los conatos de suicidio, aún cuando la aguja de bitácora te destine hacía lo desconocido, tendrás un buen diario de a bordo y llegarás a buen puerto.

Loa a los grandes amigos y amigas más peligrosos, que sin saberlo me sacaron del camino de todos los demás y me ayudaron a mirar el carrusel desde algún rincón tranquilo y dejarme suponer que ese mundo era el de los otros, y que el nuestro estaba justamente en una galaxia distinta, donde nuestra alta peligrosidad era el detonante y el motor de nuestros sueños e ilusiones, que hicieron más felices y distintos esos días, y me llevaron a la certidumbre que el tiempo del compartir era preciado. Agradezco a los amigos y amigas más peligrosos del planeta, porque tuvieron fe en las cosas supremas que no se ven, que acompañaron mis silencios, mis esperanzas y mis anhelos y formaron conmigo otro mundo de verdad.

 

Barcelona, 25 de marzo, 2010.

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04
Ene
10

SUCESOS DE LA LUNA ENFERMA

 

SUCESOS DE LA LUNA ENFERMA
(Por. Gina Martínez-Vargas Araníbar)

En mis manos había caído un manuscrito inédito de un oscuro escritor, al cual supuse benedictino y de convento, pero que alguna vez se enamoró y abandonó sus deseos de confinarse para siempre entre las habitaciones frías y empedradas del Monasterio,  perdiendo así sus privilegios de vago-contemplativo, tuvo que hacer de Okupa en algunas casas abandonadas, mientras las musas de la escritura lo poseían e iban poblando su raciocinio de salidas inteligentes e ingeniosas, mientras su libro se iba llenando de páginas y más páginas. Lo llamaré K* por su gran parecido con Kafka, por su intrincado mundo poblado de pesadillas y contradicciones, por sus amores denostados y poco comprendidos, por sus abandonos y negligencias, siempre sobreponiendo a todo y a todos su gran amor enfermizo hacia la literatura. Su mal, no obstante, gratificante y literario, al que el escritor catalán Enrique Vila-Matas dio en llamar: “el mal de Montano”. Un amor desmedido por las letras, la escritura, el embrujo de la palabra impresa y escrita antes que narrada oralmente, con la memoria muy llena del anecdotario y la fraseología de sus protagonistas más eximios, todos ellos harto atormentados en sus momentos de supuesta lucidez, en sus raptos de gran ensoñación, quizás en busca de un algo desconocido parecido a la felicidad y artilugio de evasiones más que deliberadas, para huir del tormento de lo que significa soportar una realidad amarga, nada platónica, poco divertida y con escasas opciones para salir por las puertas del exit, de todas esas historias que significan vivir pisando tierra…Insoportable anhelo del artista, que prefiere mil veces encaramarse al follaje de cualquier árbol, para intentar un vuelo ideal, complicado, dulce, como receta a su mal de Montano…

K*, enamorado de una mujer parecida a una madame Du Barry, amante maitresse de Luís XV, aún casto en casi todos sus pensamientos, tuvo que dejarse pervertir muy dulce y progresivamente, hasta llegar a descubrir un mundo nuevo de la mano de su novia; sin embargo, un buen día se derrumbó y cayó en una terrible crisis existencial llena de preguntas y repreguntas, que no lograron liberarlo de su apatía y duras contradicciones. No era él, se dejó crecer la barba, dejó de sentirse cómodo en este mundo y creyó que debía suicidarse. Ya para entonces su libro inspirado y maldito estaba lleno de páginas a las que llamó: “Sucesos de la Luna Enferma”. Pero el empeño obstinado de su novia lo impidió. Él sin embargo, haciendo acopio de su ya poca santidad, trasladó su noviazgo a la trastienda de la realidad y huyendo hacia Internet, desde donde afirmó sentirse más cómodo, envió tarjetas electrónicas a su no menos enardecida novia, ramos de flores, corazones, mientras ella lo acosaba cada vez más, solicitándole besos y más besos. ¿Besos?, se preguntó entonces el ex monje.¿Pero cómo se dan besos a una novia por Internet?, se interrogó el solicitando un S.O.S que colgó en un foro de los forofos de Internet, que iba precedido del siguiente epígrafe: “¿Cómo besar por Internet y no morir en el intento?”, las respuestas de los foreros menudearon y no tardaron en llegar. Unos decían que besar por Internet era posible, se ponían los emoticones de los labios rojos o mejor aún de los labios rojos que dicen sonoros: ¡¡muach!!, muach!! y ya estas besando…Otros decían que bastaba acercarse a la web-cam con la boca en puchero y bastaba, las opiniones de algunos cubanos lo sacaron de quicio a K* cuando le aconsejaron que debía de mostrar “la bemba colorá” y punto, el beso estaba hecho…En el infinito posible de los besos virtuales, era posible besar sin morir en el intento, pero nuestro ex monje ruborizándose ante las solicitudes de su novia tipo madame Du Barry, se hacía un lío, ni aún en la trastienda del Internet lograba ser un tanto desinhibido y a veces le seguían rondando ideas de santidad y pensaba en el suicidio de los desencantados con la realidad mundana.

Fue en ese trance cuando yo conocí a K* y me dijo: “Soy un amante perfecto, pero de las letras de la A a la Z”, luego me sonrió y añadió: “Hombre, claro, que de a pocos uno se va haciendo mejor amante, eso es seguro… Créame o no, estoy perdido en el dilema de amar sin ser visto… Internet me permite llegar a ejercer el complicado compromiso de las letras y amar virtualmente…”.

—Un momento Señor…

—K*…—completó él mismo.

—¿Qué es ese galimatías de ser el amante perfecto de la A a la Z?, y ese otro intríngulis extraño de amar virtualmente?. —dije, un tanto molesta.

—Bueno, todo no se puede tener, amor a una novia, amor a un Monasterio, la carne, la santidad, los besos volados y castos y los otros que no lo son tanto…—expresó él.

—Supongo que deberá usted casarse o meterse al convento. —repliqué muy convencida.

—Allí esta el dilema, ha dado usted en el clavo, ese es mi mayor problema mujer, abandonar los hábitos y hacerme laico o seguir el mandato de la carne.

—Pero Señor K* yo no le voy a decir a usted qué opción deberá tomar, es su vida, es su decisión. ¿Pero tiene usted alguna novia o todavía?.

—Ella,…la,  la condenada  Du Barry esa…jaja—río mientras su rostro se tiñó de encarnado al ruborizarse súbitamente.

—¡Ah, pillín esta usted enamorado!—dije cogiéndole una manga de su atuendo de fraile franciscano.

—Ssssss….—arrastró una sibilante “ese”, invitándome a callar.—Es mi secreto, de no haber entrado a este terrible dilema, jamás se lo habría confiado.

Esa misma tarde en la piazza Vittorio de Roma, viendo volar a las palomas, me confesó entre lágrimas el ex monje: “Ho pecato, amo questo, il cosiddetto Du Barry”

—Pero esa es una confesión mi querido Señor K*, —aseveré risueña—. Es un milagro.

—Ya, — pero fuera Monasterio, vida contemplativa, a mis años, viviré de Okupa o la caridad de los seres humanos que es escasa…

—¿Pero no era usted un gran amante?.

—De la Literatura —sentenció él. —Le dejo mi querida amiga el único libro que escribí sobre mis grandes sufrimientos y dilemas…—dicho esto me dejó en las manos: “Sucesos de la Luna Enferma”.

—Fantástico —dije, mirándo esa carátula donde se veía una luna y un fraile de rostro desmejorado y macilento. ¿Esto quiere decir que se casará con la señora esa?…

Chi lo sa…Si me gana la partida del ajedrez o del billar 3D por Internet…—dijo soriendo socarronamente.

Aquella tarde me fui preguntándome más bien, todas las grandes dificultades y equivocaciones del camino hacía la santidad, sobre los grandes dilemas que en extremo tiene un ser que deliberar consigo mismo. Nosotros pobres seres amantes de todo lo bueno y lo santo de este reino de un Dios o de un Diablo, para llegar a conocer el verdadero apostolado de lo que significa vivir pisando tierra. Por cierto, desde aquel día, el señor K* pasa inadvertido vistiendo de sí mismo entre la gente, quizás lleve su “mal de Montano” o desmesurado amor hacia los libros y la literatura, pero creo de algo le habrá servido despojarse de “Los Sucesos de la Luna Enferma”. Un Papageno y un Tamino unidos y felices quizás, símbolos opuestos de la eterna lucha de los poderes entre la luz y la oscuridad.

Barcelona, 02 de enero 2010.

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17
Oct
09

HABITACIONES FELICES Y CON VISTAS

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HABITACIONES FELICES Y CON VISTAS
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

En el intrincado mundo del hombre, parece impensado el acto de confinarse a una sola habitación, pero eso a veces es mejor a degradarse, tomar drogas, perderse en la vacuidad del consumismo, el consolarse comiendo, cuando en realidad, ese tipo de consuelo deviene de una sarta de frustraciones de otra índole, las economías sumergidas, la pobreza imperante, el no haber conseguido objetivos, el desplome de algunos sueños, las ilusiones perdidas y otras rotas quimeras inalcanzables, las insatisfacciones cotidianas, el vacío por la invasión de una atenazante soledad, la incomprensión de aquellos que estando cerca, parecen existir en mundos paralelos, la ineficaz conexión con otros seres de nuestro entorno, los fallos perdurables que suscitan la sensación de irremediables, como si no pudiéramos permitirnos el lujo de fallar, equivocarnos o errar los caminos o nuestras elecciones, las aspiraciones truncadas, con visos de imposibles, todo ello que va dejando un mal sabor de boca y un gran resquemor en nuestro ánimo, en el mundo de nosotros, los mortales y podrían ser causantes de amilanar y aniquilar la sonrisa y el bienestar de cualquier congénere en cualquier tiempo y lugar.

Sin embargo; he hallado indicios de seres que aspiraron o aspirarían tener su propio Wonderland privado en una habitación, —los más interesantes creo yo—, que nada los ha hecho más felices que ser reos de sí mismo, confinados en cuatro paredes, aquellos quienes después de conocer el mundo quisieron por voluntad propia renunciar a él, aquellos quienes después de conocer las felicidades efímeras, las buscaron en habitaciones cerradas para el mundo y decidieron crearse un mundo aparte y quizás lleno de infinitas posibilidades, donde ellos lograron gobernar y reinar en cierto modo, sin llegar a perder la felicidad, la dicha vedada a los ramplones y llegaron a conocer placeres desconocidos e impensados para una inmensa mayoría de personas; aquellos que se llevaron el scalextric con todas sus rutas marcadas a la habitación, como se lleva el mapa michelín de carreteras antes de un magnifico viaje de vacaciones y aguardaron en las estaciones cerradas y confinadas, el paso de los trenes en el tiempo, con las horas del reloj en los andenes, el maletín de los sueños e ilusiones, el abrigo y el agur que anuncia los adioses y los buenos días, al paso de cada tren en la estación de madrugada o medianoche, según se mire, para no perderse ninguno y llegar a tiempo a las citas con la vida, con la presteza optimista de dar en la diana y alcanzar el éxito primero, que no existe tal vez en ningún otro mundo y realizar los viajes hacía senderos llenos de promesas y razones. Quizás en su mundo también existieron la lobreguez de las tardes fragosas de junio, las tempestades añosas, para las cuales ya previeron los paraguas, la gabardina y los pañuelos blancos, para los catarros, las lágrimas o los sudores del pack del cansancio y la inspiración, que conlleva el trabajo que no reporta dinero, ni se espera y raramente asoma hacia el velo de lo infranqueable y traspasa los confines de esas cuatro paredes.

Encontré grandes figuras del pasado, escritores como el mismo Franz Kafka que habría aspirado gustoso hallar un sótano tranquilo, inadvertido y silencioso, para confinarse y escribir lejos del mundanal ruido y recibir la comida en la puerta cada día; quizás su gran deseo frustrado de soledad y aislamiento, porque por escribir y dedicar su vida a ello tampoco se casó, pese a tener etapas más o menos felices y afortunadas con sus novias de entonces, Felice Bauer, fue una de ellas, cuya correspondencia atestigua su estado de gran felicidad, luego tuvo otra novia o amor frustrado con Milena Jassenska y posteriormente con la judía Dora Diamant. La soledad, el desamparo y su derrumbamiento interno, fueron causa constante de su “agobiante observación de sí mismo”, la desesperación y el absurdo se observan con frecuencia en su narrativa, las claves y leyes incomprendidas que rigen el mundo, contra las cuales parece quedarse perplejo, confundido y revelarse constantemente. La norteamericana, Emily Dickinson, es la poetisa y escritora que más férreamente vive su aislamiento del mundo, quien realmente vivió y murió en el anonimato y quien escribió en la sombría estancia de Amherst, en la que Dickinson escribió toda su obra. Durante al menos un cuarto de siglo, no salio nunca de su casa, ni siquiera ya en sus últimos años de su habitación. Respondió una vez a Higginson, su maestro, al preguntarle si había ido a ver a su médico: “No he podido ir, pero trabajo en mi prisión y soy huésped de mi misma”. Otro grande de la literatura, el eximio, Snob y diletante mundano, Marcel Proust, quien cansado del mundo social en el cual se movía a menudo, anhela huir posteriormente después de una larga vida social y de la dolorosa experiencia de la muerte de su madre. Relata como un buen día se sintió un extraño, vacío y ajeno a todo aquel boato y exuberancia que lo circundaba, para dejar de asistir a las invitaciones constantes, inventándose excusas en un principio y evitándolas por completo después,  para vivir recluido en el 102 del Boulevard Haussmann de París, donde pide se recubran de corcho las paredes de su habitación, para aislarse de ruidos y volcarse en su extenso y monumental trabajo por completo, trabajo de gran esfuerzo de memorización e intento de recuperación del tiempo perdido, que le sirvió de aliciente para hallar un sentido real a su existencia, viviendo de noche y tomando mucho café, como lo relataría posteriormente Celeste Albaret, su asistente en esos años y quien estuvo presente en sus últimos momentos de vida.

Friedrich Hölderlin, poeta lírico alemán que se confinó 40 años a sí mismo en Tubinga, escribiendo sus obras y su poesía, incluida su famosa Hiperión, dedicada a su gran amor, una mujer casada con Jakob Gontard, a quien llamó Doitima en su poema Hiperión, dedicándole otros muchos poemas, y cuyo nombre real era Susette. Puedo recordar a un famoso personaje de Melville que se confinó a si mismo en su trabajo de oficina, “Bartleby el escribiente”, incurablemente solitario, llegando a la apatía total y a una gran dejadez para ejercer el trabajo de escribiente para el cual fuera contratado, respondiendo siempre igual y con una gran indiferencia ante los reclamos de su jefe: “preferiría no hacerlo”, quien termina siendo detenido por vago y encarcelado, dejándose finalmente morir de hambre en esa cárcel.

Pero más asombroso y conmovedor que todo historial habido y por haber, es tal vez el confinamiento voluntario y real de millones de jóvenes de hoy en día, llamados los Hikikimori en el Japón de hoy, que juzgo ocurre en cualquier rincón del planeta y cuya tendencia va en aumento. Ello es equivalente a los adolescentes y jóvenes adultos que deciden y prefieren recluirse en sus habitaciones, aislarse paulatinamente más y más, hasta llegar a perder el contacto con sus amistades y hasta con su familia. Es un nuevo fenómeno social que puede darse por desengaños amorosos, con sus colegas o jefes, depresiones, miedos a enfrentarse al mundo, debido a la gran presión que ejerce la sociedad sobre ellos y debido a la vida competitiva y difícil que se presenta, convirtiéndose en parásitos de sus padres y gozando a un mismo tiempo de todas las comodidades, sin esfuerzo alguno, cuyo único contacto con el mundo o los pocos amigos: es el Internet, la televisión y distraerse con los videojuegos, algunos piensan en el suicidio como una vía de escape ante las presiones familiares o sociales, con determinadas fobias inobjetables. Los medios tecnológicos de hoy en día, facilitan el fenómeno y lo hacen mucho más soportable para el Hikikimori, no así para la familia o la forma de volver a integrarlo con la realidad exterior.

Es interesante tener un mundo interior y particular, contar con momentos tranquilos que nos permitan trabajar a gusto y poder aislarse de vez en cuando, pero sin extralimitarnos en ello. Opino que jugar en solitario es extremadamente grato, también lograr ser fieles a nosotros mismos, mucho más el llegar a descubrir que no existen infiernos para los corazones solitarios, y detrás de una ventana también se pueden llegar a vislumbrar, algunos placeres que no conocen los mediocres, sin tener que confinarnos al aislamiento por ello y una especie de encuentro con ciertos paraísos perdidos, imposibles de hallar tan lejos de nosotros mismos.

 Avinyó, Barcelona, 12 de octubre de 2009.

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27
Jul
09

EL AZUL DE LA LOMBARDA

Flor Azul (rosa Azul) 3

EL AZUL DE LA LOMBARDA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Cúanto cuesta alcanzar la cumbre más alta, cuánto es el arrojo con el cúal el héroe intrépido e iluso cree poder conseguir casi todo, mientras más jóven más osado y cree ser muy capaz de conseguirlo. Siempre en cierta edad de cándida  inmadurez, creemos saberlo todo alguna vez, creemos que la vida es una sucesión de días simples, dados, hechos ya por naturaleza, que los largos tallarines cuelgan de los árboles, dispuestos a ser cogidos, como decía muy convencida mi prima A*, que los desayunos y las cenas vienen casi, como llegaron alguna vez ciertos niños traidos en cigueñas desde París. En canastitas muy bien atadas y con sendos lazos de razo que adornaban y perfumaban el paquete novedoso y misterioso de una vida enigmática y aún sin conocer. ¡Qué tiempos aquellos de total e ingenua inocencia!. Cuando todo lo que nuestros padres nos ofrecían y ponían sobre la mesa, parecía caer como frutos prestos en  sazón, de algún árbol que ellos iban cogiendo al pasar, mientras paseaban tranquila y plácidamente entre los campos y los huertos… Los sendos regalos de Noche Vieja, que llegaban mágicamente de un día para otro, sin nosotros saberlo ni pedirlos. Eran los bienes mentirosos. Esos llegaban del cielo.

Sí, nuestros padres trabajaban y mucho, pero nosotros entendíamos muy poco de eso, nos lo proveían todo con una gran artimaña propia de los cuentos de hadas y nosotros casi siempre reíamos y jugábamos con los regalos y juguetes, inmersos en sueños y mundos artificiales difíciles de descifrar;  ellos vivian sus cosas y nosotros las nuestras, ellos miraban los relojes del tiempo y salían corriendo a trabajar. Nosotros sólo sufríamos indeciblemente en las mañanas, al tener que dejar el lecho tibio que nos arropaba en nuestra imberbe y fantástica inocencia, para ir al colegio, siempre igual, con el pelo arregladito, el uniforme y los zapatos muy limpios e impecables, los dientes cepillados después del desayuno de rigor, sin el cual las madres no consentian cruzáramos la puerta de casa, bajo amenaza que sin desayuno nos desmayaríamos en la fila de la formación, para vergüenza y extrañeza de todas las niñas formalitas y tan monas del colegio. Yo detestaba la leche, pero tras la intensa rogativa materna,  había que tomarla como agua, como me decía ella a menudo, mientras ella, inventaba argucias para hacérmela parecer distinta cada mañana, le añadía más cocoa para disimular ese sabor que yo detestaba de la leche de vaca. ¡Dios, qué sacrificios infantiles!. Al menos, eran los únicos que conocía yo, aparte de eso todo era  parecido a una juerga .

Tras aprenderme la tabla del 2 en el cuarto de hora de plazo que me dio mi padre, yo  también aprendí a chantajearlo sin malicia deliberada, le había pedido me comprara a los quince años un auto Volkswagen,  de los de verdad, y me lo prometió, debía llegar a los 15 para ser mayor y hacer lo que quisiera, porque a mi su cochazo Ford Custom, tan grande, no me gustaba mucho, me parecía facineroso, muy familiar, no tan personal, por eso no sólo me fascinaron desde entonces los coches chicos, tipo europeos y más prácticos, hasta parecía ser una buena pobre,  muy considerada y pedir muy poco… Qué fácil parecia todo entonces. Sin embargo, yo ignoraba muchísimas cosas de la vida. Sin saberlo deseaba crearme una especie de panacea dulce, parecía ir buscando lo que los alemanes llamaron alguna vez  la Die Blaue Blume o la “Flor Azul”, símbolo de lo inalcanzable.

Jugando un día con mi hermano mayor, un niño superdotado, que ya para entonces tenía indicios de tener vocación de científico y había recibido unas cuantas azotainas contundentes e inclementes de mi padre, por hacer ya desde niño sus ingeniosos y sesudos experimentos con la jeringuilla de inyectables que guardaba mi padre tan celosamente envuelta en una franela, en algún armario,  para inyectarnos si caíamos enfermos; introduciendo esa aguja de inyectables en los árboles, para descubrir lo que le decía esa sabia y preparar sus compuestos químicos y sus raras mezclas en formas de aguas de distintos colores,  que ponía en frascos de cristal, que yo miraba y admiraba con recelo inquietante y cierta perplejidad, y como era una niña curiosa con afán competitivo, admirado y copión, por seguirlo en sus extraños inventos, lo reté un día a que yo haría un agua de color azul, —agua que dígase de paso, nunca logré crear, en mi ilusa, infantil y picona inventiva imaginaria de entonces— .Ese no era mi camino, yo me convertí con los años y el tiempo en una mujer de letras y en sus experimentos químicos yo siempre llevaría las de  perder, ni los entendía, ni era capaz de penetrar en el alma e importancia de esos experimentos. Lástima para mi hermano que mi padre lo pilló, porque la aguja de la jeringuilla de inyectables se quebró, y hasta pudo haber perdido su temprana aptitud vocacional por la investigación química, por el dolor que le ocasionó mi padre con las tundas reiteradas a su desobediencia, y en su intento por hallar y descubrir ficciones experimentales, en su mentalidad de un niño científico e inquieto. Ahora ya es un reputado y eximio Químico Farmaceútico Clínico, catedrático de algunas Universidades y además Coronel de la Sanidad de Policía, y un padrazo de primera, de quien me siento muy orgullosa; pero he de confesar mi larga y frustrada desazón por no haber hallado ni la piedra filosofal de Aristóteles, ni el Dorado de los Andes, ni el Santo Grial perseguido por El Rey Arturo, ni la gran panacea dulce para mis males, ni siquiera haber logrado inventar la tan anhelada agua de color azul,  para lograr ganarle las apuestas.

Con los años he sabido que de hallar el aciano y la achicoria, plantas que por cierto crecen en Europa Central, quizas  habría extraido el elixir azul tan anhelado entonces, para dejar con un palmo de narices a mi pequeño y hábil científico, pero en mi camino nunca me encontré con eso, si lo habría sabido nunca habría esgrimido tan alegremente tal reto. Además hay una larguísima lista que va detrás de ese gran símbolo por hallar la flor azul, simbolo de lo inalcanzable, lo infinito, del afán de un amor romántico y metafísico, el anhelo por el conocimiento de la naturaleza y en consecuencia de uno mismo,  unido a ello una aspiración suprema de lo inaccesible. De hecho la rosa azul,  el día de hoy  ha podido ser creada, eso me dicen a mi las enciclopedias más versadas en botánica. Sin embargo, Novalis, preso de la profunda conmoción que imprimiera en su alma la prematura muerte de su amada Sophie Von Kühn, escribiría su novela Heinrich Von Ofterdinger, novela romántica de la apoteosis de la poesía, en donde se exalta la épica sobre La Guerra de Cantantes Wartburg, (surgida en 1266); sin embargo, la novela fue escrita de 1800 a 1802, publicada póstuma por Friedrich Schlegel. Novela en la cual “el joven Heinrich, homónimo de la novela sueña que camina por un extraño paraje y entra a una cueva que contiene una brillante flor azul, rodeada de cientos de flores de diversos colores. Heinrich, sólo tiene ojos para la flor azul, la cual él contempla lleno de ternura. En la “Flor Azul”, no solamente se unen la naturaleza, el hombre y el espíritu humano”. Se dice que esta novela fue inspirada en Novalis, por la pintura de su amigo Friedrich Schwedenstein, al pintar una flor azul, como símbolo de la utopía universal.

La simbología derivada de la “Flor Azul” esta muy presente en la literatura y la pintura, pero casi siempre esta imbricada profundamente a ciertos valores elevados que se aspiran en la existencia, el ideal perfecto, romántico como en la ideología de Adalbert Von Chamisso, quien dijo haber encontrado “la flor Azul del Romanticismo” en las montañas del Harz; Joseph Von Eichendorff escribió su poema sobre la “flor azul”, Hertha Vogel-Voll usa la flor azul en su cuento Die Silberne Brücke (El puente de plata), como un elemento que da su poder mágico a los cuentos de hadas, mientras Goethe buscó en Italia la Urpflance o “planta original” que se refiere a la flor azul y Heinrich Zschokke, la utilizó en su novela “Der Freihof Von Aarau” como un símbolo del amor y el anhelo. John Le Carré, el padre de “El Espía que surgió del Frío”, hace decir a uno de sus personajes: “Yo me consideraba un romántico, siempre buscando la flor azul” en su novela: “Una pequeña Cuidad en Alemania“. Mientras en la novela “Una Mirada en la Oscuridad” (A Skanner Darkly), de Philip K. Dick, se juega con el artificio de una droga derivada de una planta de flores azules. Esa simbología ha tenido siempre un papel importante relativo al afecto idealizado y supremo del amor y al hecho de intentar alcanzar grandes ideales a veces inalcanzables….En 1960 Werner Helwig publica su historia sobre el movimiento juvenil Wandervogel o “la Flor Azul del Wandervogel”, quienes utilizaron en canciones la flor azul como símbolo.

Con la madurez de mis años, y mientras veía deslizarse el agua azul intensa entre mis dedos, al lavar la llamada col lombarda, col roja o simplemente repollo rojo, fluyeron los años de mis memorias para atrás y pensé que había hallado por fin el secreto de un imposible, buscado y atesorado toda una vida y por desafiar al científico de la familia. Entonces comprendí que no todas las respuestas llegan cuando las buscamos prematuramente, sino que van cayendo dulcemente, como caen al marchitarse las hojas del otoño.

Barcelona, 26 de julio de 2009.

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12
Jul
09

EL LAMENTO DE LOS PARAÍSOS PERDIDOS

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 El LAMENTO DE LOS PARAÍSOS PERDIDOS
    (Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Mirando hacia esa gran casa fue como un día descubrí a instancias de mi hermana, el lugar de donde provenía la infelicidad terrena, así fue como un día yo sentí que aquello me superaba y fue cediendo hasta despojarme del falaz paraíso terreno que una vez ideé en mi mente y en mis ilusas tardes vacías de mirar hacia lo lejos y sentirme privilegiada de participar de la tranquila y verde naturaleza del lugar. Un paraíso, era lo que un día supuse yo, que habitaba en aquel pedazo de mundo, que la poca agudeza de mis sentidos había apenas empezado a vislumbrar, cuando supe lo demás.

Llegué a creer que en algun lugar del planeta había paz, amor y libertad, pero ni la poética de la injusticia, ni la apoteosis de una feliz primavera que fluye y florece, logró evitar que mis ojos y mi corazón logren sentir ese dolor, esa infame soledad de los abandonados, de las almas buenas privadas de su libertad,  que sufren y no son amadas. Siempre había supuesto que por ejemplo no había nacido para las despedidas, porque se debía decir adiós, un adíos de verdad y sin ambages, y son cosas que duelen en el alma y en el corazón. Fui comprendiendo que desprenderse de lo amado, era privarse de algo muy grande y muy querido, lo supe por primera vez a los 4 años, cuando mis padres hacían intentos inútiles para distraerme de la anunciada marcha de Rumualda, la mujer que me criaba y a quien adoraba con cierta vehemencia enfermiza; todo hacía presagiar que mi alma de pequeña niña se oscurecería hasta la médula cuando la ví marcharse de mi vida. Era una chica casi adolescente, a quienes sus humildes padres campesinos  reclamaron y vinieron un buen día a apartarla de mi, a arrancarla de mi lado y llevársela consigo para la eternidad…Ese dolor aún está clavado en mi, quizas como anticipo de aquellas cosas que nos marcan para siempre y que sin saberlo se sucederán, en otras fechas, otras edades, otras lluvias por caer. También supuse que no estaba hecha para los dolores del desamor, para llorar tras los chubascos de tormenta, para olvidar los días y momentos más felices, para estar triste y no saber reír, …pero un día los viví también…Un día el resplandor de mi ventana se vistió de gris, sin vida, ni esperanza y supe del dolor de las ausencias. Tuve que saberlo como aprendizaje del dolor, como enseñanza de lo que representa la vida fugaz, como pasajera efímera de un destino y quizas como ciudadana casual que habría preferido no nacer y estar aquí, pero ya nada podría devolverme a la negación de lo absoluto, lo que sucedió con mi llegada no tenía opción y se había convertido en algo inevitable, como si el sello de la fatalidad y el desencanto me hubieran marcado muy temprano, ese hecho que me da con cierta frecuencia la sensación de lo irremediable y me pesa con cierta asiduidad, dándome la certeza de lo inexorable y viene a constituirse quizas en mi lado más oscuro e insensato, al reflexionar sobre mi existencia.

Había criado a mi cachorro Marco en principio sin gran ilusión porque me sacaba de mi mundo y lo revolucionaba todo, pero esa sensación se fue muy pronto y se hizo querer con sus locas gamberradas, chospando como los niños traviesos y felices, destrozando sus juguetes, las zapatillas y las cosas que encontraba a su paso, se le perdonó los destrozos por pequeño e inconciente y hasta nos reimos de las marcas de sus dentelladas, desperdigadas en las cosas, como huellas de su infancia loca y muy feliz, un tanto dispersa y contagiante. De su estilo infantil y juguetón nos transmitio mucho a los mayores de la casa, fue inevitable caer rendida ante los encantos de un bebé de perro y hablarle como a los bebés o mimarlo y caer en estilos casi ñoños  al tratarlo y expresarnos, con lo extremadamente gracioso y juguetón que era de pequeño. El tiempo lo ha hecho adulto y sigue siendo tan gracioso y tan amado por nosotros,  que criarlo ha sido una experiencia bella y gratificante. Ingresar a su mundo me ha sensibilizado aún más con el mundo de los animales y en muchas cosas me habrá hecho a no dudarlo, en un ser humano mejor. Por otro lado, Marco no ha conocido jamás el dolor, hasta dormido,  sus sueños son velados y respetado en su individualidad de hijo pródigo y mimoso, por eso algunas noches que sueña o llora durmiendo o intenta ladrar, me he preguntado yo la razón de sus pesadillas y dolores inventados, si siendo tan amado y estando tan pendientes de él como si de un pequeño rey se tratara, le suceden. Y pienso al calmarlo de sus pesadillas: “No hay caso que Marco a salido a mi de imaginativo. ¿En qué mundos se meterá dormido mientras sueña, qué batallas tendrá que librar y cuáles serán las oscuras razones de sus pesadillas?”.

Marco haciendo la siesta_editedMarco, un perro feliz

Yo que podría ser una Juana de Arco contra el mundo de los otros y quizas nunca lo seré, me he dedicado a narrar aquí los lamentos de ciertos paraísos perdidos, que acabo de descubrir y es seguro que de heroína tenga muy poco, más bien sí de cobarde e hipersensible, corazas que no me cubririan de nada, ni de las lluvias, ni me harían más fuerte para las duras batallas de esta vida,  por lo que de seguro tendré que volver a llorar,  por la razón de mi conciencia, mi extremada conciencia de las cosas y los seres como Marco,  que veo desde mis ventanas,  privados con duras cadenas de su libertad, para jugar, para chospar alegremente y que de tarde en tarde me traen una extraña y oscura pesadumbre,  por lo que es la vida y por la crueldad de unos duros e insensibles corazones,  que han convertido mi supuesto paraíso en un prolongado lamento que me llega desde lejos,  como el reclamo y la desdicha de soportar muy mal la suerte. Por ese perro niño que no reirá, ni chospará feliz en libertad,  por esos prados que miran sus ojos extenderse hasta el infinito y llora su esclavitud inútilmente y nadie le responde como a un pequeño rey, ni cuida de sus pesadillas,  porque unas cadenas lo atraparon y ya nunca vivirá feliz, teniendo en cambio que dormir para olvidar que está cautivo y procurar tener sueños más felices e idear algúna infancia que jamás tendrá y  le arrebataron el metal de unas cadenas y  un duro corazón de piedra, para confinarlo al pequeño y único espacio cercano a un árbol y una gran casona,  donde no hay amor para otorgarle su preciado derecho a la libertad y donde jamás vendrá una Juana de Arco, compasiva y valiente a pelearse con el mundo o por ser una cobarde,  o ser  incapaz de ablandar duros corazones y romperle sus cadenas, para llevarlo hacia el lugar alegre y feliz de su niñez perdida, hacia la inmensa y anhelada libertad de sus felices sueños…Si jamás lo haré,  para sentir ese dolor,…yo tampoco habré nacido.

Para dos perros niños ( Charly y Trasto), que aspiraría liberar de sus cadenas. Sugerencias, no para mi mundo de  idealista, soñadora, sino para enfrentarse al mundo real y a duros corazones y cadenas mentales, sociales y a gente que no ama a los perros, ni a otros animales.

Barcelona, 06 de julio 2009

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14
May
09

NUESTRAS ASPIRACIONES

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NUESTRAS ASPIRACIONES
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Nuestra humana condición nos otorga la prerrogativa de aspirar. Bien podemos decir que todos o casi todos somos aspirantes, porque perseguimos alguna finalidad en nuestra vida. Nuestros propios sueños nos convierten en perseguidores de ideales que deseamos concretar.

Ya el insigne pensador Henri Bergson, Premio Noble de Literatura 1927, nos decía en su estupendo ensayo: “La Risa”, que el hombre es precisamente la criatura que entre otras cosas, se diferencia de los animales, por su capacidad de reír. Es esta una buena e incuestionable verdad.

¿Pero tendrá un animal ideales y aspiraciones, que no sean sus usuales apetencias, estrictamente formales para satisfacer sus necesidades primarias?. La respuesta es obvia.

Aspiramos los humanos por la necesidad de ver satisfechos nuestros ideales y objetivos. Aspiramos, porque nuestro nivel de aspiraciones podría ser concretado, porque es posiblemente nuestro asidero para poder crecer mucho más espiritualmente y quizá sólo porque queremos ser mejores cada día.

Existe una variedad de seres en nuestro mundo y mientras mayor sea cuantitativamente la gama de estas personas, mayores serán las diferencias. Desde luego, los habrá conformistas, chatos de miras, mediocres en cuanto al bajo nivel de realización personal etc. Es posible que estos seres estén muy lejos del título y contenido de nuestro artículo; aún cuando posiblemente podría serles de alguna utilidad o al menos, ser la chispa de su oculto y apagado sendero, falto de razón y sustancia.

Comúnmente, nuestras aspiraciones vienen cargadas de esperanzas, es preciso ser fuerte para sobrellevarlas; podremos flaquear muchas veces en el camino de realizar nuestras aspiraciones, pues siempre tendrán la similitud de una joya lejana y serán caras, se nos aparecen como retos fulgurantes y nos animará o nos abatirá la ironía de su rutilancia al presentársenos. Y cuando nos proponemos alcanzarlas se polarizan nuestros estados. Somos fuertes y eufóricos cuando nos ideamos conseguirlas; luego, somos pesimistas cuando nos está costando el obtenerla y se nos presenta distante, cual espejismo para nuestros denuedos. Es tremendamente insufrible la idea de perderla, y nuestro punto de mira se convierte en ambición.

Es preferible tener la psicología de triunfador, porque la aventura resultará algo más que un desafío y porque se estará dispuesto a volver a levantarse si se es vencido, y no plantearse la alternativa de que deja o se apoca ante la valla del camino. Éstos jamás verán cumplidas sus aspiraciones.

Hace poco me hizo reflexionar un pensamiento de Harold Nicholson, el cual dice: “Cada uno tiende a juzgarse a sí mismo por sus ideales, pero juzga a los demás por sus actos”, cuánta certidumbre encierran estas palabras, aunque en principio, uno debería obviar estos juicios, a no ser que pudiesen serle a uno mismo de utilidad, para mejorar o enmendar errores.

Nuestras aspiraciones, son y pueden ser muchas, debido a nuestras propias tendencias, son cabalmente aquellas metas que acabamos de alcanzar o las que aún tenemos como ambición de concretar. Nuestras aspiraciones podrían tener una cierta analogía con los escalones que iremos ascendiendo gradualmente en la vida.

La historia está plagada de casos de grandes personajes, que tuvieron que vencer una serie de obstáculos, de los más insólitos, para al fin hacer posibles sus ideales y aspiraciones en la vida, luchando incluso muchas veces contra sus propias inaptitudes y desventajas, para convertirse más tarde en lo que fueron.

Nos preguntaremos ¿logramos siempre nuestras aspiraciones?, la respuesta es lógicamente que  no siempre lo conseguimos.

Existe un grado de frustración al no alcanzar nuestras aspiraciones, sean estas de cualquier naturaleza; éstas frustraciones pueden tomar dos rumbos: 1.-) Asumimos y encaramos que no hemos logrado nuestras aspiraciones, que en definitiva no ganamos. 2.-) Nuestra frustración se nos presenta como un fracaso y nos “achicamos” ante la situación. Recordemos que siempre un fracaso de nuestras aspiraciones, por pequeñas que estas sean, nos preocupa, no deja de inquietar y conturbar nuestro espíritu.

En todas las edades de nuestra vida, las mismas aspiraciones y motivos, no tendrán el mismo significado siempre, es de suponer que van cambiando conforme vivimos y vamos obteniendo y logrando superar ciertos peldaños, por ejemplo, para un niño de 5 años, su aspiración más grande podría constituirse en volver a ver a su madre, que está ausente por un corto tiempo en otro lugar; mientras que para una joven de 16 años, su aspiración más grande podría ser ingresar a la Universidad, para un padre o madre, quizás será dejar un legado moral o  subjetivamente valioso a sus hijos, aunque éste no sea del orden material etc. Tampoco olvidemos que en la vida hay que saber perder y ganar; los juegos de nuestra infancia son una terapia muy aleccionadora en este sentido, allí es cuando comenzamos a avizorar las primeras sombras del fracaso y los primeros destellos del triunfo.

Como colofón, nada más exhortar al denuedo tenaz e incondicional, por ver realizadas nuestras aspiraciones, sin olvidar un importante aunque manido dicho: “Querer, es poder”. Sí, por nuestras aspiraciones, aunque arrecien las tormentas de la vida.

9 de junio de 1980.

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01
Abr
09

MATAR A LA QUIMERA

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MATAR A LA QUIMERA
(Por Gina Martínez-Vargas Araníbar)

Recorrer los pasadizos intrincados de la mente y tomar ventajas para llegar antes hacía una meta, es lo lógico cuando se está en busca del conocimiento y los frutos en sazón parecen estar a punto de caer y desprenderse del árbol del conocimiento para iluminarnos la razón. Alimentarnos de ellos, aún cuando hayamos supuesto que nuestra razón y conocimientos son los suficientes para esta vida. Inútil arrogancia de creernos saciados prontamente de la sabia de Atenea, Diosa griega de la inteligencia y la sabiduría infinitas, hija nacida de la frente de su padre Zeus, con cuya hacha minoica de doble hoja, el labrys, se enfrentó a la guerra, e hizo temblar a Urano y la Madre Gea, con su valor, el arco, la lira y el laurel.

Todo cuanto se ha vivido conforma el cúmulo de experiencias, pero añorar lo que fue es inútil. ¿Para qué hizo Dios a los poetas nostálgicos y tristes?, ¿para qué tendría que regresar la memoria por los parajes idos del ayer?, ¿para qué soñar lo que alguna vez pudo ser y nunca fue, ni será ya?…El olvido no acude presto a socorrer al poeta iluso y soñador, las sombras de una gris nebulosa no se apiadan, con sumergir las memorias en olvido, en cambio el círculo porfiado de la deidad, Nenósine, parece atenazar al pobre y vulnerable poeta de la pluma y el ensueño. Nenósine, dueña de una exacerbada memoria y madre de las musas inquietantes de las fuentes y los ríos, de obstinadas Nereidas, como las bellezas seductoras de Aglaya, Talía y Eufrosine, las tres gracias y deidades griegas del Olympo. Vivir al límite para después olvidar, parece ser la ley que aflige a los poetas de lo muerto, lo caduco, lo fugaz, porque al final ya nada permanece, ni el rosal, ni su perfume, ni el sendero por donde plácidamente y al caer la tarde caminábamos, ni el instinto que exultante de una felicidad desconocida parecía guiarnos, con una cierta tenacidad hacía una magia desconocida, aquel vislumbre de resplandores dorados y bellezas, semejante a un largo e interminable amanecer que ahuyenta las sombras y las sustituye por luz, por belleza, alegría interminable y sin embargo, todo ello pertenece al mundo de lo efímero y lo perecedero.

¿Para qué soñar con lo imposible?, ¿por qué esperar aquello que jamás vendrá a nosotros?, ¿nostalgias, de qué?, me digo yo, el tiempo que se va no regresa nunca más, más en cambio, prosigue incesante su marcha acompasada el reloj, las horas van en progresión, los ríos recorren una vez el cause que los contiene y su torrente los ayuda a seguir sin vacilar, la vida fluye sin cesar en un continuo; si muere una flor o marchita un jardín, después de la noche resplandece otro amanecer, no es que el drama de la vida sea indiferente al dolor o comulgue con la paciencia de una Penélope de Itaca, siempre en espera de una ilusa felicidad. El Tánatos inevitable no impide el trinar alegre de los pájaros, el sol resplandesciente no deja de brillar y dar calor y el escenario no deja por ello de ostentar sus alegres colores, al tiempo que los capullos pugnan por abrirse en un milagro por florecer en primavera.

¿Por qué el anhelo inútil por intentar atrapar las memorias grises de la noche?, insensato poeta de la quimera y de las sombras, infeliz criatura del Erebo, en espera de un Belerofonte, héroe de Corinto, que montado en el caballo Pegaso, dio muerte a la Quimera, resolución táctica y simbólica de una lucha sin cuartel por estar al lado de una naturaleza que fluye, sin osar detenerse en la noche y detener los pesares, cual un castigo impuesto por Zeus a Atlas, perdedor en la Titanomaquia o guerra contra los Olímpicos, a llevar el peso de los cielos en sus hombros……¡Vaya Quimera!,… habrá que matarte en primavera.

Barcelona, 29 de marzo, 2009.

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16
Feb
09

EL PASAJERO

viajera

El Pasajero
(Frank Kafka)

Me encuentro sobre la plataforma del tranvía, completamente vacilante acerca de mi lugar en este mundo, en esta ciudad, en mi familia. Ni siquiera por ventura podría indicar qué derechos invocar para justificarme, en uno u otro sentido. Soy incapaz de alegar el hecho de estar sobre esta plataforma, sostenido de esta asa, dejándome arrastrar por este tranvía; de que la gente se quite del camino, o continúe caminando calladamente, o se detenga ante los escaparates: no es que nadie así me lo pida -pero eso es irrelevante.

El tranvía se acerca a una parada, y una joven se aproxima al umbral, dispuesta a bajar. Se me aparece claramente, tal como si la hubiera acariciado con mis propias manos. Está vestida de negro, los pliegues de su falda están casi inmóviles, su blusa es ceñida y tiene un cuello de fino encaje blanco, su mano izquierda se apoya de plano sobre el costado del tranvía, la sombrilla en la mano derecha descansa sobre el segundo peldaño. Su rostro es moreno; su nariz, ligeramente pellizcada a los costados, es de punta redondeada y ancha. Su melena es castaña, con algún mechón cayendo sobre su sien derecha. Su oreja es pequeña y compacta, pero al estar cerca puedo ver todo el pabellón de la oreja derecha, y la sombra que proyecta.

En ese momento me pregunté: ¿Pero cómo es posible que no esté pasmada de sí misma, que permanezca con los labios cerrados y no diga nada al respecto?

En Contemplación (1912)

21
Ene
09

TOLSTOI Y YO

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TOLSTOI Y YO
(Rosa de Lera)

Primero me desprendí sinuosamente de la falda de terciopelo, que se deslizó por mis caderas hasta caer al suelo. Desabroché los botones de la blusa y la dejé sobre una silla, junto a las medias de encaje, todavía húmedas. Los zapatos de charol tuve que dejarlos en el pasillo, porque el barro los había cubierto casi totalmente. En cambio la ropa íntima quedó colgada junto a la estufa para que se secara durante la noche. Fuera las gotas de lluvia golpeteaban febrilmente contra los cristales de las ventanas, que estaban desencajadas y no pude cerrar.
Lentamente me introduje en la vieja cama. Mi piel desnuda se estremeció al entrar en contacto con las sábanas tanto tiempo deshabitadas. Pero poco a poco la palidez de mi rostro y de mis manos fue recobrando su habitual tono sonrosado, a medida que él hizo su aparición. Era una relación muy extraña, yo estaba totalmente “enganchada”, no podía dejarle, pero al mismo tiempo mi cuerpo se dejaba llevar por el sueño, que se proclamó vencedor. Sin embargo, él también me acompañó al paraíso onírico, donde juntos pudimos culminar nuestra maravillosa pasión, ya que él se hacía hombre y con su tonante voz y sus ojos rientes me hacía sucumbir de emoción. Por eso, al despertar con una luz cítrica procedente de la entreabierta ventana, comprobé desilusionada que me había vuelto a quedar dormida leyendo aquel manoseado volumen de Guerra y Paz. Lo cogí entre mis manos con mucho cuidado y con una mirada pícara desee que llegara pronto la noche para reencontrarme con Rostov, Pierre, el Príncipe Andréi y los demás.

27
Nov
08

ENCUENTROS AFORTUNADOS

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16
Nov
08

THE WOMAN PASSENGER

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13
Oct
08

NADA

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29
Sep
08

LA CONQUISTA DE LAS SOMBRAS

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01
Sep
08

ITINERARIOS DE LA AUSENCIA

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15
Mar
08

CINES

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02
Mar
08

EVASIONES

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